Un sábado increíble en Eugene
Ryan Crouser, que estableció un récord mundial de 23,37 m en los Trials de EE. UU. En esta arena antes de retener su título en Tokio con un récord olímpico de 23,30 m, obtuvo su 21ª victoria consecutiva con otra actuación dominante.
Ryan Crouser rompió el récord de la serie con 22,95 con su primer lanzamiento en el lanzamiento de peso masculino, antes de volver a romperlo más tarde en la competición con 23,15.
Después de haber soportado lo mejor que tenían todos sus rivales en sus primeros cinco lanzamientos. Un esfuerzo final de 22,41 m le valió la merecida victoria, con el brasileño Darlan Romani ocupando el segundo lugar con 21,44 m por delante del campeón del mundo local Joe Kovacs, quien cometió una falta tras lanzar 21,94 m antes.
Faith Kipyegon casi rompe la marca mundial
Sobresaliente fue la actuación de la keniana Faith Kipyegon, campeona olímpica en Tokio, que coqueteó, incluso, por momentos con la posibilidad de rebajar el récord del mundo de 1.500 metros.
Pero finalmente Kipyegon, que echó de menos algo más de competitividad por parte de sus rivales para poder asaltar la plusmarca universal, tuvo que conformarse con unos notables 3:53.23 minutos, que no sirvieron a la keniana ni para rebajar la mejor marca mundial del año que ella misma posee desde el pasado mes de julio con un crono de 3:51.07.
Noah Lyles, 19″52 en los 200 metros
Si en la categoría femenina Elaine Thompson-Herah acaparó todos los focos, en la masculina el protagonismo recayó en otro velocista, el estadounidense Noah Lyles, que se impuso en la final de los 200 metros con un tiempo de 19.52 segundos, la quinta mejor marca mundial de todos los tiempos.
Lyles, bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio, demostró que podía haber dado algo más en la capital japonesa, tras rebajar en 22 centésimas el tiempo que le llevó al tercer escalón del podio en la cita olímpica.
De hecho, Noah Lyles rebajó en Eugene en 10 centésimas el crono -10.62- que permitió al canadiense André de Grasse proclamarse campeón olímpico del doble hectómetro.
Un De Grasse, que prefirió evitar en esta ocasión el duelo directo con Noah Lyles, y prefirió correr la prueba de los 100 metros, distancia en la que el canadiense se colgó el bronce en los Juegos de Tokio.
Elección que no se mostró nada equivocada ya que André de Grasse, que se impuso con claridad al subcampeón olímpico, el estadounidense Fred Kerley, ganó con un crono de 9.74, eso sí, ayudado por un fuerte viento que impidió que la marca, que hubiera supuesto el mejor registro del curso, tuviera validez estadística.
El registro que sí valió fue el del noruego Jakob Ingebrigtsen, el campeón olímpico de los 1.500, que estableció el mejor tiempo del curso en la prueba de la milla tras imponerse con 3:47.24 en una carrera en la que el keniana Timothy Cheruiyot, plata en Tokio, nunca se metió en la pelea por el triunfo.