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Sorana Cîrstea firmó una final inolvidable en Cluj-Napoca y derrotó con autoridad a Emma Raducanu por 6-0 y 6-2 para consagrarse campeona del Transylvania Open. En su última aparición en el torneo y en el año final de su carrera, la rumana celebró el título más emotivo de su trayectoria.
El Transylvania Open tuvo un cierre cargado de simbolismo, emoción y tenis de alto nivel. Ante un BT Arena colmado, Sorana Cîrstea ofreció una actuación demoledora y venció por 6-0 y 6-2 a Emma Raducanu en la final del WTA 250 de Cluj-Napoca.
Para Cîrstea, de 35 años, el triunfo tuvo un significado especial: fue el cuarto título WTA de su carrera —tras Taskent 2008, Estambul 2021 y Cleveland 2025— y el primero conseguido en suelo rumano, además de llegar en su última participación en Cluj y en la temporada final de su carrera profesional.
Una final sin fisuras
La diferencia en la final fue contundente. Raducanu, primera cabeza de serie del torneo y número 30 del ranking mundial, cedió los ocho primeros juegos del partido ante una Cîrstea precisa, agresiva y sin fisuras desde el fondo de la cancha.
La británica logró romper el servicio cuando caía 6-0 y 2-0 para abrir su marcador y solicitó que se le tomara la tensión arterial, un reflejo del desgaste físico y mental acumulado durante la semana. Aun así, lejos de su mejor forma, solo pudo igualar momentáneamente el segundo set en 2-2 antes de perder los cuatro juegos finales, en una definición que se resolvió en apenas una hora de juego.
El camino de cada una hasta la final
La final enfrentó a dos jugadoras que habían llegado al partido decisivo por rutas muy distintas.
- Sorana Cîrstea dominó todo el torneo sin ceder un solo set, mostrando una solidez notable en cada presentación.
- Emma Raducanu, en cambio, debió batallar en cada ronda, sobreviviendo a partidos largos y exigentes, y demostrando carácter competitivo para alcanzar su primera final WTA desde el histórico US Open 2021.
Para Raducanu, el duelo representaba la posibilidad de lograr su primer título WTA y segundo trofeo de su carrera, casi cinco años después de aquella gesta inolvidable en Nueva York, cuando se convirtió en la primera jugadora de la Era Abierta en ganar un Grand Slam llegando desde la clasificación.
Un título cargado de emoción
Al finalizar el partido, Cîrstea se dirigió al público con un discurso profundamente emotivo, que marcó uno de los momentos más conmovedores del torneo.
“Me retiraré del tenis a finales de este año y me retiraré como una persona feliz. Y eso es gracias a los recuerdos que me dieron esta semana en Cluj”, expresó la rumana, visiblemente emocionada.
La campeona agradeció a la organización y al público por lo que definió como “un torneo maravilloso, el mejor WTA 250 y uno de los mejores del circuito”, y tuvo un gesto de grandeza al desearle a Raducanu que regrese algún día a Cluj para ganar el trofeo.
El valor del contexto
Más allá del resultado, la final estuvo cargada de significado. Dos jugadoras consagradas, en momentos muy distintos de sus carreras, se encontraron en un partido que podía redefinir su presente y su futuro.
Para Cîrstea, fue la confirmación de que aún tiene nivel para competir al máximo y cerrar su carrera con una página dorada. Para Raducanu, significó volver a una final grande, recuperar sensaciones y confirmar que el trabajo realizado durante la semana la vuelve a colocar en la conversación del circuito.
Raducanu y el apoyo del público
Aunque el desenlace no fue el esperado, Raducanu había destacado en días previos el rol fundamental del público de Cluj y el esfuerzo físico realizado para llegar hasta la final.
“El público me ayudó muchísimo. Me sentí como en casa y luché cada pelota. Estos dolores y este cansancio los siento como una recompensa por haber llegado a la final”, había señalado tras su victoria en semifinales.


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