Después del pobre 1-1 ante Güemes de Santiago del Estero en el Gigante del Norte, Gimnasia y Tiro de Salta vuelve a armar las valijas para una nueva gira por Buenos Aires. El equipo de Juan Manuel Azconzábal afrontará dos compromisos determinantes, ante Tristán Suárez por la Primera Nacional y frente a Vélez Sarsfield por la Copa Argentina, en un contexto marcado por lesiones, bajo rendimiento y la necesidad urgente de reaccionar.
Gimnasia y Tiro de Salta atraviesa uno de los momentos más delicados de su temporada 2026. El empate 1-1 frente a Güemes de Santiago del Estero en el Gigante del Norte, lejos de significar un punto de apoyo, dejó una nueva imagen preocupante de un equipo sin regularidad, con muchas dificultades futbolísticas y ahora también condicionado por las lesiones. En ese escenario, el Albo se prepara para un nuevo viaje a Buenos Aires, donde afrontará dos partidos de enorme importancia en pocos días: primero visitará a Tristán Suárez por la Primera Nacional y luego se medirá con Vélez Sarsfield por la Copa Argentina.
La igualdad ante Güemes profundizó la preocupación. Gimnasia no solo dejó escapar otra chance de recuperar terreno en la Zona B, sino que además volvió a mostrar un funcionamiento muy flojo. El conjunto dirigido por Juan Manuel Azconzábal quedó en deuda en su propia cancha, apenas rescató un punto y estiró a seis la cantidad de partidos sin ganar en el campeonato. La sensación que quedó en Salta fue que el equipo sigue sin levantar cabeza y que el pase histórico a los 16avos de final de la Copa Argentina no logró convertirse en un impulso real dentro del torneo doméstico.
El partido frente a Güemes dejó más problemas que soluciones. Nicolás Rinaldi había puesto en ventaja al Albo con un golazo sobre el cierre del primer tiempo, pero en el complemento el equipo volvió a desordenarse y permitió el empate de Santiago Sala, en una acción que expuso otra vez todas sus falencias defensivas. Más allá del resultado, la actuación general volvió a encender alarmas: Gimnasia fue un equipo largo, desconectado entre líneas, sin presión coordinada, con escaso juego asociado y con una alarmante fragilidad para sostener el resultado.
Pero el golpe no quedó solo en lo futbolístico. En la primera etapa ante el Gaucho, el Millonario perdió por lesión a dos piezas importantes: Juan Galetto, por una molestia en uno de sus tobillos, y Gonzalo Soto, por una dolencia muscular. Ambos debieron salir antes de tiempo y ahora son duda seria para lo que viene. Los dos jugadores están siendo evaluados por el cuerpo médico del club y se esperan estudios para determinar el alcance de sus lesiones y el tiempo que demandará su recuperación.
Estas posibles ausencias se suman a un plantel que ya venía tocado desde lo físico. Lautaro Montoya e Ivo Cháves arrastraban molestias que ya los habían condicionado en la competencia, y ahora el cuerpo técnico vuelve a encontrarse con el problema de tener que rearmar especialmente el sector derecho. La situación no es menor, porque Azconzábal deberá encontrar variantes en una zona sensible de la cancha justo antes de dos compromisos de máxima exigencia.
El panorama obliga al entrenador a tomar decisiones rápidas. En la organización del viaje a Buenos Aires, Gimnasia y Tiro no solo debe definir la lista para el partido frente a Tristán Suárez, sino también planificar una permanencia más extensa que contempla el posterior cruce con Vélez por Copa Argentina. Es decir, la logística ya no pasa únicamente por la Primera Nacional: el Albo está obligado a administrar cargas, mover piezas y sostener la competitividad en dos frentes al mismo tiempo.
El primer desafío será este domingo, cuando el equipo salteño visite a Tristán Suárez desde las 15, con arbitraje de Juan Pafundi. El Lechero aparece como uno de los rivales más incómodos del grupo, ya que se ubica entre los equipos de arriba y representa una prueba durísima para un Gimnasia que no encuentra estabilidad. Para Azconzábal, el partido será clave no solo por los puntos, sino también porque puede marcar el termómetro real de su ciclo en un contexto de urgencia.
La parada siguiente será todavía más exigente desde lo simbólico y lo competitivo: Vélez Sarsfield por la Copa Argentina. Ese encuentro llega después de que Gimnasia y Tiro lograra una clasificación histórica frente a Gimnasia de Mendoza, a quien eliminó por penales tras igualar 0-0 en los 90 minutos en el estadio Eduardo Gallardón de Los Andes. Esa noche, el gran héroe fue Joaquín Papaleo, determinante en la definición y figura de un equipo que supo resistir y competir mejor de lo que venía mostrando en el torneo.
Aquella victoria tuvo un valor enorme para la historia del club. Gimnasia y Tiro avanzó por primera vez a los 16avos de final del certamen y, además, se convirtió en el primer representante salteño en superar la instancia inicial del cuadro principal desde Juventud Antoniana en la temporada 2012-2013. En un semestre lleno de altibajos, la Copa Argentina apareció como el gran respiro. Sin embargo, el empate posterior ante Güemes volvió a dejar en claro que el equipo todavía no logra sostener una línea de crecimiento.
Por eso, el viaje a Buenos Aires tiene un valor especial. No se trata solo de una gira con dos partidos en agenda, sino de una etapa que puede marcar el rumbo del ciclo Azconzábal. Si Gimnasia logra competir de igual a igual ante Tristán Suárez y Vélez, el plantel podría recuperar confianza. Pero si vuelve a mostrar la fragilidad exhibida ante Güemes, el escenario se volverá todavía más complejo para un entrenador que llegó para enderezar el rumbo y que, hasta ahora, sigue sin conseguir una reacción firme en el campeonato.
El propio Lautaro Gordillo, goleador del equipo en la Primera Nacional, fue claro tras el empate con Güemes. El delantero reconoció que la prioridad debe ser el torneo, admitió que los resultados no se están dando y remarcó que no queda otra que levantar la cabeza y seguir. También hizo referencia al desgaste físico de una seguidilla intensa de tres partidos en una semana, algo a lo que el plantel no estaba acostumbrado y que, según su mirada, explica parte de las lesiones recientes.
Las palabras del atacante sirven para entender el momento. Gimnasia y Tiro pasó, en muy pocos días, de la euforia por eliminar a Gimnasia de Mendoza a la frustración por otro empate que dejó gusto a poco en la Primera Nacional. En el medio, el equipo acumuló minutos, cansancio, lesiones y nuevas dudas futbolísticas. Gordillo también reconoció que tanto él como sus compañeros estaban bien predispuestos y se sentían en condiciones de competir, pero que el desgaste aparece con el correr de los minutos y que no hay tiempo para lamentos.
Desde lo futbolístico, el principal problema del Albo sigue siendo la falta de una identidad clara. Contra Güemes, el equipo mostró desconexión entre mediocampo y defensa, dificultad para hacer circular la pelota, poca capacidad para abastecer a sus delanteros y problemas serios cuando le atacan los espacios. Azconzábal intentó modificar el dibujo durante el partido, incluso con una propuesta más ofensiva, pero no logró corregir los errores de fondo. La visita, incluso, tuvo situaciones como para llevarse algo más.
Ese contexto explica por qué el cruce ante Tristán Suárez puede ser un punto de quiebre. El Lechero es uno de los equipos más sólidos de la Zona B y obligará a Gimnasia a mostrar una versión mucho más firme. No habrá demasiado margen para sostener improvisaciones defensivas ni desconcentraciones, sobre todo si se confirman las ausencias de Galetto y Soto. La necesidad de competir con orden y de reducir errores será central para un equipo que hoy aparece más obligado que nunca.
Después llegará Vélez, un rival de otra categoría, en una Copa Argentina que ya le dio a Gimnasia una alegría histórica. El desafío será enorme, pero también puede convertirse en una oportunidad. En este tipo de partidos, donde el favoritismo está del otro lado, el Albo ya demostró frente a Gimnasia de Mendoza que puede refugiarse bien, sostener la tensión competitiva y apostar a momentos puntuales del encuentro. El problema es que esa versión todavía no aparece con continuidad en la Primera Nacional.
En términos de calendario, la exigencia no da respiro. El equipo salteño viene de afrontar una seguidilla intensa, debe volver a salir de la provincia y encima lo hará con un plantel condicionado. La gestión del viaje, de las cargas físicas y de la recuperación de lesionados será determinante para saber cómo se plantará en Buenos Aires. Azconzábal no solo debe preparar partidos: también tiene que reconstruir un equipo desde lo anímico y físico.
En el torneo, la necesidad es evidente. Gimnasia y Tiro dejó atrás aquel arranque prometedor en el que supo ganar tres partidos y mirar a todos desde arriba. Hoy la realidad es otra: el equipo se desinfló, perdió regularidad, cambió de entrenador y quedó atrapado en una racha negativa que lo obliga a reaccionar cuanto antes. El objetivo inmediato pasa por no seguir cediendo terreno en una zona muy pareja y por volver a mostrar la competitividad que supo tener al inicio del campeonato.
El viaje a Buenos Aires, entonces, tendrá mucho de examen. Será una prueba para el cuerpo técnico, para un plantel golpeado y para una estructura que necesita respuestas en medio de las dificultades. Tristán Suárez y Vélez asoman como dos compromisos de peso, distintos entre sí, pero igual de importantes para medir el verdadero estado del Albo. Tras el pobre empate con Güemes, ya no alcanza con los diagnósticos: Gimnasia y Tiro necesita reaccionar.



