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Tomás Etcheverry Miami Open ya es una combinación histórica para el tenis argentino. El platense derrotó al español Rafael Jódar por 7-5 y 6-4, se metió por primera vez en los octavos de final de un ATP Masters 1000 y confirmó su gran presente en una de las mejores semanas de su carrera.
Tomás Etcheverry dio un paso enorme en su carrera y firmó una victoria de alto valor en el Miami Open 2026. El argentino derrotó al español Rafael Jódar por 7-5 y 6-4 y consiguió meterse por primera vez en los octavos de final de un ATP Masters 1000, rompiendo una barrera que hasta ahora se le había negado en su trayectoria profesional. El triunfo no solo significó un resultado importante por el contexto del torneo, sino también una confirmación de madurez competitiva en un partido que tuvo momentos delicados, exigencia mental y una reacción de gran nivel.
El partido no fue sencillo para el platense. Etcheverry se encontró con un rival peligroso, suelto y sin presión, que venía en ascenso y dispuesto a seguir sorprendiendo. Jódar, uno de los nombres emergentes de la nueva generación del tenis español, lo obligó a jugar un encuentro incómodo desde el arranque. El argentino fue de menos a más, atravesó pasajes de duda y llegó incluso a estar contra las cuerdas en el primer set, cuando el madrileño dispuso de un set point con el marcador 5-4 y 30/40. Sin embargo, allí apareció la mejor versión mental del sudamericano, que logró escapar del peligro, quebró en el momento justo y terminó inclinando la manga a su favor.
Ese primer parcial marcó buena parte de la historia. Porque si bien Jódar mostró personalidad, agresividad y una confianza muy alta, Etcheverry supo resistir cuando peor la pasaba. Luego de sobrevivir a ese momento crítico, el argentino empezó a acomodarse mejor en la cancha, encontró mayor claridad en los intercambios y comenzó a imponer su experiencia. En el segundo set volvió a golpear en los momentos decisivos y con otro quiebre terminó cerrando un triunfo muy valioso, cimentado en la paciencia y en su capacidad para responder bajo presión. Según las estadísticas compartidas en la información que me pasaste, convirtió 2 de 6 oportunidades de quiebre, una eficacia suficiente para destrabar un partido complejo.
Hubo también una situación curiosa que quedó como una de las imágenes particulares del encuentro. En el 3-2 del segundo set, el partido se interrumpió brevemente porque Jódar tuvo que cambiarse los cordones de sus zapatillas, que se habían roto en medio de un punto. Fue uno de esos momentos insólitos que suelen aparecer en jornadas largas, tensas y con mucha carga emocional. Aun así, el argentino logró sostener el foco y no dejó que el desarrollo se le escapara.
Más allá de la victoria, el logro adquiere todavía más importancia si se observa el contexto de la carrera de Etcheverry. El argentino había intentado sin éxito meterse en octavos de final de un Masters 1000 en tres oportunidades anteriores. Se había quedado en tercera ronda en Roma 2024 ante Hubert Hurkacz, en Shanghái 2024 frente a Jannik Sinner y en Toronto 2025 contra Francisco Cerúndolo. Esta vez, finalmente, logró romper esa barrera y lo hizo en un escenario de mucho prestigio como Miami, uno de los torneos más importantes del calendario sobre pista dura.
El presente del argentino ayuda a explicar este salto. Etcheverry venía de un debut exigente ante Zizou Bergs, al que venció por doble tie-break, y aterrizó en esta tercera ronda con confianza renovada luego de haber conquistado semanas atrás su primer título ATP en Río de Janeiro. Incluso, antes de este partido había dejado en claro cuál era su objetivo inmediato para la temporada: llegar a Roland Garros dentro del Top 20. Esa ambición habla de un jugador que ya no se conforma con competir bien, sino que quiere instalarse definitivamente entre los mejores del circuito.
Además, el triunfo le permitió extender una estadística muy favorable: Etcheverry alcanzó 21 victorias consecutivas ante jugadores ubicados fuera del Top 50. No pierde frente a un rival de ese rango desde julio del año pasado, cuando cayó con Filip Misolic en Kitzbühel. Esa regularidad ante rivales de menor ranking es otro síntoma del crecimiento del argentino, que está aprendiendo a sostener su jerarquía y a evitar tropiezos en partidos que, por contexto, pueden volverse tramposos.
Del otro lado, también vale remarcar el gran torneo de Rafael Jódar, que pese a la eliminación dejó una imagen muy positiva en Florida. El español de 19 años llegó desde la qualy y encadenó una racha notable de victorias frente a Manas Dhamne, Benjamin Bonzi, Yannick Hanfmann y Aleksandar Vukic, en una actuación que le permitió firmar la mejor performance de su carrera en un torneo grande y asegurarse su ingreso al Top 100. Antes de cruzarse con Etcheverry, además, ya había demostrado su potencial con una victoria ante Cameron Norrie en Acapulco y con un ascenso meteórico que lo llevó de estar fuera del Top 900 a transformarse en una de las grandes promesas del tenis español.
La progresión de Jódar explica también por qué este partido era considerado tan riesgoso para el argentino. No se trataba solo de enfrentar a un rival joven, sino a uno que venía con ritmo, confianza y sin nada que perder. El madrileño había superado a Hanfmann en su primera victoria en un Masters 1000, había mostrado un tenis agresivo y una gran respuesta con su primer servicio, y llegaba a este duelo con la posibilidad real de seguir soñando. En ese contexto, la victoria de Etcheverry toma todavía más relieve. No venció a un rival cualquiera, sino a uno de los jóvenes que más ruido vienen haciendo en este inicio de temporada.
Ahora, el siguiente desafío para el argentino será aún mayor. En busca de los cuartos de final del Miami Open, Etcheverry se medirá con el estadounidense Tommy Paul, preclasificado número 22, que avanzó luego de superar al belga Raphael Collignon por 6-2, 3-6 y 7-6(5) en dos horas y 20 minutos. Será otra prueba exigente para un jugador que ya hizo historia personal en Florida y que quiere seguir agrandando una campaña que, hasta acá, ya es inolvidable.
Con esta victoria, Tomás Etcheverry no solo consiguió un pasaje histórico a los octavos de final de un Masters 1000. También envió un mensaje claro al circuito: está en uno de los mejores momentos de su carrera, compite con mayor convicción y ya tiene la madurez suficiente para ganar partidos complicados en los grandes escenarios. Miami, por ahora, le sienta bien. Y el sueño argentino sigue vivo.


Juventud Antoniana