Locura en el Craven Cottage
El Fulham llegaba con mayores urgencias que el Leeds United al duelo de este viernes, correspondiente a la 29ª jornada de la Premier League, pero fueron los de Marcelo Bielsa los que lograron imponerse (1-2) para romper una mala racha de tres partidos
Un duelo entre equipos ascendidos esta temporada. Esa podría ser la medida para entender a este Leeds que dirige Marcelo Bielsa. Porque contra el Fulham se enfrentaron dos realidades bajo un mismo contexto. Los del Loco buscando cortar una racha de tres sin victorias y su rival, necesitado de un triunfo para salir de la zona de descenso. Fue triunfo 2-1 en Craven Cottage y muy trabajado para los Whites por la 29ª fecha de la Premier.
El primero en golpear, eso sí, fue el Leeds. De hecho, lo hizo en el 9’ por mediación de Aylling, pero dicho tanto fue anulado por un ajustado fuera de juego de Tyler Roberts, que le había asistido. Y tuvo que ser en el 29’ cuando, esta vez sí subiendo al marcador, Bamford marcó el 0-1 al rematar en área pequeña un centro de Harrison desde la banda izquierda.
Lejos de hundirse, el Fulham se vino arriba, y antes del descanso estableció la igualada en el marcador. Fue, como viene siendo habitual a lo largo de todo el curso para desesperación del Leeds, en una jugada a balón parado contra los de Bielsa. Aylling estuvo muy tierno en su marca a Joachim Andersen, y éste mandó a la red el cuero en un córner botado por Lookman (38’).
Ya en la segunda mitad, el encuentro entró en una fase en la dio muestras de poder balancearse para cualquiera de los dos costados. Lo hizo en beneficio del Leeds en el 58’, cuando la presión alta impuesta por Bielsa dio sus frutos en forma de robo de Harrison en campo rival para que éste le diera el balón a un Bamford que asistió con maestría a Raphinha, el encargado de superar a Areola en el mano a mano.
No hubo más goles (aunque sí la mala noticia para el cuadro visitante de que Bamford se retiró del terreno de juego lesionado) y los tres puntos volaron a Leeds para júbilo de Bielsa y compañía y amargura de un Fulham que, o se ve ayudado por tropiezos ajenos y no falla en sus partidos, o descenderá.

