La Sinfónica de Salta celebra sus 25 años con dos grandes clásicos de la música universal

La Orquesta Sinfónica de Salta presentará este viernes 23 de octubre el concierto “Brahms-Prokofiev: De la profundidad al color”, con el pianista Marcelo Balat como solista invitado y la dirección de Jorge Mario Uribe. El programa propone un recorrido por dos obras fundamentales del repertorio sinfónico, marcadas por la intensidad, la riqueza melódica y el contraste de estilos.

La música clásica tendrá una nueva cita con el público salteño en el marco de una temporada especial para la Orquesta Sinfónica de Salta, que celebra sus 25 años de trayectoria. El viernes 23 de octubre, a las 21, el Teatro Provincial Juan Carlos Saravia, ubicado en Zuviría 70, será escenario de una velada que reunirá a dos compositores fundamentales de la historia musical: el ruso Serguéi Prokófiev y el alemán Johannes Brahms.

Bajo el título “Brahms-Prokofiev: De la profundidad al color”, el concierto combinará el virtuosismo del Concierto para piano n.º 2 de Prokófiev, con Marcelo Balat como pianista solista invitado, y la amplitud expresiva de la Sinfonía n.º 2 de Brahms. La dirección estará a cargo del maestro Jorge Mario Uribe, titular de la formación salteña.

La propuesta invita a descubrir dos maneras diferentes de entender la música sinfónica: una que explora los contrastes, la tensión dramática y la experimentación sonora, y otra que encuentra en la melodía, la calidez y el desarrollo orquestal una forma de expresar las emociones humanas.

25 años de una orquesta que forma parte de la identidad cultural salteña

La historia de la Orquesta Sinfónica de Salta comenzó a escribirse antes de su primer concierto. La formación fue creada mediante la Ley Provincial 7072, sancionada el 26 de abril de 2000, y comenzó sus actividades en abril de 2001. Su primer director fue el maestro venezolano Felipe Izcaray, quien tuvo la responsabilidad de poner en marcha un proyecto artístico destinado a ampliar y enriquecer la vida cultural de la provincia.

Desde sus comienzos, la institución se distinguió por la selección de sus directores y músicos mediante concursos internacionales. Esa política contribuyó a conformar una agrupación con diversas tradiciones y escuelas interpretativas, integrada por artistas de Salta, de distintas provincias argentinas y de países de América y Europa.

A lo largo de su trayectoria, la Sinfónica estuvo conducida por diferentes directores titulares, entre ellos Luis Gorelik, Enrique Roel, Jorge Lhez, Noam Zur y Gonzalo Hidalgo Ardila. Actualmente, Jorge Mario Uribe se encuentra al frente de la formación.

Sus presentaciones regulares en el Teatro Provincial Juan Carlos Saravia conviven con conciertos didácticos y actuaciones en espacios públicos, barrios y localidades del interior. De esta manera, la orquesta sostiene una tarea que trasciende la interpretación del repertorio clásico: acercar la música sinfónica a públicos diversos y consolidar su presencia en la vida cultural salteña.

En el año de sus Bodas de Plata, el concierto dedicado a Brahms y Prokófiev propone celebrar ese recorrido a través de dos obras que, pese a sus diferencias históricas y estéticas, comparten una extraordinaria capacidad para conmover al oyente.

Prokófiev: un concierto para piano que desafía los límites del virtuosismo

Serguéi Prokófiev (1891-1953) fue uno de los compositores más originales del siglo XX. Pianista de formación, desarrolló un lenguaje musical que combinó energía rítmica, ironía, lirismo y una marcada inclinación por los contrastes. Su producción abarcó sinfonías, conciertos, óperas, ballets y música para cine, con obras que renovaron la tradición musical de su tiempo.

El Concierto para piano n.º 2 en sol menor, opus 16, que abrirá el programa de la Sinfónica de Salta, es una de las partituras más exigentes de su repertorio concertante. Prokófiev comenzó a componerlo en 1912 y lo estrenó en 1913, cuando todavía era un joven pianista y compositor que buscaba afirmarse en el panorama musical ruso.

La obra provocó reacciones divididas por su carácter innovador, sus dificultades técnicas y una sonoridad que se apartaba de las convenciones más tradicionales del concierto romántico. El piano no aparece solamente como un instrumento solista destinado a exhibir destreza: dialoga con la orquesta, la desafía y, en determinados pasajes, parece enfrentarse a ella.

La historia de esta composición también está marcada por un episodio dramático. La partitura original se perdió en un incendio ocurrido durante los acontecimientos revolucionarios rusos. Años después, en 1923, Prokófiev reconstruyó y revisó profundamente el concierto, hasta el punto de considerar que el resultado se parecía a una obra nueva. La versión reconstruida se estrenó en París en 1924.

Cuatro movimientos entre la introspección y la energía

El concierto está estructurado en cuatro movimientos y exige una combinación excepcional de resistencia, precisión, expresividad y dominio técnico por parte del pianista.

El primero, Andantino-Allegretto, comienza con una atmósfera introspectiva y presenta uno de los desafíos más reconocidos de la obra: una extensa cadencia para piano que lleva al solista a desplegar una escritura de enorme dificultad, con grandes saltos, acordes contundentes y pasajes de gran intensidad.

El segundo movimiento, Scherzo: Vivace, contrasta por su velocidad y su carácter incisivo. El piano mantiene una actividad vertiginosa, con una escritura que demanda precisión y control rítmico.

El tercer movimiento, Intermezzo: Allegro moderato, recupera una sonoridad más oscura y enérgica. Los ritmos marcados y el protagonismo de la orquesta construyen una atmósfera de tensión, con intervenciones del piano que se integran en un discurso de gran fuerza dramática.

Finalmente, el cuarto movimiento, Finale: Allegro tempestoso, concentra buena parte del carácter explosivo de Prokófiev. La velocidad, los contrastes dinámicos y la alternancia entre el piano y la orquesta conducen la obra hacia un cierre de gran intensidad.

La interpretación de Marcelo Balat permitirá apreciar las múltiples dimensiones de una partitura que exige mucho más que virtuosismo: requiere comprender los contrastes de una música en la que conviven la ironía, la violencia sonora, la sensibilidad y una imaginación rítmica extraordinaria.

Brahms: la luminosidad y la profundidad de una gran sinfonía romántica

La segunda parte del concierto estará dedicada a la Sinfonía n.º 2 en re mayor, opus 73, de Johannes Brahms (1833-1897), uno de los grandes nombres del romanticismo alemán.

Brahms construyó una obra que combina el respeto por las formas clásicas con una intensa expresividad romántica. Admirador de la tradición sinfónica de Beethoven, asumió el desafío de escribir música orquestal de gran dimensión sin renunciar a una identidad propia, basada en la riqueza melódica, la elaboración temática y el equilibrio entre los instrumentos.

Su primera sinfonía, estrenada en 1876 después de un largo proceso de composición, estuvo acompañada por las expectativas de quienes lo consideraban el gran heredero de Beethoven. La segunda llegó poco después y mostró una faceta diferente del compositor.

Brahms trabajó en ella durante el verano de 1877, mientras se encontraba en Pörtschach, una localidad austríaca junto al lago Wörthersee. El entorno natural y la tranquilidad de aquel período suelen asociarse con el carácter luminoso y pastoral de la partitura, aunque la obra también contiene pasajes sombríos y momentos de considerable tensión.

La sinfonía se estrenó el 30 de diciembre de 1877 en Viena, con la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Hans Richter. La recepción fue favorable y la composición se convirtió en una de las piezas más apreciadas del repertorio sinfónico de Brahms.

Cuatro movimientos para recorrer un universo de emociones

La Sinfonía n.º 2 está organizada en cuatro movimientos, que construyen un recorrido desde la serenidad inicial hasta un final de energía y brillo orquestal.

El primer movimiento, Allegro non troppo, comienza con una idea musical cálida, presentada por los instrumentos graves y desarrollada progresivamente por la orquesta. Aunque predomina una sensación de amplitud y serenidad, aparecen contrastes que revelan una dimensión más profunda y reflexiva.

El segundo movimiento, Adagio non troppo, introduce una atmósfera más introspectiva. Las melodías adquieren un carácter meditativo y la escritura orquestal explora matices expresivos que permiten descubrir el costado más íntimo de Brahms.

El tercer movimiento, Allegretto grazioso (quasi andantino), se distingue por su elegancia y ligereza. Las frases fluidas y los cambios de ritmo generan un clima cercano a la danza, con episodios contrastantes que aportan movimiento y frescura.

El cuarto movimiento, Allegro con spirito, cierra la sinfonía con una energía creciente. Los temas se suceden con mayor intensidad, los metales adquieren protagonismo y la orquesta avanza hacia una conclusión brillante, en la que la fuerza sonora convive con el refinamiento de la escritura musical.

La obra permite apreciar una de las principales virtudes de Brahms: su capacidad para construir grandes estructuras musicales a partir de ideas melódicas que se transforman, reaparecen y se relacionan entre sí. Bajo una apariencia accesible y luminosa, la sinfonía revela una arquitectura musical de gran complejidad.

Dos compositores, dos lenguajes y una misma capacidad de emocionar

El encuentro entre Prokófiev y Brahms ofrece una oportunidad para escuchar el diálogo entre dos momentos fundamentales de la historia de la música. Separados por varias décadas y por contextos culturales diferentes, ambos compositores encontraron en la orquesta un medio para explorar nuevas posibilidades expresivas.

En Prokófiev, el piano ocupa un lugar central y se convierte en el motor de una obra de contrastes abruptos, tensión rítmica y exigencia técnica. En Brahms, la orquesta despliega una construcción más ligada a la tradición romántica, en la que las melodías y el desarrollo de los temas conducen el discurso musical.

La combinación de ambas partituras da sentido al título del concierto: desde la profundidad emocional y la fuerza dramática hasta el color, la luminosidad y la vitalidad de la gran música sinfónica.

Para la Orquesta Sinfónica de Salta, la presentación también forma parte de la celebración de un cuarto de siglo de actividad artística. Un aniversario que encuentra en el repertorio universal una manera de renovar el vínculo con el público y reafirmar la importancia de sostener espacios de formación, interpretación y difusión musical.

Día, horario y entradas

El concierto “Brahms-Prokofiev: De la profundidad al color” se realizará el viernes 23 de octubre, a las 21, en el Teatro Provincial Juan Carlos Saravia, ubicado en Zuviría 70, ciudad de Salta.

La presentación contará con Marcelo Balat como pianista solista invitado y Jorge Mario Uribe en la dirección de la Orquesta Sinfónica de Salta.

Las entradas se encuentran disponibles a través de Vamos y en la boletería del teatro.

Crédito: Prensa Gobierno de la Provincia de Salta.