Almirante Brown venció a Ferro en Caballito y profundizó la crisis del Verdolaga

Almirante Brown se llevó un triunfo clave de Caballito al vencer 1-0 a Ferro con gol de Gustavo Cabral de penal. La Fragata confirmó su levantada con Andrés Montenegro, mientras que el Verdolaga volvió a mostrar dudas, perdió otra vez en casa y sigue sin poder despegar en la Primera Nacional.

Almirante Brown golpeó en Caballito y dejó a Ferro sin reacción

Almirante Brown consiguió un triunfo de enorme valor en Caballito: derrotó 1-0 a Ferro Carril Oeste, en el cierre de la fecha 11 de la Zona A de la Primera Nacional, y confirmó su levantada desde la llegada de Andrés “Lobo” Montenegro. La Fragata volvió a mostrar orden, oficio y capacidad para sostener una ventaja mínima, mientras que el Verdolaga sumó otra frustración como local y profundizó un presente que genera preocupación.


El único gol del partido lo convirtió Gustavo Cabral, de penal, a los 10 minutos del primer tiempo. Esa acción terminó marcando el desarrollo del encuentro: Almirante Brown golpeó temprano, se acomodó al resultado y obligó a Ferro a asumir el protagonismo, algo que el equipo de Juan Manuel Sara nunca pudo transformar en claridad ofensiva.

La victoria significó el segundo triunfo consecutivo del ciclo Montenegro, luego de la victoria ante Central Norte de Salta en Isidro Casanova. Con esos seis puntos, el Mirasol logró dejar atrás una racha negativa que lo había llevado a mirar de cerca la parte baja de la tabla y ahora empieza a ilusionarse con meterse en la pelea por el Reducido.


El penal que cambió el partido

El inicio del encuentro fue accidentado. Primero, el partido se detuvo por algunos minutos por la falta de un banderín en un córner. Luego, a los 10 minutos, llegó la jugada que definió la noche: Ramiro Fernández envió un centro desde la izquierda y la pelota impactó en la mano de Matías Zubowicz, quien tenía los brazos extendidos dentro del área.

El árbitro Yamil Possi no dudó y sancionó penal para Almirante Brown. Gustavo Cabral, que volvía al equipo después de cumplir una suspensión por la roja ante Deportivo Madryn, se hizo cargo de la ejecución. El defensor remató bajo, al palo derecho de Fernando Monetti, que adivinó la dirección pero no llegó a contener el disparo.

Así, Cabral tuvo su bautismo goleador con la camiseta de La Fragata y puso en ventaja a un Almirante que, desde ese momento, entendió perfectamente qué partido debía jugar.



Almirante Brown se replegó y Ferro no encontró respuestas

Después del 1-0, Almirante Brown eligió retroceder algunos metros, cerró espacios y le cedió la pelota a Ferro. La idea fue clara: sostener el resultado, defender lejos de Bruno Galván y obligar al Verdolaga a generar por sus propios medios.

Ferro tuvo la posesión, pero careció de profundidad. El equipo de Juan Manuel Sara manejó la pelota durante buena parte del primer tiempo, aunque casi siempre lo hizo lejos del área rival y sin encontrar pases filtrados, sociedades ofensivas ni remates claros.

La primera mitad fue muy pobre para el local. Oeste no logró rematar al arco defendido por Galván y volvió a mostrar una de sus grandes falencias del campeonato: la dificultad para construir juego cuando debe asumir la iniciativa.

Almirante Brown, en cambio, no necesitó tener demasiado la pelota. Con la ventaja a favor, se ordenó en bloque, ganó duelos defensivos y logró que Ferro se sintiera incómodo durante todo el primer tiempo.


Ferro mejoró en el segundo tiempo, pero no le alcanzó

En el complemento, Ferro salió con mayor decisión. Juan Manuel Sara buscó cambiar la energía del equipo y el Verdolaga empezó a empujar con más intensidad, aunque siguió alternando buenas aproximaciones con muchas imprecisiones.

A los 14 minutos, Felipe Obradovich probó desde afuera del área y exigió una buena respuesta de Bruno Galván. El rebote quedó largo, pero Enzo Cardozo apareció rápido para despejar y evitar el empate.

Poco después, Matías Kabalín tuvo otra oportunidad con un tiro libre que obligó nuevamente a Galván a intervenir. Esas acciones hicieron crecer a Ferro, que comenzó a jugar más cerca del área visitante y encontró en los centros su principal vía de ataque.

La situación más clara llegó a los 26 minutos: Enzo Hoyos envió un gran centro y Mateo Acosta conectó de cabeza, pero la pelota se estrelló en el palo. Fue el momento en el que Caballito sintió que el empate podía llegar.

Minutos más tarde, el propio Acosta convirtió de volea tras una serie de rebotes dentro del área, pero la acción fue anulada por posición adelantada. Esa jugada terminó de alimentar la sensación de frustración en Ferro, que empujó hasta el final pero volvió a fallar en los metros decisivos.



Galván, clave para sostener el triunfo

Cuando Ferro logró acercarse con peligro, apareció Bruno Galván. El arquero de Almirante Brown fue una pieza importante para sostener el resultado, especialmente en el segundo tiempo, cuando el Verdolaga acumuló méritos para alcanzar el empate.

A los 38 minutos del complemento, Gustavo Cabral perdió una pelota comprometida dentro del área ante Ángel González. La jugada pudo terminar en el empate, pero Galván respondió con firmeza y volvió a evitar la caída de su arco.

Esa intervención terminó siendo decisiva. Ferro ya no tuvo la claridad suficiente para romper el bloque defensivo visitante y Almirante Brown se aferró a una victoria tan trabajada como valiosa.


El efecto Montenegro: dos partidos, dos triunfos

La llegada de Andrés Montenegro cambió el clima de Almirante Brown. Antes de su arribo, el equipo venía golpeado, con malos resultados y una racha negativa que lo había complicado en la tabla. La salida de Rodrigo Alonso se produjo después de la derrota ante Deportivo Madryn, en un contexto de urgencias deportivas.

El debut del “Lobo” fue con victoria 1-0 ante Central Norte de Salta, en Isidro Casanova, con gol de Javier Martínez sobre el final. Ese triunfo cortó una racha de seis partidos sin ganar y sacó al Mirasol de una situación incómoda.

Ahora, con el 1-0 ante Ferro en Caballito, Almirante Brown sumó su segundo triunfo consecutivo y alcanzó los 14 puntos, quedando en la novena posición y cerca de los puestos de Reducido. El cambio no solo se ve en la tabla: también se nota en la actitud competitiva del equipo, en el orden defensivo y en la capacidad para sostener partidos cerrados.

Montenegro todavía tiene mucho trabajo por delante, especialmente en la generación de juego y en el volumen ofensivo, pero el arranque de su ciclo es ideal desde los resultados.


Ferro no levanta cabeza en Caballito

Del otro lado, Ferro volvió a quedar envuelto en dudas. El Verdolaga venía de ganarle a Mitre en Santiago del Estero en el debut de Juan Manuel Sara, resultado que había renovado expectativas. Sin embargo, la caída ante Almirante Brown frenó ese impulso y volvió a exponer los problemas del equipo en condición de local.

La derrota dejó a Ferro fuera de la zona de Reducido y profundizó una tendencia preocupante: el equipo no logra hacerse fuerte en Caballito. De hecho, sumó una nueva caída como local y volvió a mostrar una imagen irregular ante su gente.

El primer tiempo fue especialmente alarmante: mucha posesión, poca profundidad y casi nula capacidad para lastimar. En el segundo tiempo hubo reacción, empuje y situaciones claras, pero no eficacia. Esa combinación explica buena parte del presente verdolaga.

Ferro tiene nombres importantes, juveniles con proyección y un plantel que, en teoría, debería pelear más arriba. Pero en la cancha todavía no aparece un funcionamiento sostenido. Sara había dicho en su presentación que el club “tiene que pelear arriba”, pero el equipo necesita respuestas rápidas para no quedar atrapado en la mitad de la tabla.


Un triunfo que vale más que tres puntos

Para Almirante Brown, la victoria en Caballito tiene un valor especial. No solo porque fue de visitante, sino porque llegó ante un rival directo en la lucha por acomodarse en la Zona A. Además, ganar dos partidos seguidos en una categoría tan pareja como la Primera Nacional puede cambiar por completo el ánimo de un plantel.

La Fragata pasó de mirar la zona baja a quedar cerca del Reducido. Ese salto anímico y estadístico puede ser determinante para encarar lo que viene con otra confianza.

El próximo compromiso de Almirante Brown será como local ante Chaco For Ever, donde buscará extender su buen momento y confirmar que la levantada no fue apenas una reacción pasajera.

Ferro, en cambio, deberá trabajar sobre su falta de claridad ofensiva y su fragilidad emocional en Caballito. La derrota ante Almirante Brown no solo significó perder tres puntos: también volvió a dejar en evidencia que el equipo todavía no encuentra una identidad firme.


Síntesis del partido

Resultado: Ferro 0 – 1 Almirante Brown
Gol: Gustavo Cabral, de penal, a los 10 minutos del primer tiempo
Estadio: Arquitecto Ricardo Etcheverri, Caballito
Árbitro: Yamil Possi
Torneo: Primera Nacional 2026, Zona A
Fecha: 11

Figura: Bruno Galván. El arquero de Almirante Brown respondió en los momentos clave y sostuvo el triunfo visitante.

Dato destacado: Almirante Brown ganó los dos partidos que disputó desde la llegada de Andrés Montenegro como entrenador.




Mario Sciacqua es el nuevo entrenador de Central Norte: experiencia, urgencias y una misión clara para reordenar al Cuervo

Central Norte encontró reemplazante para Adrián Bastía y apostó por la experiencia de Mario Sciacqua, un entrenador con largo recorrido en el ascenso y con el desafío inmediato de ordenar a un equipo golpeado, necesitado de puntos y comprometido en la parte baja de la Zona A.

Mario Sciacqua, el elegido para reordenar a Central Norte en plena crisis deportiva

Central Norte de Salta ya tiene nuevo entrenador. Después de la salida de Adrián Bastía, la dirigencia azabache definió que Mario Sciacqua sea el encargado de tomar el mando del plantel profesional en un momento delicado de la temporada. El técnico llegará a Salta este jueves para formalizar su vínculo, dirigir su primera práctica y firmar contrato hasta diciembre de 2026. Su debut será inmediato: este sábado, desde las 15.30, frente a Defensores de Belgrano en el estadio Juan Pasquale, por la fecha 12 de la Primera Nacional.

La decisión llega luego de varios días de reuniones, análisis y nombres sobre la mesa. Tras la renuncia de Bastía, la dirigencia encabezada por Leandro Etchezar comenzó una búsqueda urgente para encontrar un reemplazante capaz de asumir rápido, conocer la categoría y aportar una mirada fuerte sobre un plantel que necesita respuestas inmediatas. Entre las alternativas evaluadas aparecieron nombres como Rubén Darío Forestello, Omar Asad, Raúl Antuña, Alexis Mateo y Ricardo Pancaldo, pero finalmente el elegido fue Sciacqua.

La llegada del nuevo técnico no ocurre en un contexto cualquiera. Central Norte viene de perder como local ante Ciudad de Bolívar por 1 a 0, resultado que terminó acelerando la salida de Bastía y dejó al equipo en zona de descenso directo. El Cuervo suma apenas nueve puntos en la Zona A, atraviesa una racha negativa y necesita modificar rápidamente su rumbo futbolístico, anímico y competitivo.

Un técnico de recorrido para un momento de urgencia

La principal apuesta de Central Norte con Mario Sciacqua es la experiencia. El entrenador viene de dirigir en Deportes La Serena de Chile y cuenta con una extensa trayectoria en el fútbol argentino. Pasó por Colón, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Quilmes, Olimpo, Patronato, Godoy Cruz, Atlanta, Mitre de Santiago del Estero y Sarmiento de Junín, club con el que logró el ascenso a Primera División.

Además, Sciacqua está cerca de alcanzar los 500 partidos como entrenador profesional, un dato que marca el perfil de la elección dirigencial: Central Norte buscó un técnico con espalda, recorrido, conocimiento del ascenso y capacidad para manejar situaciones complejas.

En Barrio Norte entienden que este no es un momento para experimentos. Bastía llegó al club con una idea de reconstrucción, pero su ciclo no logró sostenerse en los resultados. En diez partidos, el Polaco consiguió dos triunfos, tres empates y cinco derrotas. La campaña dejó al equipo anteúltimo, golpeado y con una necesidad urgente de sumar.

Por eso, Sciacqua deberá actuar rápido. No tendrá una pretemporada para trabajar, ni semanas largas para probar variantes. Su primera práctica será casi una introducción antes del debut ante Defensores de Belgrano, uno de los equipos fuertes de la Zona A. Luego, el Cuervo recibirá a Deportivo Madryn, otro compromiso clave para empezar a medir el impacto del nuevo ciclo.

Lo que recibe Sciacqua: un plantel golpeado pero con margen para reaccionar

El nuevo entrenador se encontrará con un equipo que mostró algunos pasajes interesantes durante el ciclo anterior, pero que nunca consiguió regularidad. Central Norte tuvo momentos de solidez defensiva, especialmente en partidos como el empate ante Colón y el triunfo en el clásico frente a Gimnasia y Tiro, pero también sufrió mucho por su falta de gol, sus desconcentraciones y su dificultad para sostener resultados.

La campaña reciente deja un diagnóstico claro. El Cuervo perdió ante Estudiantes de Buenos Aires, Almirante Brown y Ciudad de Bolívar; empató con Mitre en un partido que ganaba hasta el tramo final; y solo logró sostener algunos rendimientos positivos de manera aislada. La derrota ante Ciudad de Bolívar fue el punto de quiebre: el equipo volvió a mostrar empuje, pero no claridad, y terminó chocando contra un rival ordenado que supo aprovechar su momento.

Bastía, en sus declaraciones tras la salida, remarcó que el plantel está fuerte desde lo físico y que el nuevo técnico se encontrará con un grupo predispuesto al trabajo. También reconoció que el equipo necesita mejoras y que el próximo entrenador tendrá “muchísimo trabajo”. Esa frase resume el desafío de Sciacqua: ordenar, simplificar y devolver confianza.

La primera urgencia: recuperar el orden emocional

Antes que lo táctico, Sciacqua deberá trabajar sobre la cabeza del plantel. Central Norte viene de una salida de entrenador, una derrota dura en casa, silbidos, presión de la tabla y una sensación de urgencia permanente. En la Primera Nacional, cuando un equipo entra en esa dinámica, cada error pesa el doble y cada partido se transforma en una prueba de carácter.


El nuevo DT deberá recomponer la confianza de jugadores que, en varios encuentros, demostraron actitud pero no encontraron respuestas futbolísticas. Central Norte no está lejos en puntos de otros equipos de la zona baja y media, pero el problema es que la seguidilla de malos resultados lo dejó sin margen emocional.

En ese sentido, el debut ante Defensores de Belgrano será una prueba exigente. No solo por el rival, sino por el poco tiempo de trabajo. Sciacqua tendrá que elegir rápido una estructura base, definir prioridades y evitar que el equipo vuelva a partirse ante la adversidad.

La segunda urgencia: ordenar el sistema defensivo

Central Norte no recibió goleadas, pero sufrió goles en momentos determinantes. Contra Almirante Brown perdió sobre el final. Ante Mitre dejó escapar un triunfo por una jugada desafortunada. Frente a Ciudad de Bolívar recibió el golpe en el primer tiempo y después no pudo revertirlo.

El problema no parece ser solo defensivo en cuanto a nombres, sino colectivo. El equipo necesita mejorar la concentración, la coordinación entre líneas y la manera de defender después de perder la pelota. Sciacqua, con su experiencia en equipos del ascenso, probablemente priorice una estructura compacta para que Central Norte vuelva a competir desde el orden.

El Cuervo necesita dejar de regalar tramos de partido. En varios encuentros le costó entrar concentrado, como ocurrió ante Estudiantes de Caseros, donde recibió un gol temprano, o frente a Ciudad de Bolívar, donde volvió a quedar condicionado por una acción puntual. El nuevo cuerpo técnico deberá corregir esas desconexiones cuanto antes.

La tercera urgencia: encontrar una idea ofensiva más clara

El gran déficit de Central Norte durante buena parte del torneo fue la falta de gol. En las primeras fechas incluso acumuló varios partidos sin convertir. Luego apareció Julián López, decisivo ante All Boys y Gimnasia y Tiro, pero el equipo no logró construir una producción ofensiva sostenida.

Sciacqua deberá resolver cómo alimentar mejor a los delanteros y cómo darle más peso al equipo en los últimos metros. Central Norte tuvo partidos en los que llegó por empuje, centros o acciones individuales, pero le faltó juego asociado, precisión en la finalización y mayor presencia dentro del área.

Nombres como Joaquín Mateo, Franco Vedoya, Tiago Taobas, Julián López, Kevin Isa Luna, Ramiro Costa o Francisco Borda pueden ofrecer variantes, pero el equipo necesita una estructura que potencie esas características. La tarea será definir si conviene sostener un esquema con dos puntas, reforzar el mediocampo, jugar con extremos o apostar por transiciones rápidas.

La cuarta urgencia: elegir una base y sostenerla

Uno de los problemas del ciclo anterior fue la búsqueda constante. Bastía reconoció que cambió sistemas y jugadores intentando encontrar la vuelta. Las lesiones y suspensiones también complicaron la continuidad, pero Central Norte nunca terminó de consolidar un once reconocible.

Sciacqua deberá tomar decisiones fuertes. En un plantel numeroso, armado con muchas incorporaciones para la temporada 2026, el técnico tendrá que identificar rápidamente una columna vertebral. Enzo Vázquez aparece como una referencia en el arco; en defensa hay nombres como Mauricio Rosales, Agustín Lamosa, Enzo Calderón, Leonardo Felissia, Pedro Sanz y Agustín Aleo; en el medio figuran Gianluca Mancuso, Matías Villarreal, Kevin Fernández, Joaquín Mateo, Matías Moravec y Agustín Bustinduy; y arriba aparecen alternativas como Julián López, Franco Vedoya, Tiago Taobas, Ramiro Costa, Kevin Isa Luna y Francisco Borda.

El desafío no será solo elegir nombres, sino encontrar sociedades. Central Norte necesita saber a qué juega, cómo presiona, cómo sale del fondo, cómo ataca y cómo se protege cuando pierde la pelota.

El calendario inmediato no da respiro

El estreno de Sciacqua será este sábado ante Defensores de Belgrano, en condición de visitante. Es un debut complejo, porque el Dragón aparece como uno de los equipos mejor posicionados de la Zona A y suele ser fuerte en el Juan Pasquale. Para Central Norte, sumar en ese escenario sería una señal importante.

Después llegará Deportivo Madryn en Salta, otro partido de alta exigencia. El Cuervo necesita empezar a transformar el Martearena en un lugar fuerte. Hasta ahora, como local, dejó escapar puntos importantes y sufrió derrotas que golpearon fuerte en el ánimo del hincha.

Los primeros dos partidos del nuevo ciclo serán mucho más que seis puntos. Serán una radiografía inicial del impacto de Sciacqua: si logra ordenar rápido, si puede transmitir una idea clara y si el plantel responde al cambio de conducción.

La salida de Bastía y el punto de partida del nuevo ciclo

Adrián Bastía se fue después de la derrota ante Ciudad de Bolívar. En sus declaraciones posteriores, sostuvo que los resultados mandan en el fútbol, que el equipo había hecho méritos en varios partidos y que el plantel mantenía una buena condición física. También remarcó que su salida podía servir para descomprimir y renovar expectativas.

Esa lectura es clave para entender el escenario de Sciacqua. No llega a un plantel destruido, pero sí a un equipo que necesita recuperar confianza. No hereda una campaña irreversible, pero sí una tabla que exige reacción inmediata. No empieza desde cero, pero debe corregir rápido lo que no funcionó.

Central Norte está anteúltimo, comprometido y con la obligación de salir de la zona baja. La Primera Nacional es pareja, y una racha de dos victorias puede cambiar el ánimo y la ubicación. Pero también es una categoría implacable: si el equipo no reacciona pronto, la presión crecerá.

Qué debe hacer Sciacqua para reordenar a Central Norte

El nuevo entrenador deberá enfocarse en cinco puntos centrales:

1. Ordenar la defensa.
Central Norte necesita reducir errores, defender mejor las pelotas cruzadas, sostener la concentración y evitar goles en momentos sensibles.

2. Recuperar confianza.
El plantel viene golpeado por los resultados. Sciacqua deberá reconstruir la seguridad del grupo y convencerlo de que todavía hay margen para salir.

3. Definir una identidad.
El Cuervo no puede seguir jugando cada partido desde la urgencia. Necesita una idea: presión alta o bloque medio, ataque directo o posesión, laterales profundos o mediocampo más cerrado.

4. Mejorar la generación ofensiva.
El equipo debe producir más situaciones claras. No alcanza con empujar; necesita sociedades, movimientos y mejores decisiones cerca del área.

5. Convertir la localía en fortaleza.
El Martearena debe volver a ser un punto de apoyo. Central Norte necesita ganar en Salta para despegarse de la zona baja.

Una apuesta fuerte de la dirigencia

La elección de Mario Sciacqua también marca una decisión política y deportiva de la Comisión Directiva. Después de apostar por Bastía, un entrenador que iniciaba su camino en una categoría nacional, ahora Central Norte se inclina por un perfil completamente diferente: un técnico con recorrido, experiencia, ascensos, conocimiento de la Primera Nacional y espalda para conducir en escenarios difíciles.

El contrato hasta diciembre de 2026 muestra que la idea no es solo apagar un incendio, sino intentar construir una conducción más estable. Sin embargo, la urgencia de los resultados marcará el tono del inicio. Sciacqua llega con respaldo, pero también con una tabla que no espera.

Central Norte necesita volver a competir con claridad

El desafío de Mario Sciacqua es grande. Central Norte tiene plantel, historia, hinchas, infraestructura y una plaza futbolera que exige protagonismo. Pero en este momento la prioridad es otra: sumar, salir del fondo y recuperar una identidad competitiva.

El Cuervo no necesita una revolución inmediata. Necesita orden, simpleza, confianza y eficacia. Necesita volver a ser un equipo difícil de vencer, corregir los errores que lo dejaron en zona de descenso y encontrar una manera más clara de atacar.

Sciacqua llega con experiencia y con una misión urgente: reordenar a Central Norte antes de que la tabla empiece a pesar todavía más. El sábado, ante Defensores de Belgrano, comenzará una nueva etapa para el Azabache. Una etapa que no tendrá tiempo para discursos largos, porque la Primera Nacional exige respuestas desde el primer partido.


Síntesis informativa

Nuevo entrenador: Mario Sciacqua.
Club: Central Norte de Salta.
Reemplaza a: Adrián Bastía.
Contrato previsto: hasta diciembre de 2026.
Último club: Deportes La Serena de Chile.
Trayectoria destacada: Colón, Gimnasia de Jujuy, Quilmes, Olimpo, Patronato, Godoy Cruz, Sarmiento de Junín, Atlanta y Mitre de Santiago del Estero.
Logro importante: ascenso a Primera División con Sarmiento de Junín.
Debut: sábado ante Defensores de Belgrano, en el Juan Pasquale.
Próximo partido posterior: Deportivo Madryn, como local.
Situación de Central Norte: anteúltimo en la Zona A, con nueve puntos y en zona de descenso directo.




El Polaco Bastía habló tras su renuncia: una salida con autocrítica, respaldo al plantel y números que explican el final en Central Norte

Adrián “El Polaco” Bastía rompió el silencio tras dejar de ser el entrenador de Central Norte y analizó su salida en Equipo 10. Sus declaraciones muestran una lectura clara: el equipo compitió, tuvo respaldo interno y dejó una buena relación con el plantel, pero los resultados no acompañaron y terminaron marcando el final de su ciclo.

La salida de Adrián “El Polaco” Bastía como director técnico de Central Norte dejó una sensación conocida en el fútbol argentino: cuando los resultados no aparecen, el margen de análisis se achica. El propio entrenador lo resumió con una frase directa en diálogo con Equipo 10: “Los resultados mandan en el fútbol”. Y, en este caso, esa sentencia explica casi todo.

Bastía presentó su renuncia luego de la derrota por 1 a 0 ante Ciudad de Bolívar en el estadio Padre Ernesto Martearena, resultado que dejó al Azabache en una situación delicada dentro de la Zona A de la Primera Nacional. Central Norte quedó anteúltimo, con apenas nueve puntos, en zona de descenso directo y con una campaña que no logró sostener el impulso que había mostrado durante un breve tramo del campeonato.

El exentrenador cuervo fue cuidadoso en sus palabras. No buscó responsables externos, no apuntó contra la dirigencia ni contra los jugadores y tampoco intentó construir una excusa absoluta. Su discurso tuvo un eje claro: el equipo trabajó, compitió y en muchos partidos estuvo cerca, pero no pudo transformar esas sensaciones en puntos. Esa es, justamente, la lectura más objetiva del ciclo.

Bastía y una frase que resume el ciclo: “Los resultados mandan”

La declaración más fuerte de Bastía fue también la más realista. El Polaco reconoció que Central Norte necesitaba ganar de local y que eso no sucedió. Después de la derrota frente a Ciudad de Bolívar, el equipo quedó golpeado desde lo anímico y comprometido desde lo numérico.

El entrenador sostuvo que quizás su salida sirva para que “los chicos cambien de aire” y para que el club tome “un poco de respiro”. Esa frase muestra que la renuncia no fue solo una consecuencia deportiva, sino también una decisión para descomprimir un contexto que se había vuelto cada vez más pesado.

La presión del hincha, la tabla de posiciones y la falta de resultados terminaron cerrando un ciclo que nunca logró consolidarse. Central Norte tuvo momentos de mejora, pero no consiguió sostenerlos en el tiempo.

“Ningún rival fue superior”: una mirada discutible, pero con parte de verdad

Una de las declaraciones más importantes de Bastía fue cuando afirmó que “ningún rival fue superior” y que los partidos se escaparon por pequeños detalles. La frase puede sonar fuerte si se la mira solo desde la tabla, pero tiene matices.

Central Norte perdió varios partidos por diferencias mínimas. Cayó 1 a 0 ante Estudiantes de Buenos Aires, 1 a 0 ante Almirante Brown y 1 a 0 ante Ciudad de Bolívar. También empató 1 a 1 ante Mitre en un partido que ganaba y que se le escapó sobre el final con un gol en contra. En ese sentido, lo que dice Bastía tiene sustento: el equipo no fue goleado ni desbordado de manera permanente en la mayoría de los encuentros recientes.

Sin embargo, el fútbol no se mide solo por si un rival fue ampliamente superior. También se mide por eficacia, lectura de los momentos, contundencia en las áreas y capacidad para sostener resultados. Ahí estuvo el gran problema de Central Norte: compitió, pero no resolvió.

La falta de gol, el gran déficit de Central Norte

El propio Bastía había reconocido antes de su salida que al equipo le estaba costando convertir. Después de la derrota ante Almirante Brown, declaró que “los números lo marcan” y que estaban buscando variantes, incluso con cambios de sistema.

Esa falta de eficacia fue una constante. Central Norte arrancó el torneo con varios partidos sin marcar goles y recién consiguió su primer tanto en la victoria ante All Boys. Luego logró otro triunfo importante en el clásico ante Gimnasia y Tiro, también por 1 a 0, pero nunca pudo transformarse en un equipo con volumen ofensivo sostenido.

La campaña muestra que el Cuervo dependió demasiado de partidos cerrados. Cuando logró convertir primero, pudo ganar. Cuando recibió un golpe inicial o no pudo abrir el marcador, le costó muchísimo reaccionar.

Los números del ciclo Bastía en Central Norte

El ciclo de Adrián Bastía al frente de Central Norte dejó un balance negativo desde lo estadístico: 10 partidos dirigidos, 2 triunfos, 3 empates y 5 derrotas. Esos números explican por qué el desenlace terminó siendo inevitable.

Los triunfos más importantes fueron ante All Boys y Gimnasia y Tiro. El primero sirvió para cortar la sequía inicial, conseguir el primer gol del campeonato y tomar aire después de un arranque muy complicado. El segundo tuvo un valor emocional enorme: Central Norte ganó el clásico salteño y pareció encontrar un punto de partida.

Pero después de ese breve envión, el equipo volvió a caer. La derrota ante Estudiantes cortó la levantada, el empate ante Mitre dejó sabor amargo, la caída ante Almirante Brown profundizó las dudas y el golpe final llegó frente a Ciudad de Bolívar.

Una campaña marcada por partidos que se escaparon por detalles

Cuando Bastía habla de pequeños detalles, no está lejos de la realidad. Ante Mitre, Central Norte ganaba 1 a 0 con gol de Gianluca Mancuso, pero terminó empatando por un gol en contra de Elías Calderón a pocos minutos del final. Ante Almirante Brown, sostuvo el cero durante gran parte del partido, pero recibió el gol a los 39 minutos del segundo tiempo. Frente a Ciudad de Bolívar, volvió a quedar abajo y no pudo quebrar la resistencia rival.

Esa repetición de situaciones muestra un problema de madurez competitiva. Central Norte no fue un equipo superado de manera escandalosa, pero sí fue un equipo que no supo cerrar partidos, no encontró soluciones ofensivas y terminó pagando muy caro cada error.

Por eso, la frase de Bastía tiene lógica, aunque no alcanza para explicar todo. Los detalles importan, pero cuando se repiten durante muchas fechas dejan de ser casualidad y pasan a ser una tendencia.

El respaldo al plantel y a la dirigencia

Otro punto fuerte de las declaraciones de Bastía fue su intención de cuidar al plantel y a la institución. El entrenador remarcó que los jugadores “dejaron la vida en la cancha” y que se va conforme con la predisposición del grupo. También destacó que recibió mensajes de varios futbolistas después de su salida, algo que interpretó como una señal de respeto y de vínculo humano.

Además, fue claro al hablar de la dirigencia. Dijo que el club siempre lo respaldó, que trabajaron en un ambiente cordial y que no tenía reproches para hacer. Incluso mencionó su conversación con Leandro Etchezar, a quien le expresó su pensamiento antes de dar el paso al costado.


Ese tono evita una ruptura traumática. Bastía se fue sin conflicto público, sin acusaciones y con un mensaje institucional. En un momento delicado, esa postura también es importante para Central Norte.

¿Tiene razón Bastía cuando dice que con cuatro puntos más estaban en mitad de tabla?

Bastía también marcó una realidad del campeonato: con cuatro puntos más, Central Norte habría estado en mitad de tabla. Y eso es cierto en términos de paridad. La Zona A de la Primera Nacional mostró diferencias muy cortas entre varios equipos, especialmente en el tramo medio y bajo.

El problema es que esos cuatro puntos que faltaron no son abstractos. Central Norte los dejó en partidos concretos: el empate ante Mitre que se escapó sobre el final, la derrota agónica ante Almirante Brown y la caída como local ante Ciudad de Bolívar. Con apenas uno o dos resultados diferentes, la lectura de la campaña habría sido otra.

Pero el fútbol profesional no premia las posibilidades. Premia los puntos. Y ahí Central Norte quedó en deuda.

Las lesiones y los cambios de sistema

Bastía también habló de las lesiones de jugadores que iban a ser titulares al inicio del campeonato. Ese factor existió y condicionó. A lo largo del torneo, Central Norte tuvo bajas importantes, suspensiones y cambios obligados. El propio entrenador debió modificar nombres y sistemas buscando respuestas.

Sin embargo, la dificultad para resolver esas ausencias también forma parte del análisis. El DT reconoció que “no pudimos resolver esas cuestiones”. Esa frase es una autocrítica concreta. No se trata solo de haber tenido problemas, sino de no haber encontrado una respuesta colectiva estable para superarlos.

El equipo probó variantes, movió piezas y buscó soluciones, pero nunca encontró una identidad totalmente confiable.

El mejor legado: un plantel físicamente fuerte y un vestuario ordenado

En medio de la crisis de resultados, Bastía defendió un aspecto de su trabajo: aseguró que el próximo técnico encontrará un plantel con un estado físico importante. También destacó el respeto dentro del vestuario y el vínculo con los jugadores.

Ese puede ser uno de los puntos positivos que deja su ciclo. Central Norte no apareció como un equipo roto internamente ni abandonado desde lo físico. El problema principal estuvo en la producción futbolística y en la eficacia competitiva.

Para el entrenador que llegue, ese diagnóstico es clave: hay una base de trabajo, pero también muchísimo por corregir.

Una renuncia lógica en un momento límite

La salida de Bastía no sorprende si se mira el contexto completo. Central Norte venía de perder ante Estudiantes, empatar con Mitre, caer frente a Almirante Brown y volver a perder ante Ciudad de Bolívar. En ese tramo, solo sumó un punto de los últimos doce y quedó hundido en la parte baja.

El propio técnico entendió que el momento pedía una decisión. En sus palabras, era necesario dar un paso al costado para que el club y los jugadores pudieran renovar expectativas.

Desde lo humano, su salida fue ordenada. Desde lo futbolístico, fue consecuencia directa de una campaña insuficiente.

Conclusión: Bastía dice lo que pasó, pero la tabla explica por qué se fue

El análisis objetivo marca dos verdades que conviven. La primera: Bastía tiene razón cuando dice que Central Norte compitió en varios partidos, que no fue ampliamente superado y que los pequeños detalles le costaron caro. La segunda: esos detalles se repitieron demasiado y terminaron reflejándose en una tabla que no perdona.

El Polaco se fue con respeto, sin reproches y con autocrítica. Pero también se fue porque Central Norte no ganó lo suficiente, no convirtió lo necesario y no logró salir de la zona baja.

Su discurso posterior a la renuncia fue coherente con lo que mostró el ciclo: trabajo, vínculo con el grupo y buenas intenciones, pero sin los resultados que exige la Primera Nacional.

Créditos: Equipo 10




Gimnasia y Tiro volvió a perder en Buenos Aires y su presente preocupa cada vez más

Gimnasia y Tiro volvió a mostrar una imagen preocupante en la Primera Nacional: perdió 2-1 ante Tristán Suárez en el estadio 20 de Octubre, no logra cortar la mala racha y llega golpeado a una semana clave con Copa Argentina en el horizonte.

Gimnasia y Tiro cayó ante Tristán Suárez y profundizó su mal momento

Gimnasia y Tiro de Salta volvió a tropezar en la Primera Nacional y su presente empieza a generar preocupación. El equipo dirigido por Juan Manuel Azconzábal perdió 2-1 ante Tristán Suárez en el estadio 20 de Octubre, por la fecha 11 de la Zona B, y sumó una nueva frustración en un campeonato que había comenzado con ilusión, pero que con el correr de las jornadas se transformó en una cadena de dudas, lesiones, bajo rendimiento y resultados adversos.


El Albo no pudo sostenerse ante un rival que atraviesa una realidad completamente distinta. Tristán Suárez volvió a hacerse fuerte en Ezeiza, llegó a 30 partidos sin perder como local y se mantiene en los puestos altos de la Zona B. Según el reporte del partido, el Lechero quedó segundo con 20 puntos, mientras que Gimnasia y Tiro terminó la jornada en la undécima posición con 12 unidades.

La derrota dejó una sensación conocida: Gimnasia compitió por momentos, encontró el empate parcial, pero volvió a pagar caro sus errores y terminó sin respuestas futbolísticas para rescatar al menos un punto. Maximiliano Álvarez abrió el marcador a los 17 minutos del primer tiempo, Nicolás Rinaldi igualó para el Albo y Jonathan Berón, en el complemento, marcó el 2-1 definitivo para Tristán Suárez.


Un arranque cuesta arriba y otro error que condicionó el partido

El inicio del partido mostró a Tristán Suárez más decidido, con mayor claridad para atacar y con una postura agresiva para jugar en campo rival. A los pocos minutos, Alejandro Molina ya había avisado con un remate cruzado que pasó cerca del palo. Gimnasia, en cambio, arrancó incómodo, sin fluidez en el mediocampo y con demasiada dependencia del pelotazo como recurso ofensivo.

A los 17 minutos llegó el primer golpe. Un centro desde la derecha parecía controlable para Joaquín Papaleo, pero el arquero no pudo retener la pelota y Maximiliano Álvarez aprovechó el rebote para empujarla al gol. Fue una jugada que resumió parte del momento albo: desconcentración, fragilidad y una nueva obligación de correr desde atrás en el resultado.

Gimnasia intentó reaccionar, aunque sin demasiada elaboración. La pelota parada volvió a aparecer como una de sus herramientas más confiables. A los 35 minutos, Nicolás Rinaldi capturó una pelota dentro del área, luego de una acción aérea, y estableció el 1-1 parcial. El empate le dio algo de aire al conjunto salteño, pero no alcanzó para modificar de fondo el desarrollo.


El complemento volvió a desnudar los problemas del Albo

En el segundo tiempo, Tristán Suárez recuperó protagonismo y volvió a golpear en un momento clave. Gimnasia no logró construir sociedades, le costó salir con claridad y volvió a mostrar dificultades para sostener el partido desde lo futbolístico. A los 28 minutos del complemento, Jonathan Berón apareció en el área y definió para marcar el 2-1 que terminó siendo definitivo.

Desde allí, el equipo salteño fue más empuje que juego. Buscó con centros, pelotas largas y acciones aisladas, pero no encontró los caminos para inquietar seriamente al arquero Nicolás Sumavil. Tristán Suárez, por su parte, manejó la ventaja con orden, cerró espacios y sostuvo un triunfo clave para seguir prendido arriba.

La imagen final volvió a ser preocupante para Gimnasia y Tiro: un equipo sin claridad, con poca generación ofensiva, con problemas para defender momentos puntuales y con una caída anímica evidente. La derrota no solo duele por el resultado, sino por el contexto en el que llega.


La crisis futbolística de Gimnasia y Tiro se agranda

El problema de Gimnasia y Tiro no se explica solamente por esta caída ante Tristán Suárez. La preocupación surge por la acumulación de partidos sin respuestas convincentes. El Albo había arrancado el torneo con fuerza, con tres triunfos consecutivos y una imagen sólida, pero luego entró en una pendiente que todavía no pudo cortar.

Tras vencer a Colegiales, Patronato y Almagro, el equipo salteño parecía encaminado a pelear arriba. Lautaro Gordillo era una de las grandes figuras del torneo, el equipo mostraba orden y la continuidad de una base importante invitaba a pensar en una campaña protagonista. Sin embargo, la derrota ante Nueva Chicago en Mataderos marcó un quiebre. Desde allí llegaron el golpe en el clásico ante Central Norte, la renuncia de Fernando Quiroz, el interinato de Sergio Plaza y el desembarco de Juan Manuel Azconzábal.

Con el Vasco en el banco, Gimnasia todavía no pudo ganar por el torneo. Perdió con Chacarita en su debut, empató con Güemes en Salta y ahora volvió a caer ante Tristán Suárez. En el medio, consiguió una alegría histórica en Copa Argentina al eliminar por penales a Gimnasia de Mendoza, pero ese envión no logró trasladarse a la Primera Nacional.


Un equipo largo, sin juego y con poca conexión entre líneas

El mayor déficit de Gimnasia y Tiro pasa por el funcionamiento. El equipo quedó muchas veces partido, con poca conexión entre defensa, mediocampo y ataque. En los últimos partidos se repitió una imagen: volantes que no logran hacerse dueños de la pelota, delanteros que reciben lejos del arco o incómodos, y una defensa que sufre cada vez que el rival encuentra espacios para correr.

Ante Güemes ya se habían visto señales alarmantes: un equipo largo, sin asociaciones, con demasiadas pelotas divididas y con dificultades para sostener ventajas. Frente a Tristán Suárez, la historia volvió a tener puntos en común. Gimnasia encontró el empate, pero no logró fortalecerse a partir de ese gol. En lugar de crecer, volvió a ceder terreno y terminó pagando caro.

Además, las lesiones también golpearon al plantel. Juan Galetto y Gonzalo Soto llegaron tocados después del partido ante Güemes, mientras que Ivo Cháves y Lautaro Montoya también habían arrastrado problemas físicos en semanas anteriores. Esa situación obligó al cuerpo técnico a mover piezas en una zona sensible, especialmente por el sector derecho, donde el equipo perdió alternativas naturales.


El ciclo de Azconzábal todavía busca respuestas

Juan Manuel Azconzábal asumió en un contexto difícil. Llegó después de la salida de Teté Quiroz, con poco tiempo de trabajo y una agenda cargada: Chacarita, Copa Argentina, Güemes, Tristán Suárez y luego Vélez. El técnico encontró un plantel golpeado, con lesionados y con una confianza que ya no era la misma del arranque del campeonato.

La clasificación por Copa Argentina ante Gimnasia de Mendoza fue un alivio institucional y deportivo. Sin embargo, en el torneo local el equipo sigue sin encontrar una identidad clara. Gimnasia no logra sostener intensidad, le cuesta defender con firmeza y no tiene volumen de juego suficiente para imponer condiciones.

El desafío del Vasco será reconstruir desde lo anímico y desde lo táctico. Gimnasia necesita volver a ser un equipo compacto, recuperar seguridad defensiva y encontrar variantes ofensivas más allá de la pelota parada o el envío largo. El margen todavía existe, porque la tabla está apretada, pero la tendencia preocupa.


Tristán Suárez, la contracara: fuerte de local y arriba en la tabla

Mientras Gimnasia atraviesa dudas, Tristán Suárez vive un presente firme. El equipo de José María Martínez volvió al triunfo, estiró su invicto como local a 30 partidos y se consolidó como uno de los protagonistas de la Zona B. El triunfo ante el Albo le permitió mantenerse cerca de la cima y alimentar su ilusión de pelear por los puestos importantes.

El Lechero mostró oficio para manejar los momentos del partido. Golpeó primero, soportó el empate y volvió a lastimar en el complemento. Después, defendió la ventaja con orden y no le permitió a Gimnasia generar peligro sostenido en el tramo final.


Lo que viene para Gimnasia y Tiro

La derrota llega en un momento especialmente delicado. Gimnasia y Tiro deberá cambiar rápido el chip porque tiene por delante el duelo ante Vélez por la Copa Argentina, un partido de enorme exigencia y vidriera nacional. Luego, deberá volver a poner el foco en la Primera Nacional, donde necesita cortar la mala racha cuanto antes.

El equipo quedó en una zona incómoda: todavía no está lejos de los puestos de clasificación, pero tampoco puede descuidarse de la parte baja. Esa dualidad obliga a reaccionar con urgencia. La campaña todavía tiene recorrido, pero el presente marca una señal de alerta.

Gimnasia ya no puede vivir del buen arranque ni de la alegría copera. Necesita volver a competir con solidez en el torneo, recuperar confianza y encontrar resultados que le permitan salir de este momento de incertidumbre.




Central Norte tocó fondo: perdió con Ciudad de Bolívar, quedó en descenso y Bastía renunció

Central Norte volvió a sufrir un golpe durísimo en la Primera Nacional: perdió 1-0 ante Ciudad de Bolívar en el estadio Padre Martearena, quedó comprometido en zona de descenso directo y, tras el partido, Adrián “Polaco” Bastía presentó su renuncia como entrenador. El ciclo se cerró con apenas dos triunfos en diez partidos y una campaña que nunca encontró rumbo.

Central Norte perdió con Ciudad de Bolívar y la crisis terminó con la renuncia de Bastía

Central Norte atraviesa uno de los momentos más delicados de su temporada en la Primera Nacional. El Cuervo volvió a tropezar en Salta, perdió 1-0 ante Ciudad de Bolívar por la fecha 11 de la Zona A y, como consecuencia directa de una campaña que venía acumulando golpes, Adrián Bastía dejó de ser el entrenador del equipo.

La derrota en el estadio Padre Ernesto Martearena no fue una caída más. Fue el punto final de un ciclo que nunca logró consolidarse, que tuvo algunos pequeños signos de recuperación, pero que terminó hundido por la falta de resultados, la escasa eficacia ofensiva y una preocupante fragilidad futbolística en los partidos decisivos.

El resultado dejó al Azabache en zona de descenso directo, anteúltimo en la tabla con apenas nueve puntos. La imagen del equipo volvió a ser insuficiente: empujó, buscó, insistió, pero careció de claridad para quebrar a un rival ordenado, práctico y mucho más efectivo en los momentos determinantes.

Un partido bravo que Central Norte no pudo resolver

El encuentro se presentó desde el inicio como una prueba de carácter para Central Norte. El equipo venía golpeado por la derrota ante Almirante Brown y necesitaba dar una respuesta inmediata ante su gente. El contexto era exigente: malestar de los hinchas, presión por la tabla y un rival que llegaba como uno de los equipos más incómodos de la Zona A.


Ciudad de Bolívar, recientemente ascendido a la categoría, arribó a Salta con una campaña sólida y con la condición de invicto. No era un adversario sencillo: venía de vencer a Deportivo Madryn y se había instalado en zona de clasificación, mostrando una estructura competitiva, ordenada y difícil de vulnerar.

Central Norte, en cambio, estaba obligado a ganar. Pero esa obligación no se tradujo en juego. El partido comenzó con mucha fricción en la mitad de la cancha, escasas situaciones claras y un desarrollo cerrado. Al Cuervo le costó construir desde el medio, no encontró sociedades ofensivas y volvió a padecer uno de sus grandes problemas de la temporada: la falta de profundidad.

El gol de Bolívar que cambió la historia

La diferencia llegó en una de las primeras aproximaciones profundas de la visita. Agustín Paredes envió un centro desde la derecha, la pelota se desvió en Jonathan Maciel y le quedó servida a Maximiliano Gutiérrez, que definió para poner el 1-0.

El golpe fue fuerte para Central Norte. No solo por el resultado, sino por el momento del partido y por el peso emocional que arrastraba el equipo. Otra vez, el Azabache quedó obligado a remar desde atrás. Otra vez, tuvo que perseguir un partido incómodo. Y otra vez, no encontró las herramientas futbolísticas necesarias para cambiar la historia.

A partir del gol, Ciudad de Bolívar hizo su negocio. Se ordenó, cerró espacios, redujo caminos interiores y apostó a sostener la ventaja. Central Norte adelantó sus líneas, intentó jugar más cerca del área rival, pero chocó contra sus propias limitaciones.

Mucho empuje, poca claridad

En el complemento, Central Norte asumió el protagonismo territorial. El equipo de Bastía cargó el área, buscó por las bandas y trató de instalarse en campo rival. Sin embargo, la reacción tuvo más empuje que fútbol.

El Cuervo mostró actitud, pero no encontró precisión. Le faltó pausa para elegir mejor, movilidad para desordenar a la defensa rival y contundencia para transformar sus aproximaciones en situaciones netas de gol.

Ciudad de Bolívar, por su parte, defendió con firmeza y tuvo en Agustín Rufinetti a una de sus piezas más importantes. El arquero visitante respondió cada vez que Central Norte logró inquietar y se transformó en una de las claves para sostener el cero.

El tramo final fue una síntesis del presente azabache: voluntad, nervios, centros, intentos aislados y una sensación de impotencia cada vez más marcada. El empate nunca llegó y el pitazo final desató una nueva crisis.

Bastía renunció tras la derrota

Después del partido, Adrián Bastía presentó su salida como entrenador de Central Norte. La decisión se dio inmediatamente después de la derrota ante Ciudad de Bolívar y en medio de una racha que ya no ofrecía margen.

La dirigencia confirmó la salida del técnico en un contexto de fuerte incertidumbre. El presidente Leandro Etchezar fue contundente al expresar: “No tenemos más técnico”. Además, explicó que la salida se produjo como parte de un acuerdo ya conversado con el entrenador, vinculado a la imposibilidad de encontrarle la vuelta al equipo.

La renuncia de Bastía no sorprendió por el momento deportivo, pero sí profundizó la sensación de urgencia institucional. Central Norte quedó sin entrenador, en zona roja y con la obligación de reaccionar de manera inmediata para evitar que la campaña se complique todavía más.

La mala campaña de Bastía al frente de Central Norte

El ciclo de Adrián Bastía dejó números muy pobres. En total, dirigió diez partidos, con dos triunfos, tres empates y cinco derrotas. El equipo sumó apenas nueve puntos y terminó ubicado en el anteúltimo puesto de la Zona A.

Más allá de los números, el problema principal fue futbolístico. Central Norte nunca logró consolidar una identidad clara. Por momentos intentó hacerse fuerte desde el orden defensivo, pero le costó muchísimo generar juego. En otros pasajes buscó adelantar líneas, aunque sin la coordinación necesaria para lastimar.

La falta de gol fue una marca del ciclo. Desde el arranque del campeonato, al equipo le costó convertir, producir situaciones claras y sostener una idea ofensiva. Incluso el propio Bastía había reconocido antes del partido con Ciudad de Bolívar que al equipo le estaba costando hacer goles y que los números marcaban esa dificultad.

El entrenador también había admitido su preocupación tras la derrota frente a Almirante Brown. “Hay que tratar de hacer un equilibrio y no lo estamos logrando”, había señalado. Esa frase terminó siendo una descripción perfecta de su ciclo: Central Norte nunca encontró equilibrio, ni regularidad, ni respuestas sostenidas.

Un ciclo que tuvo un respiro, pero no despegó

La etapa de Bastía tuvo un breve momento de alivio. Central Norte logró su primer triunfo de la temporada ante All Boys, con gol de Julián López, y luego consiguió una victoria muy valiosa en el clásico salteño frente a Gimnasia y Tiro. Ese triunfo pareció abrir una puerta distinta: el equipo ganó confianza, mostró solidez defensiva y empezó a salir del fondo.

Sin embargo, la levantada no tuvo continuidad. Después del clásico, llegaron nuevas señales de alarma. El Cuervo cayó ante Estudiantes de Buenos Aires, empató con Mitre en un partido que tenía controlado, perdió sobre el final ante Almirante Brown y volvió a caer en casa frente a Ciudad de Bolívar.

Esa secuencia fue letal: tres derrotas en las últimas cuatro presentaciones y apenas un empate. La caída ante Bolívar terminó de acelerar una salida que ya parecía inevitable.

Una derrota que duele por la tabla y por el contexto

La derrota ante Ciudad de Bolívar duele por varios motivos. Primero, porque fue como local. Segundo, porque Central Norte llegaba obligado a sumar de a tres. Tercero, porque el rival era una referencia de lo que el Cuervo no pudo construir: orden, eficacia, solidez y confianza.

El equipo salteño quedó en una situación extremadamente delicada. Con nueve puntos, en el anteúltimo lugar de la Zona A y en zona de descenso directo, el margen de error se redujo al mínimo.

La campaña ya no permite excusas. Central Norte necesita resultados urgentes, pero también necesita recuperar funcionamiento, convicción y fortaleza anímica. El equipo no solo pierde partidos: también pierde seguridad, confianza y conexión con su gente.

Norman Juárez asumirá de manera interina

Tras la salida de Bastía, el plantel quedará momentáneamente bajo la conducción de Norman Juárez, ex defensor del club, quien asumirá de forma interina mientras la dirigencia define al nuevo entrenador.

La comisión directiva, encabezada por Leandro Etchezar, ya comenzó la búsqueda del reemplazante. El objetivo es resolver la situación rápidamente, teniendo en cuenta que el próximo compromiso será frente a Defensores de Belgrano, en condición de visitante.

El desafío para el cuerpo técnico interino será complejo: levantar anímicamente a un plantel golpeado, ordenar al equipo en pocos días y preparar una visita difícil ante uno de los rivales fuertes de la zona.

Central Norte quedó frente a una realidad incómoda y urgente. La derrota ante Ciudad de Bolívar fue el final de un ciclo que nunca logró afirmarse y que terminó golpeado por los resultados, la falta de gol y la caída libre en la tabla.

La salida de Adrián Bastía abre una nueva etapa, pero también expone el tamaño del problema. El Cuervo necesita un golpe de timón inmediato. Ya no alcanza con insinuar mejoras ni con sostener discursos de recuperación: la tabla aprieta, la zona de descenso está encima y la próxima decisión dirigencial puede marcar buena parte del futuro de la temporada.




Ciudad Bolívar, el recién ascendido que no conoce la derrota en la Primera Nacional

Ciudad Bolívar vive un arranque histórico en la Primera Nacional: todavía no perdió en su estreno en la categoría, pero su gran cantidad de empates le impide despegar en la tabla. Antes de visitar a Central Norte en el Padre Martearena, repasamos el presente, los secretos futbolísticos y las claves del equipo de Diego Funes.

Ciudad Bolívar se transformó en una de las curiosidades más llamativas del arranque de la Primera Nacional 2026. Recién ascendido desde el Torneo Federal A, el conjunto bonaerense logró sostener el envión anímico del ascenso y construyó un inicio de torneo muy particular: todavía no perdió, pero al mismo tiempo empató demasiado, una combinación que lo mantiene competitivo aunque sin terminar de meterse de lleno en la pelea grande.

Para Central Norte, que se prepara para enfrentarlo en Salta, el análisis de este rival resulta fundamental. Porque no se trata solo de un equipo invicto: es un conjunto que encontró una identidad clara, que se siente cómodo en partidos cerrados, que defiende con mucha disciplina y que suele llevar los encuentros a márgenes mínimos de error. Pero también carga con una limitación evidente: le cuesta muchísimo traducir su orden en victorias.

En ese equilibrio entre virtud y déficit está la esencia de este Ciudad Bolívar. Un equipo duro, incómodo, estructurado, de esos que no se caen fácilmente, aunque muchas veces tampoco terminan de imponerse.


Un debut histórico en la categoría y una adaptación rápida

La temporada 2026 marca un antes y un después para Ciudad Bolívar. Después de lograr el ascenso a la Primera Nacional tras vencer por penales a Atlético Rafaela en una final cerrada y dramática, el club comenzó a escribir la página más importante de su historia reciente. Aquel salto desde el Federal A le abrió la puerta a una categoría mucho más exigente, larga, física y competitiva.

Lejos de desarmarse, Bolívar ratificó la continuidad de Diego Funes, el entrenador del ascenso, y empezó un proceso de fuerte renovación del plantel. Hubo 11 bajas luego de la campaña campeona y más tarde llegaron 12 refuerzos, en una clara señal de que el club entendió que para competir en la segunda categoría hacía falta reconfigurar casi por completo la estructura del equipo.

Pese a ese recambio, la adaptación futbolística fue más rápida de lo esperado. En el debut absoluto en la Primera Nacional, Ciudad Bolívar rescató un empate 1-1 ante Godoy Cruz en Mendoza, un resultado que ya marcó el tono del equipo: saber sufrir, mantenerse en partido y competir aun frente a escenarios complejos. Guillermo Sánchez anotó el primer gol del club en la categoría.

Desde entonces, el equipo fue construyendo una campaña invicta que despierta respeto, aunque también deja una pregunta abierta: ¿hasta dónde puede llegar si no logra convertir más empates en triunfos?


El invicto de Ciudad Bolívar: una campaña tan llamativa como irregular

Lo más fuerte del arranque de Ciudad Bolívar es, sin dudas, su condición de invicto. Hasta el momento reflejado en el material compartido, el equipo de Diego Funes no conoció la derrota en su debut en la Primera Nacional y fue sumando puntos con una regularidad particular.

Sin embargo, la campaña no se explica desde una acumulación de victorias, sino desde una impresionante cantidad de empates. En sus primeras presentaciones igualó ante Godoy Cruz, All Boys, Mitre, Almirante Brown, Agropecuario y Defensores de Belgrano, construyendo una secuencia que lo mantuvo competitivo, aunque sin terminar de despegar en la tabla.

La primera victoria recién llegó en la fecha 8, cuando venció 2-0 a Racing de Córdoba como visitante, en una actuación que mostró otra versión del equipo: más efectiva, más directa, más contundente. Después volvió a empatar sin goles con Defensores y luego derrotó 1-0 a Deportivo Madryn con un gol sobre el final. Así, logró combinar dos triunfos con una larga serie de igualdades para quedar con 13 puntos, a cuatro de los líderes de la zona según el archivo aportado.

Ese recorrido permite una lectura muy clara: Ciudad Bolívar no pierde porque es confiable defensivamente, pero empata mucho porque le cuesta romper la paridad, sostener ventajas o asumir riesgos ofensivos durante largos pasajes de los partidos.


Los secretos del rival de Central Norte: por qué es tan difícil de vencer

1. Una defensa cada vez más sólida

Si hay un rasgo que explica el presente de Ciudad Bolívar es su crecimiento defensivo. El equipo llegó a encadenar cinco partidos consecutivos sin recibir goles, una racha que revela trabajo táctico, concentración y una estructura compacta. Además, en varios encuentros de esa serie tuvo a Agustín Rufinetti como una de las grandes figuras bajo los tres palos.

Bolívar no suele desordenarse. Es un equipo que protege bien su área, que acepta jugar partidos de baja producción ofensiva si eso le garantiza no quedar expuesto, y que sabe resistir cuando el rival adelanta líneas. Esa capacidad para sostener el cero lo convierte en un rival incómodo para cualquiera.

2. Orden táctico y sentido práctico

El equipo de Diego Funes no da la sensación de sobrarle nada, pero sí transmite una idea clara: jugar con orden, administrar los tiempos y no regalar espacios. En muchos partidos, aun cuando no domina, compite bien porque mantiene la estructura, no se parte y obliga al adversario a elaborar mucho para generarle peligro.

Eso se vio, por ejemplo, en el empate ante All Boys jugando gran parte del partido con un hombre menos por la expulsión de Nahuel Yeri. Aun en inferioridad numérica, Bolívar sostuvo el orden y se llevó un punto valioso.

3. La pelota parada como recurso clave

Otro aspecto repetido en varios de sus partidos es la importancia de la pelota parada. Tanto en el análisis del triunfo ante Madryn como en otros encuentros, aparece como una vía recurrente para generar peligro. En partidos cerrados y con pocas llegadas elaboradas, Bolívar suele encontrar en los centros y en las acciones detenidas una plataforma para lastimar.

Para Central Norte, este detalle no es menor: evitar faltas laterales, cuidar las marcas en el área y estar atento a los segundos balones puede resultar determinante.

4. Un equipo paciente, que no se desespera

Muchos equipos recién ascendidos sienten la ansiedad por ganar rápido o por demostrar de inmediato que están a la altura. Ciudad Bolívar, en cambio, parece haber elegido otro camino: la paciencia. Incluso cuando acumuló empates, no se desordenó ni rompió su libreto. Siguió compitiendo de la misma manera hasta que llegaron los triunfos ante Racing de Córdoba y Deportivo Madryn.

Esa tranquilidad competitiva también es una fortaleza.


La otra cara: por qué empata tanto Ciudad Bolívar

El gran problema del rival de Central Norte está en el otro lado del campo. Si bien tiene nombres que pueden resolver, como Guillermo Sánchez, Brian Duarte, Khalil Caraballo, Arnaldo González o Facundo Mucignac, al equipo le cuesta tener continuidad ofensiva. En varios encuentros generó aproximaciones, pero sin eficacia para romper el cero.

La secuencia de empates consecutivos no fue casualidad. Hubo partidos discretos, cerrados, con pocas situaciones claras y escasa contundencia en los metros finales. Incluso cuando tuvo el control territorial por momentos, le faltó profundidad. Eso ocurrió, por ejemplo, ante Almirante Brown y Agropecuario, dos duelos en los que la sensación fue la de un equipo correcto, pero sin capacidad para dar el golpe definitivo.

También se observa que muchas veces Bolívar necesita de contextos muy específicos para anotar: errores rivales, transiciones rápidas o jugadas de pelota parada. Cuando debe asumir el protagonismo sostenido del partido, le cuesta más.

En ese sentido, el dato más fuerte de su campaña es casi paradójico: el invicto suena imponente, pero la cantidad de empates reduce su impacto en la tabla. No perder es un mérito; no ganar seguido, una limitación.


Los nombres a seguir en Ciudad Bolívar

Agustín Rufinetti

El arquero aparece como una pieza fundamental del equipo. Su rendimiento fue clave en varios partidos, especialmente en aquellos donde Bolívar debió sostener el cero en momentos de sufrimiento. Llega como una de las garantías del conjunto visitante.

Guillermo Sánchez

Es uno de los nombres más determinantes del equipo. Marcó en el debut ante Godoy Cruz, convirtió ante Mitre y volvió a aparecer en el triunfo sobre Deportivo Madryn. Tiene peso en el área, oportunismo y lectura para aprovechar espacios.

Brian Duarte

Fue autor de uno de los goles en la victoria ante Racing de Córdoba y aparece como un futbolista con capacidad para romper partidos. También tuvo protagonismo en varias acciones ofensivas del equipo.

Facundo Mucignac

Otro nombre a tener en cuenta por su participación en ataque. Marcó frente a Racing de Córdoba y asistió con un centro preciso en la jugada del gol sobre la hora contra Madryn. Puede ser un revulsivo importante.

Arnaldo González y Khalil Caraballo

Dos futbolistas que aparecen con frecuencia en la gestación ofensiva. González aporta experiencia y pelota parada; Caraballo, movilidad y conexiones en los últimos metros.


Qué partido puede esperar Central Norte en el Padre Martearena

Todo indica que Central Norte tendrá enfrente un partido incómodo, de esos donde no sobra espacio y cada detalle pesa. Ciudad Bolívar probablemente intente repetir el libreto que le viene dando resultado: orden defensivo, bloque compacto, mucha concentración, aprovechar errores y esperar su momento.

Para el equipo salteño, la clave pasará por no caer en la trampa del partido chato que le conviene al visitante. Si Central Norte logra imponer ritmo, mover rápido la pelota y obligar a Bolívar a correr hacia atrás, puede encontrar grietas en un rival que no suele sentirse tan cómodo cuando debe salir de su estructura.

También será central el manejo emocional. Bolívar ya demostró que sabe resistir y llevar los partidos hasta el final. De hecho, su triunfo ante Deportivo Madryn llegó recién a los 88 minutos, lo que demuestra que no se desconecta nunca del encuentro.


Un rival que merece respeto, pero que también muestra límites

Ciudad Bolívar llega a Salta con una carta de presentación respetable: es un recién ascendido, está invicto y atraviesa un momento de confianza. Pero también arriba con una señal que invita a la lectura crítica: le cuesta muchísimo ganar. Esa dualidad lo convierte en un adversario serio, aunque no invencible.

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Para Central Norte, el desafío será romper la solidez de un equipo que hace del orden su principal arma. Para Bolívar, la visita al Padre Martearena será una nueva prueba para confirmar si su invicto es solo una curiosidad estadística o si realmente está en condiciones de consolidarse como una de las revelaciones del torneo.

Lo concreto es que el “Celeste” ya dejó una marca en su estreno en la Primera Nacional: no pierde, compite, defiende bien y obliga a todos a trabajar. Pero mientras siga empatando más de lo que gana, su gran virtud también será su mayor deuda.




Central Norte se prepara para un duelo clave ante Ciudad Bolívar

Central Norte atraviesa una semana de alta tensión tras la derrota ante Almirante Brown y ya pone el foco en un compromiso exigente frente a Ciudad Bolívar. El equipo de Adrián Bastía deberá mostrar otra imagen en el Padre Martearena, donde está obligado a sumar ante uno de los rivales más sólidos de la Zona A.

Central Norte de Salta ya cambió de página y comenzó a preparar uno de los compromisos más delicados de su presente en la Primera Nacional 2026. Luego de la derrota por 1-0 ante Almirante Brown en Isidro Casanova, el conjunto dirigido por Adrián Bastía se enfoca ahora en el duelo frente a Ciudad Bolívar, que se disputará el próximo domingo desde las 17 en el estadio Padre Martearena, por la fecha 11 de la Zona A. Será un partido cargado de tensión, necesidad y expectativa, en el que el Cuervo estará obligado a ofrecer una respuesta futbolística y anímica ante su gente.

El clima en Salta no es el mejor. La caída frente a Almirante Brown generó malestar entre los hinchas y dejó una sensación de preocupación alrededor del equipo. No solo por el resultado, sino también por la forma en que Central volvió a quedarse sin puntos en un contexto adverso. En ese marco, el choque ante Ciudad Bolívar aparece como una prueba de carácter para un plantel que necesita reencontrarse con una mejor versión y frenar el desgaste que viene provocando la irregularidad de la campaña.

Un contexto de presión tras la derrota en Isidro Casanova

El golpe recibido ante Almirante Brown todavía resuena puertas adentro en Central Norte. El equipo salteño perdió 1-0 sobre el final en el estadio Fragata Presidente Sarmiento, en un partido muy cerrado que parecía encaminarse al empate, pero que terminó inclinándose por el gol de Javier Martínez en el segundo tiempo. Esa derrota dejó al Cuervo otra vez sin margen y profundizó la necesidad de hacerse fuerte en el Padre Martearena.

La semana posterior estuvo marcada por el descontento de los hinchas y por la obligación de reconstruir rápidamente el ánimo del grupo. Central sabe que no puede seguir dejando pasar puntos, sobre todo en condición de local, donde ahora tendrá la responsabilidad de levantar frente a un rival que llega en un gran momento. En ese sentido, el encuentro ante Ciudad Bolívar no será uno más: tendrá el peso de una verdadera final para empezar a salir del fondo y apaciguar el malestar de la gente.

Adrián Bastía busca respuestas y admite su preocupación

Uno de los focos principales en la previa pasa por el trabajo del entrenador Adrián Bastía. El técnico azabache afronta un momento complejo y, tras la caída ante Almirante Brown, dejó una frase que resume bastante bien el escenario actual: “Hay que tratar de hacer un equilibrio y no lo estamos logrando. La verdad que estoy preocupado. Hay que trabajar”. Esa declaración expone con claridad que el cuerpo técnico reconoce los problemas del equipo y que la búsqueda de soluciones se volvió urgente.

Bastía también hizo referencia a uno de los déficits más evidentes de Central Norte en lo que va del torneo: la falta de gol. “Sí. Está costando hacer goles. Los números lo marcan. Uno hace todo lo posible. Entrenamos muchísimo y todo eso. No está saliendo. Tenemos que trabajar más. Cambiar el sistema, a lo mejor. Creo que por momentos intentamos buen fútbol. Por momentos somos muy superiores al rival. Tenemos que seguir trabajando y tratando de encontrar la vuelta”, sostuvo el entrenador.

Esa lectura del DT abre varios interrogantes de cara al partido ante Ciudad Bolívar. ¿Habrá modificaciones tácticas? ¿Cambiará nombres o dibujo? ¿Buscará más presencia ofensiva? Lo concreto es que Bastía trabaja para encontrar una reacción y para darle al equipo una respuesta más confiable, especialmente en ataque, donde Central viene mostrando demasiadas dificultades para traducir sus intentos en goles y resultados.

La baja de Gianluca Mancuso, un problema para el Cuervo

En este panorama ya de por sí exigente, Central Norte tendrá una ausencia importante para recibir a Ciudad Bolívar. Gianluca Mancuso no podrá estar por haber llegado al límite de cinco tarjetas amarillas, lo que obliga al cuerpo técnico a meter mano en la formación. La baja no es menor, porque se trata de un futbolista con participación en el funcionamiento del equipo y con influencia en los tramos donde Central intenta ganar agresividad ofensiva y dinámica en el medio.

Sin Mancuso, Bastía no solo debe resolver un reemplazo, sino también definir si ese cambio vendrá acompañado por otros movimientos en el once inicial. El DT ya trabaja sobre esa variante obligada y analiza cómo rearmar una estructura que necesita equilibrio, pero también mayor eficacia. En una semana corta y cargada de exigencias, cada decisión tendrá un peso especial.

Ciudad Bolívar llega como un rival de cuidado

Si el panorama de Central Norte ya era exigente, el contexto del rival no hace más que elevar el nivel de dificultad del compromiso. Ciudad Bolívar llegará a Salta como el único invicto de la Zona A, una condición que lo convierte en uno de los equipos más firmes del campeonato hasta este tramo de la temporada. El conjunto dirigido por Diego Funes suma dos triunfos y siete empates, acumula 13 puntos y se ubica en el séptimo lugar, en zona de clasificación.

Además, Ciudad Bolívar viene de conseguir una victoria importante como local frente a Deportivo Madryn por 1-0, gracias a un gol de Guillermo Sánchez en los instantes finales de un partido muy parejo. Ese triunfo no solo le permitió seguir invicto, sino también consolidarse en una posición expectante en la tabla y llegar a Salta con confianza.

La lectura es clara: Central Norte no enfrentará a un rival accesible ni a un equipo en formación. Enfrentará a un adversario ordenado, competitivo y que ha demostrado una regularidad que el Cuervo todavía no consigue sostener. Por eso, el partido del domingo aparece como una de las pruebas más exigentes de este tramo del torneo para el conjunto salteño.

Un partido bravo en el Martearena

Los documentos del club ya marcan el partido ante Bolívar como “una parada brava”, y el contexto lo confirma. Central Norte no solo necesita sumar, sino hacerlo en medio de un ambiente que exigirá respuestas inmediatas. La gente llegará al Padre Martearena con bronca acumulada por la derrota ante Almirante Brown y con la expectativa de ver un equipo más sólido, más decidido y más efectivo.

Eso vuelve al encuentro especialmente delicado. Porque cuando un equipo juega en casa después de una semana de descontento, todo se potencia: la ansiedad, el peso del resultado, la presión del entorno y la necesidad de no cometer errores. Central deberá administrar ese escenario emocional con inteligencia, sin perder de vista que enfrente tendrá a un rival que puede aprovechar cualquier desorden.

Qué necesita mejorar Central Norte

La previa ante Ciudad Bolívar deja en evidencia varios aspectos que Central Norte necesita corregir con urgencia. El primero es la eficacia ofensiva. El propio Bastía lo remarcó: el equipo está teniendo problemas serios para convertir y eso condiciona todo lo demás. Cuando un equipo genera poco y convierte menos, termina dependiendo casi exclusivamente del orden defensivo o de que el rival no aproveche sus chances. Esa ecuación suele ser muy frágil en una categoría tan pareja como la Primera Nacional.

El segundo punto pasa por el equilibrio general del equipo. Bastía habló justamente de esa falta de balance y allí aparece una de las claves del presente: Central tiene tramos aceptables, por momentos compite bien, incluso se muestra superior en algunos pasajes, pero no logra sostener una línea durante los 90 minutos. Esa irregularidad es la que le impidió afirmarse en la tabla y la que explica por qué llega tan condicionado a este duelo como local.

Central Norte, obligado a reaccionar en casa

La necesidad es total. Central Norte sabe que frente a Ciudad Bolívar no solo pondrá en juego tres puntos, sino también buena parte de su estabilidad en este tramo de la temporada. Después de la derrota en Buenos Aires, el partido del domingo en el Padre Martearena aparece como una obligación. Ganar sería cortar la mala racha, aliviar el clima interno y recuperar terreno en la tabla. Empatar dejaría sensaciones ambiguas. Perder, en cambio, profundizaría el descontento y aumentaría la preocupación.

Por eso, toda la semana de trabajo está orientada a encontrar una respuesta. Central Norte necesita otra imagen. Necesita ser más confiable, más agresivo y más claro. Y necesita hacerlo ante uno de los equipos más consistentes de la zona. Ese cruce entre urgencia propia y solidez ajena convierte al duelo ante Ciudad Bolívar en uno de los partidos más atractivos y tensos de la fecha.

El desafío de levantar frente al único invicto

Pocas veces un partido puede resumir tan bien el momento de un equipo. Central Norte llega herido, cuestionado y obligado a reaccionar. Ciudad Bolívar, en cambio, aterriza en Salta como el único invicto de la Zona A y con la tranquilidad de saberse competitivo. Esa oposición de realidades construye una previa muy potente desde lo futbolístico y también desde lo emocional.

Para el Cuervo, el desafío no será solo ganarle a un rival duro. Será también volver a creer, reconectar con su gente y demostrar que todavía tiene herramientas para torcer su rumbo en la Primera Nacional 2026. El domingo, en el Martearena, se jugará mucho más que un partido.

Datos del partido

Partido: Central Norte vs Ciudad Bolívar
Competencia: Primera Nacional 2026 – Fecha 11, Zona A
Día: Domingo 26 de abril de 2026
Hora: 17:00
Estadio: Padre Ernesto Martearena, Salta




Tras el flojo empate ante Güemes, Gimnasia y Tiro viaja a Buenos Aires con bajas y muchas dudas

Después del pobre 1-1 ante Güemes de Santiago del Estero en el Gigante del Norte, Gimnasia y Tiro de Salta vuelve a armar las valijas para una nueva gira por Buenos Aires. El equipo de Juan Manuel Azconzábal afrontará dos compromisos determinantes, ante Tristán Suárez por la Primera Nacional y frente a Vélez Sarsfield por la Copa Argentina, en un contexto marcado por lesiones, bajo rendimiento y la necesidad urgente de reaccionar.

Gimnasia y Tiro de Salta atraviesa uno de los momentos más delicados de su temporada 2026. El empate 1-1 frente a Güemes de Santiago del Estero en el Gigante del Norte, lejos de significar un punto de apoyo, dejó una nueva imagen preocupante de un equipo sin regularidad, con muchas dificultades futbolísticas y ahora también condicionado por las lesiones. En ese escenario, el Albo se prepara para un nuevo viaje a Buenos Aires, donde afrontará dos partidos de enorme importancia en pocos días: primero visitará a Tristán Suárez por la Primera Nacional y luego se medirá con Vélez Sarsfield por la Copa Argentina.

La igualdad ante Güemes profundizó la preocupación. Gimnasia no solo dejó escapar otra chance de recuperar terreno en la Zona B, sino que además volvió a mostrar un funcionamiento muy flojo. El conjunto dirigido por Juan Manuel Azconzábal quedó en deuda en su propia cancha, apenas rescató un punto y estiró a seis la cantidad de partidos sin ganar en el campeonato. La sensación que quedó en Salta fue que el equipo sigue sin levantar cabeza y que el pase histórico a los 16avos de final de la Copa Argentina no logró convertirse en un impulso real dentro del torneo doméstico.

El partido frente a Güemes dejó más problemas que soluciones. Nicolás Rinaldi había puesto en ventaja al Albo con un golazo sobre el cierre del primer tiempo, pero en el complemento el equipo volvió a desordenarse y permitió el empate de Santiago Sala, en una acción que expuso otra vez todas sus falencias defensivas. Más allá del resultado, la actuación general volvió a encender alarmas: Gimnasia fue un equipo largo, desconectado entre líneas, sin presión coordinada, con escaso juego asociado y con una alarmante fragilidad para sostener el resultado.

Pero el golpe no quedó solo en lo futbolístico. En la primera etapa ante el Gaucho, el Millonario perdió por lesión a dos piezas importantes: Juan Galetto, por una molestia en uno de sus tobillos, y Gonzalo Soto, por una dolencia muscular. Ambos debieron salir antes de tiempo y ahora son duda seria para lo que viene. Los dos jugadores están siendo evaluados por el cuerpo médico del club y se esperan estudios para determinar el alcance de sus lesiones y el tiempo que demandará su recuperación.

Estas posibles ausencias se suman a un plantel que ya venía tocado desde lo físico. Lautaro Montoya e Ivo Cháves arrastraban molestias que ya los habían condicionado en la competencia, y ahora el cuerpo técnico vuelve a encontrarse con el problema de tener que rearmar especialmente el sector derecho. La situación no es menor, porque Azconzábal deberá encontrar variantes en una zona sensible de la cancha justo antes de dos compromisos de máxima exigencia.

El panorama obliga al entrenador a tomar decisiones rápidas. En la organización del viaje a Buenos Aires, Gimnasia y Tiro no solo debe definir la lista para el partido frente a Tristán Suárez, sino también planificar una permanencia más extensa que contempla el posterior cruce con Vélez por Copa Argentina. Es decir, la logística ya no pasa únicamente por la Primera Nacional: el Albo está obligado a administrar cargas, mover piezas y sostener la competitividad en dos frentes al mismo tiempo.

El primer desafío será este domingo, cuando el equipo salteño visite a Tristán Suárez desde las 15, con arbitraje de Juan Pafundi. El Lechero aparece como uno de los rivales más incómodos del grupo, ya que se ubica entre los equipos de arriba y representa una prueba durísima para un Gimnasia que no encuentra estabilidad. Para Azconzábal, el partido será clave no solo por los puntos, sino también porque puede marcar el termómetro real de su ciclo en un contexto de urgencia.

La parada siguiente será todavía más exigente desde lo simbólico y lo competitivo: Vélez Sarsfield por la Copa Argentina. Ese encuentro llega después de que Gimnasia y Tiro lograra una clasificación histórica frente a Gimnasia de Mendoza, a quien eliminó por penales tras igualar 0-0 en los 90 minutos en el estadio Eduardo Gallardón de Los Andes. Esa noche, el gran héroe fue Joaquín Papaleo, determinante en la definición y figura de un equipo que supo resistir y competir mejor de lo que venía mostrando en el torneo.

Aquella victoria tuvo un valor enorme para la historia del club. Gimnasia y Tiro avanzó por primera vez a los 16avos de final del certamen y, además, se convirtió en el primer representante salteño en superar la instancia inicial del cuadro principal desde Juventud Antoniana en la temporada 2012-2013. En un semestre lleno de altibajos, la Copa Argentina apareció como el gran respiro. Sin embargo, el empate posterior ante Güemes volvió a dejar en claro que el equipo todavía no logra sostener una línea de crecimiento.

Por eso, el viaje a Buenos Aires tiene un valor especial. No se trata solo de una gira con dos partidos en agenda, sino de una etapa que puede marcar el rumbo del ciclo Azconzábal. Si Gimnasia logra competir de igual a igual ante Tristán Suárez y Vélez, el plantel podría recuperar confianza. Pero si vuelve a mostrar la fragilidad exhibida ante Güemes, el escenario se volverá todavía más complejo para un entrenador que llegó para enderezar el rumbo y que, hasta ahora, sigue sin conseguir una reacción firme en el campeonato.

El propio Lautaro Gordillo, goleador del equipo en la Primera Nacional, fue claro tras el empate con Güemes. El delantero reconoció que la prioridad debe ser el torneo, admitió que los resultados no se están dando y remarcó que no queda otra que levantar la cabeza y seguir. También hizo referencia al desgaste físico de una seguidilla intensa de tres partidos en una semana, algo a lo que el plantel no estaba acostumbrado y que, según su mirada, explica parte de las lesiones recientes.

Las palabras del atacante sirven para entender el momento. Gimnasia y Tiro pasó, en muy pocos días, de la euforia por eliminar a Gimnasia de Mendoza a la frustración por otro empate que dejó gusto a poco en la Primera Nacional. En el medio, el equipo acumuló minutos, cansancio, lesiones y nuevas dudas futbolísticas. Gordillo también reconoció que tanto él como sus compañeros estaban bien predispuestos y se sentían en condiciones de competir, pero que el desgaste aparece con el correr de los minutos y que no hay tiempo para lamentos.

Desde lo futbolístico, el principal problema del Albo sigue siendo la falta de una identidad clara. Contra Güemes, el equipo mostró desconexión entre mediocampo y defensa, dificultad para hacer circular la pelota, poca capacidad para abastecer a sus delanteros y problemas serios cuando le atacan los espacios. Azconzábal intentó modificar el dibujo durante el partido, incluso con una propuesta más ofensiva, pero no logró corregir los errores de fondo. La visita, incluso, tuvo situaciones como para llevarse algo más.

Ese contexto explica por qué el cruce ante Tristán Suárez puede ser un punto de quiebre. El Lechero es uno de los equipos más sólidos de la Zona B y obligará a Gimnasia a mostrar una versión mucho más firme. No habrá demasiado margen para sostener improvisaciones defensivas ni desconcentraciones, sobre todo si se confirman las ausencias de Galetto y Soto. La necesidad de competir con orden y de reducir errores será central para un equipo que hoy aparece más obligado que nunca.

Después llegará Vélez, un rival de otra categoría, en una Copa Argentina que ya le dio a Gimnasia una alegría histórica. El desafío será enorme, pero también puede convertirse en una oportunidad. En este tipo de partidos, donde el favoritismo está del otro lado, el Albo ya demostró frente a Gimnasia de Mendoza que puede refugiarse bien, sostener la tensión competitiva y apostar a momentos puntuales del encuentro. El problema es que esa versión todavía no aparece con continuidad en la Primera Nacional.

En términos de calendario, la exigencia no da respiro. El equipo salteño viene de afrontar una seguidilla intensa, debe volver a salir de la provincia y encima lo hará con un plantel condicionado. La gestión del viaje, de las cargas físicas y de la recuperación de lesionados será determinante para saber cómo se plantará en Buenos Aires. Azconzábal no solo debe preparar partidos: también tiene que reconstruir un equipo desde lo anímico y físico.

En el torneo, la necesidad es evidente. Gimnasia y Tiro dejó atrás aquel arranque prometedor en el que supo ganar tres partidos y mirar a todos desde arriba. Hoy la realidad es otra: el equipo se desinfló, perdió regularidad, cambió de entrenador y quedó atrapado en una racha negativa que lo obliga a reaccionar cuanto antes. El objetivo inmediato pasa por no seguir cediendo terreno en una zona muy pareja y por volver a mostrar la competitividad que supo tener al inicio del campeonato.

El viaje a Buenos Aires, entonces, tendrá mucho de examen. Será una prueba para el cuerpo técnico, para un plantel golpeado y para una estructura que necesita respuestas en medio de las dificultades. Tristán Suárez y Vélez asoman como dos compromisos de peso, distintos entre sí, pero igual de importantes para medir el verdadero estado del Albo. Tras el pobre empate con Güemes, ya no alcanza con los diagnósticos: Gimnasia y Tiro necesita reaccionar.




Gimnasia y Tiro volvió a decepcionar: pobre empate ante Güemes en el Gigante del Norte

Gimnasia y Tiro de Salta no pudo aprovechar el impulso de la histórica clasificación en Copa Argentina y apenas empató 1-1 frente a Güemes de Santiago del Estero en el Gigante del Norte. El equipo de Juan Manuel Azconzábal volvió a dejar una imagen preocupante, estiró su racha negativa y sigue sin reaccionar en la Primera Nacional.

Gimnasia y Tiro de Salta volvió a quedar en deuda. Cuando todo parecía indicar que el histórico pase a los 16avos de final de la Copa Argentina podía convertirse en un punto de partida para la recuperación, el Albo mostró otra vez una versión pálida, desordenada y sin respuestas futbolísticas. En el Gigante del Norte, empató 1-1 frente a Güemes de Santiago del Estero por la décima fecha de la Zona B de la Primera Nacional y dejó una sensación muy amarga entre sus hinchas.

El empate no solo estira la racha negativa del Millonario, sino que además confirma un presente preocupante. Gimnasia y Tiro acumula ya seis partidos sin ganar en el torneo y todavía no pudo sumar de a tres desde la llegada de Juan Manuel Azconzábal. El equipo salteño sigue sin reaccionar en el campeonato y, más allá de algún momento aislado, volvió a mostrar muchas dificultades para construir juego, defender con solidez y sostener la ventaja.

La noche comenzó con un trámite impreciso, incómodo y con errores de ambos lados. A Gimnasia le costó desde el arranque hacer pie en el partido. Entró dormido, con desacoples defensivos, sin fluidez para manejar la pelota y con un mediocampo desconectado del fondo y de los delanteros. Güemes, sin ser una maravilla, se mostró más asociado y más claro en sus intenciones durante buena parte de la primera mitad.

El equipo de Azconzábal fue un conjunto largo, partido, con volantes que no lograban mostrarse para ofrecer una salida limpia y con delanteros que recibían siempre pelotas sucias o lanzamientos forzados. Esa falta de circuito colectivo fue una de las marcas más evidentes de un equipo que no encuentra funcionamiento. Gimnasia quedaba expuesto cada vez que Güemes lograba superar una línea y, sin presión sobre el poseedor, los santiagueños encontraban campo para progresar.

La primera aproximación del local llegó recién a los 16 minutos con un remate alto de Juan Rocca, en una acción que apenas sirvió para romper la monotonía de un inicio flojo. Del otro lado, Güemes avisó a los 20 con Franco Bergés, que desperdició una chance clara para la visita. Aunque el Gaucho tampoco fue profundo de manera constante, sí mostraba una estructura más compacta y una idea más clara para disputar el partido.

Como si el rendimiento no fuera suficiente problema, el Albo además sufrió dos golpes importantes en el primer tiempo. En apenas 31 minutos perdió por lesión a Juan Galetto y Gonzalo Soto, dos futbolistas clave en la estructura defensiva. Esas salidas obligaron a rearmar la última línea, con Jonás Aguirre improvisado como lateral izquierdo y con un equipo todavía más desacomodado. El contexto empeoró para un Gimnasia que ya venía jugando mal y que terminó todavía más desarmado.

Pese a todo eso, el conjunto salteño encontró la ventaja cerca del final del primer tiempo. A los 42 minutos, tras un pelotazo largo a Fabricio Rojas y un rebote que quedó en la medialuna, Nicolás Rinaldi sacó un remate de gran calidad y marcó un verdadero golazo para poner el 1-0. Fue una acción más ligada a la jerarquía individual que al juego colectivo, pero alcanzó para que el Albo se fuera al descanso arriba en el marcador en un partido que, hasta ese momento, había ofrecido poco para destacar.


Ese tanto de Rinaldi parecía abrir una puerta para que Gimnasia pudiera acomodarse y sostenerse desde la ventaja. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. En el arranque del complemento, el equipo volvió a exhibir todas sus debilidades. Güemes salió mejor, empezó a conectar pases con mayor claridad y encontró espacios para atacar a un rival mal parado, desconcentrado y sin equilibrio.

El empate llegó rápido y fue un golpe durísimo. A los 50 minutos, Manuel Guanini perdió una pelota en ataque, David Véliz levantó la cabeza y asistió a Santiago Sala, que aprovechó el contragolpe y definió con categoría para establecer el 1-1. Fue un tanto que dejó en evidencia todos los problemas del Albo: mala toma de decisiones, escasa cobertura, retroceso lento y una enorme fragilidad estructural. Gimnasia convirtió en realidad el peor escenario posible y le permitió a Güemes igualar en una acción que parecía evitable desde varios segundos antes.

Después de la igualdad, el partido dejó en claro que la visita incluso pudo haberse llevado algo más. Güemes se mostró más suelto, aprovechó el desconcierto del local y tuvo oportunidades para lastimar de contra. De hecho, el equipo santiagueño hizo méritos por momentos como para quedarse con los tres puntos, aunque le faltó eficacia en los últimos metros. Esa incapacidad para cerrar mejor algunas acciones terminó sosteniendo con vida a un Gimnasia y Tiro que siguió ofreciendo muy poco.

El Albo tuvo algunas respuestas más por empuje que por claridad. Azconzábal intentó darle un perfil más ofensivo al equipo con modificaciones y con un dibujo que apostó a dos delanteros de referencia, además del ingreso de Nicolás Contín. Entre Walter Montoya y Fabricio Rojas trataron de encontrar alguna conexión para arrimar peligro, pero el recurso terminó siendo casi siempre el mismo: centros al área o remates lejanos, sin elaboración ni sorpresa.

Una de las chances más claras del complemento la tuvo Lautaro Gordillo cerca de la hora de juego, cuando erró de cabeza en soledad tras un centro pasado de Walter Montoya. Fue una oportunidad inmejorable para volver a adelantarse, pero el delantero no pudo resolver. Ya en el tramo final, Franco Sivetti también tuvo una ocasión, aunque su remate débil terminó en las manos de Leandro Finochietto. Fueron intentos aislados, insuficientes para maquillar otra actuación muy floja del conjunto salteño.

El equipo de Juan Vita, por su parte, hizo su negocio. Llegó a Salta con un planteo conservador, apostó por un bloque ordenado y encontró en el segundo tiempo los espacios que no había tenido en la primera mitad. Sin demasiadas figuras rutilantes, Güemes entendió mejor el partido, aprovechó los errores ajenos y terminó llevándose un punto valioso que incluso dejó la sensación de ser poco para sus méritos en el complemento.

Para Gimnasia y Tiro, en cambio, el empate deja mucho más que una unidad. Deja preocupación, fastidio y una señal de alarma cada vez más fuerte. El equipo no logra repuntar en el torneo, no encuentra una identidad definida y sigue sin mostrar mejorías claras pese al cambio de entrenador. La clasificación ante Gimnasia de Mendoza en la Copa Argentina había generado ilusión, pero el campeonato volvió a exponer las limitaciones de un equipo que se quedó sin juego, sin confianza y sin respuestas colectivas.

Además, el contexto en la tabla empieza a apretar. Con este resultado, Gimnasia y Tiro sigue alejándose del arranque prometedor que había tenido en la temporada. De aquel equipo que supo liderar y entusiasmar en las primeras fechas queda cada vez menos. Hoy el Albo aparece atrapado en una dinámica negativa, sin capacidad para sostener resultados y con muchas dudas de cara a lo que viene.

El próximo desafío será todavía más exigente: visitar a Tristán Suárez, uno de los escoltas del grupo. Para Azconzábal, el reto será enorme, porque no solo deberá corregir cuestiones tácticas y futbolísticas, sino también levantar el ánimo de un plantel golpeado. Gimnasia necesita reencontrarse con una idea y con una reacción urgente si no quiere que la crisis deportiva siga profundizándose.

Del lado de Güemes, el empate lo deja con diez puntos y todavía afuera de la zona de Reducido, aunque con la sensación de haber dado un paso positivo. El Gaucho se plantó con personalidad en Salta, corrigió su imagen tras la derrota ante San Martín de Tucumán y demostró que, con orden y convicción, puede competir ante rivales de peso. Su próximo compromiso será frente a Atlanta como local.

La conclusión para Gimnasia y Tiro es clara y dura: otra vez jugó mal, otra vez dejó escapar puntos y otra vez alimentó la preocupación de su gente. El 1-1 frente a Güemes no solo fue un tropiezo más. Fue la confirmación de que el equipo atraviesa un momento futbolístico muy pobre, sin señales firmes de recuperación y con más dudas que certezas en un torneo largo que no espera a nadie.




Central Norte cayó sobre el final ante Almirante Brown

Central Norte sufrió una dolorosa derrota en Isidro Casanova al caer 1-0 ante Almirante Brown por la fecha 10 de la Primera Nacional. Cuando el empate parecía sellado, Javier Martínez apareció sobre el cierre del partido y dejó al equipo salteño con las manos vacías en un duelo clave por la zona baja.

Central Norte volvió a quedarse con un sabor amargo en la Primera Nacional 2026. El equipo dirigido por Adrián Bastía perdió 1-0 ante Almirante Brown en el estadio Fragata Presidente Sarmiento, por la fecha 10 de la Zona A, en un partido cerrado, tenso y con muy poco margen de error. Cuando parecía que el empate estaba consumado, Javier Martínez apareció en el tramo final y marcó el único gol de la tarde para darle aire al conjunto de Isidro Casanova y dejar al Cuervo otra vez golpeado.

La derrota duele por varios motivos. En primer lugar, porque Central Norte enfrentaba a un rival directo en la parte baja de la tabla y tenía una oportunidad concreta de sumar fuera de casa en un contexto de mucha necesidad. En segundo término, porque el equipo salteño logró sostenerse durante gran parte del encuentro, pero volvió a quedarse sin premio en un cierre adverso. Y por último, porque el resultado profundiza una campaña que todavía no encuentra regularidad ni respuestas firmes en momentos decisivos.

Un partido parejo que se resolvió en un detalle

El desarrollo del partido tuvo la lógica de dos equipos urgidos, condicionados por el contexto y conscientes de que cada error podía costar carísimo. No fue un encuentro de vuelo alto ni de demasiadas situaciones claras. Más bien, se trató de un duelo trabado, muy disputado y con escasas diferencias futbolísticas. Central Norte logró resistir durante buena parte del juego y parecía encaminado a rescatar al menos un punto de su visita a Isidro Casanova. Sin embargo, esa resistencia no alcanzó.

El momento decisivo llegó a los 39 minutos del segundo tiempo. Javier Martínez tomó la pelota, construyó la jugada y sacó un remate que terminó en el fondo de la red para decretar el 1-0 definitivo a favor de Almirante Brown. Fue un golpe tardío, inesperado por el contexto del partido, pero letal para un Central Norte que no consiguió reaccionar a tiempo y terminó volviendo a Salta con las manos vacías.

Ese tanto definió un encuentro que hasta entonces parecía moverse en la cornisa del empate. La sensación más fuerte que deja la derrota del Cuervo es justamente esa: en un cruce parejo y con poco brillo, un detalle inclinó toda la historia. Y otra vez, Central quedó del lado de la frustración.

Central Norte volvió a mostrar sus problemas de fondo

La caída ante Almirante Brown no es un hecho aislado. Más bien se inscribe en una secuencia que viene repitiéndose en el recorrido reciente del equipo de Adrián Bastía. El conjunto azabache compite, pelea, intenta sostenerse, pero le cuesta transformar esos esfuerzos en resultados. Ya venía de dejar escapar dos puntos muy importantes como local ante Mitre de Santiago del Estero, en un 1-1 que se le escurrió sobre el final, y ahora volvió a sufrir otro desenlace negativo en un cierre de partido.

Allí aparece uno de los grandes déficits de este Central Norte 2026: la imposibilidad de cerrar bien los partidos y de sostener resultados o igualdades que parecen al alcance de la mano. Frente a Mitre, el equipo ganaba y terminó empatando por un gol en contra de Elías Calderón. Ante Almirante Brown, el empate parecía firmado y terminó cayendo por la aparición de Javier Martínez. En ambos casos, la sensación fue similar: un equipo que no logró administrar el tramo final y lo pagó muy caro.

El golpe anímico para el equipo de Bastía

La derrota también representa un impacto anímico fuerte para Central Norte. El equipo llegaba a este compromiso con la necesidad de reencontrarse con la victoria y de empezar a acomodarse en una tabla muy apretada. Tenía enfrente a un rival que atravesaba su propia crisis, que acumulaba una larga racha sin ganar y que además estrenaba entrenador. Era, en ese marco, una oportunidad de oro para sumar, presionar a un rival directo y recuperar confianza. Pero ocurrió lo contrario: Almirante Brown aprovechó el empuje del debut de Andrés Montenegro y Central volvió a quedar en deuda.

Para Bastía, el resultado también supone un nuevo foco de presión. Su equipo todavía no logra consolidar una identidad clara ni una regularidad competitiva. Ha tenido pasajes positivos, como el triunfo en el clásico salteño ante Gimnasia y Tiro o la victoria frente a All Boys, pero sigue sin encontrar estabilidad. La campaña avanza y el margen para seguir dejando puntos se reduce.

Almirante Brown encontró alivio y Central Norte se quedó sin nada

Del otro lado, Almirante Brown vivió una jornada de desahogo. El Mirasol cortó una racha de seis partidos sin triunfos en el debut de Andrés Montenegro como entrenador, salió de los puestos de descenso y dio un salto importante en la tabla gracias a la gran paridad que reina en la Zona A. Esa lectura agranda todavía más la dimensión de la derrota para Central Norte: no solo perdió un partido, sino que además revitalizó a un rival directo en un momento delicado.

El equipo salteño no pudo capitalizar el contexto adverso del rival y terminó siendo testigo del renacimiento futbolístico de una Fragata que llegaba llena de dudas. Eso es lo que vuelve tan doloroso el resultado: Central no cayó ante un rival lanzado o dominante, sino ante uno que venía mal y encontró un alivio justo frente al Cuervo.

Qué dejó el partido para Central Norte

Desde lo futbolístico, la derrota en Isidro Casanova deja varias señales de alerta. Central Norte volvió a mostrar limitaciones para generar peligro en un partido cerrado. El equipo pudo competir desde el orden y la resistencia, pero no logró imponer condiciones ni lastimar con claridad. En una categoría tan pareja como la Primera Nacional, eso suele pagarse caro: cuando no hacés diferencia en tus momentos, cualquier detalle en contra puede derrumbar todo el trabajo previo.

También queda en evidencia que al Azabache le sigue costando demasiado jugar de visitante. Esa dificultad para hacerse fuerte fuera de Salta condiciona su recorrido y le impide despegarse de la zona media-baja. Si el equipo quiere aspirar a algo más que pelear por sostenerse, necesita sumar con mayor frecuencia lejos de casa y dejar de depender casi exclusivamente de lo que pueda producir como local.

La derrota ante Almirante Brown agrava la irregularidad

A esta altura del campeonato, la palabra que mejor define el presente de Central Norte es irregularidad. El equipo no consigue encadenar resultados positivos, alterna buenas y malas sensaciones, y no logra transformar las mejoras parciales en una tendencia firme. La caída ante Almirante Brown vuelve a marcar esa inestabilidad: después del empate frustrante ante Mitre, el Cuervo necesitaba una reacción; en cambio, recibió otro golpe.

Y cuando un equipo entra en esa dinámica, cada fecha empieza a pesar más. No solo por la tabla, sino por el desgaste emocional que implica competir siempre al borde de la urgencia. Central Norte todavía tiene tiempo para corregir y levantar, pero necesita hacerlo pronto. El torneo no espera y la Zona A muestra una paridad que castiga con dureza a quienes no logran sostener una línea.

Javier Martínez, el verdugo de una tarde amarga

En un partido sin demasiados nombres propios destacados, Javier Martínez terminó quedándose con toda la escena. Su gol a los 39 minutos del segundo tiempo cambió el ánimo del estadio, desató el festejo del pueblo aurinegro y dejó a Central Norte con una derrota muy difícil de digerir. Fue el futbolista que resolvió lo que nadie había podido romper hasta ese momento.

Para el Cuervo, su aparición se transformó en la imagen de una tarde frustrante: resistencia, esfuerzo, expectativa de sumar y, de repente, caída sobre el final. Esa secuencia resume bastante bien lo que vivió el equipo de Bastía en Isidro Casanova.

Central Norte perdió una oportunidad importante

Más allá del resultado puntual, la lectura de fondo es clara: Central Norte dejó pasar una chance importante. Enfrentaba a un rival que también llegaba golpeado, en una cancha difícil, sí, pero en un contexto accesible para al menos rescatar algo. El 1-0 final lo devuelve a Salta sin puntos y con más preguntas que respuestas.

El desafío ahora será levantarse rápido, corregir errores y evitar que esta derrota haga más profundo el bajón. La temporada es larga, pero la paciencia en la Primera Nacional suele ser corta. Central necesita recuperar confianza, puntos y, sobre todo, una sensación de solidez que hoy todavía no consigue construir.