San Isidro encendió el Manno: reacción inmediata y goleada para sacarse la bronca

San Isidro venció 113-84 a Independiente con una actuación dominante en el Antonio Manno. Suñé y Buchaillot, figuras de la noche.

El regreso al Antonio Manno tenía un condimento especial: tras la derrota ante Sportivo Suardi, San Isidro necesitaba dar una señal fuerte. Y vaya si lo hizo. En un partido de alto voltaje ofensivo, el elenco de San Francisco superó con contundencia 113 a 84 a Independiente de Santiago del Estero, recuperando sensaciones, juego y confianza.

El encuentro comenzó parejo, con la visita intentando imponer presencia interior a través de Cristian Amicucci, quien terminó como goleador santiagueño con 22 puntos. Sin embargo, el Rojo fue de menos a más: primero se ordenó en defensa, luego aceleró en transición y terminó construyendo un rendimiento colectivo que desbordó por completo a su rival.

El quiebre llegó en el segundo cuarto, cuando San Isidro combinó defensa agresiva, rebote limpio y contraataque veloz. Desde allí, la diferencia no dejó de crecer. La versatilidad ofensiva del local fue determinante: hubo juego interno, triples oportunos, circulación fluida y aportes de todos los sectores del rectángulo.

Tres figuras, un equipo

La noche tuvo nombres propios brillando a gran nivel:

  • Suñé, con 24 puntos, mostró desequilibrio y eficacia.
  • Buchaillot, autor de 20, volvió a ser una pieza clave desde la conducción y lectura del juego.
  • Lambrisca, con 17 unidades, aportó agresividad, tiro y carácter.

Los tres lideraron un recital ofensivo que llevó a San Isidro a superar la barrera de los cien puntos, reflejo de una producción completamente dominante.

En el complemento, Independiente intentó mantenerse a tiro con arrestos individuales, pero jamás pudo detener la voracidad del local. San Isidro siguió castigando desde todos los frentes, sumó desde la banca y extendió una ventaja que ya era indescontable.

Fortaleza recuperada tras la victoria de San Isidro sobre Independiente

La victoria trae alivio y envión anímico. El Rojo volvió a mostrar su identidad, se repuso rápidamente del traspié anterior y sostuvo su poderío dentro de su casa, donde el Antonio Manno fue nuevamente un escenario favorable.

San Isidro terminó la noche celebrando, sabiendo que dio un mensaje claro: en su estadio, es un rival durísimo y capaz de rendir a muy alto nivel.