¿Cómo salimos de esta encrucijada económica?
En Argentina hace décadas decidimos mal en base a la angustiante coyuntura que se repite persistentemente, salvo algún corto período en el siglo pasado.
Datos de pobreza, desempleo, inflación etc., son los que determinan el cortoplacismo en las decisiones económicas, esto determinó que las políticas económicas de los distintos gobiernos fueran distorsionando la normal vida productiva de emprendedores y empresas, generadores de bienes y servicios, que a fin de cuentas nos hacen la vida mas facil a los ciudadanos de a pie.
Lentamente pero a paso firme el estado pasó a ser un actor de mucho peso en la economía, lamentablemente ese peso se tradujo en infinidad de regulaciones e impuestos distorsivos que enmarañaron la actividad del sector privado a tal punto que en muchos rubros y sobre todo en la pequeña escala de producción el estar en blanco y cumplir con todas las regulaciones hace que las erogaciones para cumplir con el estado mas el costo normal de la actividad empresaria determine que en muchos casos la empresa incurra en perdidas constantes. Naturalmente para sobrevivir en este medio hostil muchos operan en el mercado negro de la economía. Estos incentivos tan distorcionados hacen que la economía funcione con el palo cruzado en la rueda, últimamente poder despegar circulando por esta pista plagada de lomos de burro estatales es cada vez mas dificil.
Si se continúa desde el gobierno con la instalación de incentivos incorrectos en los agentes económicos no mejoraremos la economía y los ciudadanos buscarán cada vez menos mejorar su porvenir en base a su propio trabajo o a la creatividad individual que tanto revolucionó los procesos productivos. Impresiona leer un reciente telegrama de renuncia de un trabajador, en el texto del mismo se aduce como causa el no poder recibir los subsidios que otorga el gobierno por estar dentro del sistema de trabajo registrado en el sector privado. En este sentido es imprescindible señalar las personas pueden hacer simples cálculos matemáticos, si pueden recibir más ingreso de un sector que no exige contraprestación alguna es muy probable que decida dejar el trabajo registrado en el sector privado. Estas son las motivaciones que como sociedad no podemos permitirnos, cuando la hornradez es considerada un sacrificio o una extravagancia, cuando la dignidad en las acciones de los agentes económicos cae en manos de la inmoralidad es dificil volver al camino del crecimiento económico.
Para salir de esta decadencia a la que sistemáticamente percibimos como normal, vivimos de crisis en crisis, salimos de una y nos metemos en otra, para cortar con este constante retroceso en el bienestar deberíamos empezar por ser responsables a la hora de asignar recursos escasísimos para las erogaciones del estado, en la últimas dos decadas este gasto ha ido aumentando como porcentaje del PBI (producto bruto interno), esto quiere decir que el estado es cada vez más grande y más honeroso. Financiar este estado desproporcionado es lo que genera distorsiones y desequilibrios en la economía, los impuestos a las empresas y al trabajo y al consumo aumentan en lugar de disminuir lo que se traduce en precios más altos en las góndolas, la emisión monetaria por parte del gobierno sin respaldo fomenta la inflación, esto también se ve reflejado en los precios de todos los bienes y servicios de la economía e impacta en los sectores menos pudientes de la sociedad que son los que consumen todo su ingreso disponible. Y como si todo lo anterior fuera poco se toma deuda externa (e interna) para cumplir con los estrafalarios compromisos del estado.
Disminuir impuestos, sobre todo al trabajo, dinamizar la economía restando regulaciones burocráticas inecesarias deberían estar en primer lugar en la agenda de los que toman decisiones de política económica en el gobierno.
Cuando el sector producción de toda empresa esté por encima del sector finanzas habremos creado una economía dinamica, eficiente y pujante.
Este parate económico que produjo la pandemia, y sumó al que ya veniamos arrastrando, es una oportunidad para pensar mejor que es lo que estamos haciendo mal como sociedad y corregir los malos hábitos del sector privado y del sector público fundamentalmente.
Jaime Rengel Sierra
Licenciado en Economía