El Leipzig empieza a encariñar al fútbol
El Leipzig demostró que con calidad y un buen armado institucional, se puede soñar con llegar a lo más grande. Hoy en Lisboa, el equipo alemán le ganó por 2 a 1 al Atlético Madrid por Cuartos de Final de la Champions League.
Tildar a un equipo de poco carismático por tener una empresa detrás, es ir en contra de las leyes del nuevo Mundo. El fracaso financiero de un sin número de clubes y el fracaso de dirigentes que no entienden que esto es un negocio es un error catastrófico.
Hoy el equipo alemán le planteó al Atlético un partido de suma exigencia. Porque mueve la pelota para atacar. No tiene la posesión por un mero hecho especulativo. No la tiene por tenerla, sino porque busca un destino invariable: el arco. Y además lo hace con un dinamismo, una precisión y un intercambio casi constante de posiciones que asombra a cualquiera, encima con una colección de futbolistas que juegan muy bien.
El gol del 1-0 de Dani Olmo, allá por el minuto 50, es un ejemplo sensacional de tales cualidades. La movió de un lado para el otro, en uno o dos toques como mucho hasta que halló una vía, el espacio suficiente para el centro desde la banda derecha y el certero cabezazo en llegada, cruzado, imposible hasta para Jan Oblak.

Un golazo por construcción, resolución y determinación. Todo eso combina el Leipzig en su equipo. Lo sufrió el Atlético, que padeció minutos sin ver ni de lejos la pelota; por ejemplo los primeros diez. Resurgió por momentos porque, aparte de su prioridad colectiva, su obsesión táctica y el repliegue al que le conminó su voraz, intenso y contundente adversario, tiene individualidades de talento o recursos para demostrar su presencia ante tal dominio.
Hasta el 1-0 en contra, Simeone no había movió el banco, jugando mezquino no encontrando la pelota y esperando una oportunidad. Es por ello que ante el gol, debió hacer ingresar a la joya un tanto desperdiciada Joao Félix, que con 20 años, desplegó ganas, fútbol, salió a buscar la pelota y lideró a su equipo como si hubiera jugado una cantidad de partidos en la Champions que aún no ha disputado.

El 1-1, en el minuto 70, es suyo de principio a fin. Por elaboración y por ejecución. Desde el medio campo hasta el área contraria, previa pared con Diego Costa, hasta que fue derribado por Klosterman, el único que fue capaz de detenerle. La pena máxima la transformó con la misma convicción: un derechazo junto al poste.
No fue suficiente. Un tiro desde fuera de Adams, un rebote en Savic que descolocó a Jan Oblak y un gol que agranda la frustración del equipo rojiblanco en la Liga de Campeones. Al Leipzig le espera el París Saint Germain en las semifinales; al Atlético, la decepción.

El nuevo fútbol se viene, el que se quede pensando en lo que esta bien o mal seguramente va a perder tiempo, hay que aprender, por que esta empresa lleva todo lo que toca a la cima.
