Comenzó a los 6 años en Amistad y Progreso en Barrio Rucci, donde dio sus primeros pasos. Luego pasó al club grifa y luego al Club Social y Deportivo Río Negro, donde se fue formando como futbolista.[3]
En 2019, con edad de 6ta, firmó para Central Córdoba, convirtiendo más de 30 goles.[3]
En 2021, se probó en Rosario Central, sumándose a las divisiones inferiores.[3] Al año siguiente ya estaba disputando encuentros con la reserva del club rosarino.[4]
Rosario Central
En abril de 2023, Módica firmó su primer contrato profesional que lo liga al club “canalla” hasta diciembre de 2026.[4] Con la reserva, llegó a la final de la Copa Santa Fe convirtiendo 2 goles en 4 partidos, siendo subcampeón al perder la final contra Unión de Santa Fe.[cita requerida]
En septiembre de ese año fue citado por primera vez para disputar un encuentro con la primera división de Rosario Central, en un partido correspondiente a la fecha 4 de la Copa de la Liga Profesional contra Colón.[4]
Su debut como profesional se dio la fecha siguiente, en un empate 1 a 1 contra Independiente. En dicho encuentro, ingresó a los 70 minutos sustituyendo a Tobías Cervera.[5] Luego volvió a sumar minutos en la última fecha del torneo en el que su equipo se consagraría campeón.
En 2024, comenzó a tener mayores oportunidades en el equipo, marcando su primer gol como profesional en la fecha 3 de la fase de grupos de la Copa Libertadores contra Caracas FC.[3]
Es hijo del exfutbolista Pablo Módica, que se desempeñó en Central Córdoba de Rosario y en clubes del ascenso italiano de la región de Liguria. Esto explica su nacionalidad, ya que nació en Italia cuando su padre desarrollaba su carrera en dicho país.[3]
En el año 2024, relato que se encontraba junto con su abuela enfrente al edificio de Calle Salta 2141, recordado por la explosión del 6 de agosto de 2013 por una fuga de gas. Produciendo que una de las torres de la edificación (contaba con tres), se derrumbará producto del estallido. Por consiguiente la muerte de 22 personas y otras 62 sufrieran heridas de diferentes consideraciones. Tanto Él como su abuela, sobrevivieron y pudieron salir a salvo del lugar. En ese momento se encontraban en el séptimo piso del edificio de enfrente que al igual que el resto de departamentos de alrededores sufrieron daños producto de la onda expansiva.[6]
La Unión de Colón ganó una batalla enorme y se metió en cuartos de final de La Liga Argentina
Cumpleaños
abril 27, 2026
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En un quinto partido cargado de tensión, carácter y emociones, La Unión de Colón derrotó a Pico FC por 83 a 79, cerró la serie de octavos de final y avanzó a cuartos, donde enfrentará a Santa Paula con ventaja de localía.
La Unión de Colón ganó el quinto punto y sacó boleto a cuartos
La Unión de Colón escribió una de esas noches que quedan marcadas en la memoria de una temporada. En el estadio Carlos José Delasoie, el Rojo se quedó con un partido durísimo, venció a Pico FC por 83 a 79 y logró la clasificación a los cuartos de final de La Liga Argentina, después de una serie intensa, pareja y emocionalmente desgastante.
El equipo colonense necesitaba hacerse fuerte en casa y respondió. Lo hizo ante un rival que llegó con envión, después de haber igualado la serie en La Pampa, y que volvió a competir hasta la última pelota. Pero La Unión tuvo temple, defensa, carácter y una figura enorme: Guido Cabrera, quien firmó una planilla extraordinaria con 22 puntos, 13 rebotes, 5 asistencias y 43 de valoración. Del otro lado, Leonardo Mainoldi volvió a ser determinante para Pico FC con 22 puntos, 6 rebotes, 2 asistencias y 30 de valoración.
Un arranque firme del Rojo
La Unión entró mejor al partido. Desde el salto inicial mostró paciencia para construir sus ofensivas, intensidad para defender y claridad para imponer el ritmo. Pico FC, en cambio, tuvo un comienzo incómodo: estuvo los primeros tres minutos sin convertir y debió correr desde atrás desde muy temprano.
El local aprovechó ese momento inicial para tomar confianza. Sin desesperarse, encontró buenos tiros, cargó el rebote y empezó a manejar el trámite desde la energía de su gente. Pico, con el correr de los minutos, logró reencontrarse con el aro y achicó la diferencia, pero el primer golpe quedó en manos del Rojo, que cerró el cuarto inicial arriba por 23 a 18.
Ese primer parcial fue importante no solo por la ventaja numérica, sino porque le permitió a La Unión instalar el partido en el terreno que más le convenía: posesiones trabajadas, defensa física y control emocional.
Pico reaccionó y puso en problemas al local
El segundo cuarto mostró otra cara de Pico FC. El conjunto pampeano ajustó mejor sus espacios defensivos, empezó a correr con mayor criterio y encontró respuestas ofensivas para meterse de lleno en el partido. La visita no solo descontó, sino que llegó a pasar al frente en el tanteador.
La Unión tuvo que atravesar un momento complejo. Pico cerró caminos, ensució las ofensivas del local y obligó al Rojo a resolver en escenarios de mayor presión. Sin embargo, el equipo de Colón no perdió la calma. Reaccionó en el tramo final del período y consiguió irse al descanso largo arriba por apenas dos puntos: 42 a 40.
La ventaja era mínima, pero en un quinto juego cada detalle pesa. La Unión logró sostener el liderazgo antes del entretiempo, algo clave para no permitir que Pico se adueñara completamente del desarrollo psicológico del partido.
El tercer cuarto fue de Pico y la serie quedó al rojo vivo
A la vuelta del descanso, el partido ganó dramatismo. Pico FC mostró uno de sus mejores pasajes de la noche: fue más intenso, defendió con mayor comunicación y encontró mejores decisiones en ataque. El equipo visitante logró contener mejor a La Unión y capitalizó errores del local, especialmente en algunas pérdidas producto de la falta de comunicación.
Ese tramo fue el más delicado para el Rojo. Pico consiguió pasar al frente y cerró el tercer cuarto arriba por 69 a 66, dejando todo abierto para los últimos diez minutos.
Pero la visita también sufrió un golpe importante: la lesión de Rodrigo Sánchez, uno de sus referentes. Esa salida condicionó el cierre para el equipo pampeano, aunque igualmente se mantuvo competitivo y con chances reales hasta la última posesión.
Un final de playoffs: presión, defensa y carácter
El último cuarto fue exactamente lo que se espera de un quinto partido de playoffs: nervios, intensidad, contacto, errores forzados y posesiones de altísimo valor. Pico FC intentó acelerar para sostener la ventaja, pero La Unión respondió con carácter.
El Rojo ajustó en defensa, aumentó la presión sobre la pelota y encontró algunas conversiones decisivas para volver a pasar al frente. La clave estuvo en no quebrarse cuando el partido parecía inclinarse para la visita. En lugar de perder el orden, La Unión subió su nivel competitivo.
Con menos de 20 segundos por jugar, Pico FC tuvo la pelota para empatar el partido. Era la posesión que podía cambiar la historia. Pero allí apareció la defensa más importante de la noche: La Unión presionó, cerró líneas de pase y forzó una pérdida por ocho segundos, una acción decisiva que terminó inclinando definitivamente la serie.
El cierre fue puro desahogo. La Unión ganó 83 a 79, celebró ante su gente y se metió entre los ocho mejores equipos de la temporada.
Guido Cabrera, una actuación de enorme jerarquía
La gran figura de la noche fue Guido Cabrera. Su partido fue completo, dominante y decisivo. No solo anotó 22 puntos, sino que además bajó 13 rebotes, repartió 5 asistencias y terminó con una valoración impresionante de 43.
En una noche donde cada pelota tenía peso de clasificación, Cabrera fue el sostén emocional y deportivo del Rojo. Apareció en el goleo, ayudó en la lucha aérea, tomó buenas decisiones y fue determinante en los momentos más calientes del partido.
Su actuación resume buena parte de lo que fue La Unión en la serie: esfuerzo, paciencia, intensidad y capacidad para competir bajo presión.
Mainoldi sostuvo a Pico hasta el final
Pico FC se despidió de la competencia con la frente alta. El conjunto pampeano había logrado levantar una serie muy difícil, después de quedar abajo, y llegó al quinto juego con chances reales de dar el golpe como visitante.
Leonardo Mainoldi fue el jugador más destacado de la visita. Con 22 puntos, 6 rebotes y 2 asistencias, volvió a mostrar su jerarquía y experiencia en una noche de alta exigencia. Su valoración de 30 refleja la importancia que tuvo dentro del funcionamiento de Pico.
El equipo pampeano compitió, estuvo al frente en el tercer cuarto y tuvo la pelota para empatar en el cierre. La diferencia estuvo en los detalles: una pérdida, una defensa clave, una posesión mal resuelta y la fortaleza de La Unión en su casa.
Una serie cambiante y muy exigente
La clasificación de La Unión tuvo un recorrido exigente. El Rojo comenzó la llave con autoridad en Colón, donde ganó los dos primeros partidos y pareció encaminar rápidamente la serie. En el primer juego se impuso con solidez por 97 a 75, mostrando defensa, efectividad y un gran funcionamiento colectivo. Luego volvió a ganar como local por 85 a 76, adelantándose 2-0.
Sin embargo, Pico FC reaccionó en La Pampa. Primero descontó con un triunfo por 68 a 54, apoyado en una defensa muy firme. Después volvió a imponerse en el cuarto punto por 80 a 75, forzando el quinto y decisivo partido.
Ese contexto hizo todavía más valiosa la victoria final de La Unión. El equipo de Colón había visto cómo la serie pasaba de estar 2-0 a quedar igualada 2-2, con toda la presión de definir en casa. Y aun así respondió.
El próximo rival: Santa Paula de Gálvez
Con esta victoria, La Unión de Colón avanzó a los cuartos de final de La Liga Argentina, donde enfrentará a Santa Paula de Gálvez. El dato no es menor: el Rojo tendrá ventaja de localía, un factor que puede ser importante en una instancia donde cada detalle pesa.
Santa Paula llega a cuartos después de eliminar a Sportivo Suardi con una serie sólida, mostrando poder ofensivo, carácter y profundidad. Será un cruce atractivo entre dos equipos que llegan con confianza y con argumentos para seguir avanzando.
La Unión, por su parte, llega fortalecido por haber sobrevivido a una serie límite. Ganar un quinto partido de playoffs siempre deja algo más que una clasificación: deja confianza, madurez y una prueba de carácter superada.
Síntesis del partido
La Unión de Colón 83 – Pico FC 79 Serie: La Unión ganó 3-2 y clasificó a cuartos de final. Figura: Guido Cabrera, con 22 puntos, 13 rebotes, 5 asistencias y 43 de valoración. Destacado en Pico FC: Leonardo Mainoldi, con 22 puntos, 6 rebotes, 2 asistencias y 30 de valoración. Próximo rival: Santa Paula de Gálvez. Condición: La Unión tendrá ventaja de localía en cuartos.
Gimnasia y Tiro volvió a perder en Buenos Aires y su presente preocupa cada vez más
Cumpleaños
abril 27, 2026
Edad
0
Gimnasia y Tiro volvió a mostrar una imagen preocupante en la Primera Nacional: perdió 2-1 ante Tristán Suárez en el estadio 20 de Octubre, no logra cortar la mala racha y llega golpeado a una semana clave con Copa Argentina en el horizonte.
Gimnasia y Tiro cayó ante Tristán Suárez y profundizó su mal momento
Gimnasia y Tiro de Salta volvió a tropezar en la Primera Nacional y su presente empieza a generar preocupación. El equipo dirigido por Juan Manuel Azconzábal perdió 2-1 ante Tristán Suárez en el estadio 20 de Octubre, por la fecha 11 de la Zona B, y sumó una nueva frustración en un campeonato que había comenzado con ilusión, pero que con el correr de las jornadas se transformó en una cadena de dudas, lesiones, bajo rendimiento y resultados adversos.
El Albo no pudo sostenerse ante un rival que atraviesa una realidad completamente distinta. Tristán Suárez volvió a hacerse fuerte en Ezeiza, llegó a 30 partidos sin perder como local y se mantiene en los puestos altos de la Zona B. Según el reporte del partido, el Lechero quedó segundo con 20 puntos, mientras que Gimnasia y Tiro terminó la jornada en la undécima posición con 12 unidades.
La derrota dejó una sensación conocida: Gimnasia compitió por momentos, encontró el empate parcial, pero volvió a pagar caro sus errores y terminó sin respuestas futbolísticas para rescatar al menos un punto. Maximiliano Álvarez abrió el marcador a los 17 minutos del primer tiempo, Nicolás Rinaldi igualó para el Albo y Jonathan Berón, en el complemento, marcó el 2-1 definitivo para Tristán Suárez.
Un arranque cuesta arriba y otro error que condicionó el partido
El inicio del partido mostró a Tristán Suárez más decidido, con mayor claridad para atacar y con una postura agresiva para jugar en campo rival. A los pocos minutos, Alejandro Molina ya había avisado con un remate cruzado que pasó cerca del palo. Gimnasia, en cambio, arrancó incómodo, sin fluidez en el mediocampo y con demasiada dependencia del pelotazo como recurso ofensivo.
A los 17 minutos llegó el primer golpe. Un centro desde la derecha parecía controlable para Joaquín Papaleo, pero el arquero no pudo retener la pelota y Maximiliano Álvarez aprovechó el rebote para empujarla al gol. Fue una jugada que resumió parte del momento albo: desconcentración, fragilidad y una nueva obligación de correr desde atrás en el resultado.
Gimnasia intentó reaccionar, aunque sin demasiada elaboración. La pelota parada volvió a aparecer como una de sus herramientas más confiables. A los 35 minutos, Nicolás Rinaldi capturó una pelota dentro del área, luego de una acción aérea, y estableció el 1-1 parcial. El empate le dio algo de aire al conjunto salteño, pero no alcanzó para modificar de fondo el desarrollo.
El complemento volvió a desnudar los problemas del Albo
En el segundo tiempo, Tristán Suárez recuperó protagonismo y volvió a golpear en un momento clave. Gimnasia no logró construir sociedades, le costó salir con claridad y volvió a mostrar dificultades para sostener el partido desde lo futbolístico. A los 28 minutos del complemento, Jonathan Berón apareció en el área y definió para marcar el 2-1 que terminó siendo definitivo.
Desde allí, el equipo salteño fue más empuje que juego. Buscó con centros, pelotas largas y acciones aisladas, pero no encontró los caminos para inquietar seriamente al arquero Nicolás Sumavil. Tristán Suárez, por su parte, manejó la ventaja con orden, cerró espacios y sostuvo un triunfo clave para seguir prendido arriba.
La imagen final volvió a ser preocupante para Gimnasia y Tiro: un equipo sin claridad, con poca generación ofensiva, con problemas para defender momentos puntuales y con una caída anímica evidente. La derrota no solo duele por el resultado, sino por el contexto en el que llega.
La crisis futbolística de Gimnasia y Tiro se agranda
El problema de Gimnasia y Tiro no se explica solamente por esta caída ante Tristán Suárez. La preocupación surge por la acumulación de partidos sin respuestas convincentes. El Albo había arrancado el torneo con fuerza, con tres triunfos consecutivos y una imagen sólida, pero luego entró en una pendiente que todavía no pudo cortar.
Tras vencer a Colegiales, Patronato y Almagro, el equipo salteño parecía encaminado a pelear arriba. Lautaro Gordillo era una de las grandes figuras del torneo, el equipo mostraba orden y la continuidad de una base importante invitaba a pensar en una campaña protagonista. Sin embargo, la derrota ante Nueva Chicago en Mataderos marcó un quiebre. Desde allí llegaron el golpe en el clásico ante Central Norte, la renuncia de Fernando Quiroz, el interinato de Sergio Plaza y el desembarco de Juan Manuel Azconzábal.
Con el Vasco en el banco, Gimnasia todavía no pudo ganar por el torneo. Perdió con Chacarita en su debut, empató con Güemes en Salta y ahora volvió a caer ante Tristán Suárez. En el medio, consiguió una alegría histórica en Copa Argentina al eliminar por penales a Gimnasia de Mendoza, pero ese envión no logró trasladarse a la Primera Nacional.
Un equipo largo, sin juego y con poca conexión entre líneas
El mayor déficit de Gimnasia y Tiro pasa por el funcionamiento. El equipo quedó muchas veces partido, con poca conexión entre defensa, mediocampo y ataque. En los últimos partidos se repitió una imagen: volantes que no logran hacerse dueños de la pelota, delanteros que reciben lejos del arco o incómodos, y una defensa que sufre cada vez que el rival encuentra espacios para correr.
Ante Güemes ya se habían visto señales alarmantes: un equipo largo, sin asociaciones, con demasiadas pelotas divididas y con dificultades para sostener ventajas. Frente a Tristán Suárez, la historia volvió a tener puntos en común. Gimnasia encontró el empate, pero no logró fortalecerse a partir de ese gol. En lugar de crecer, volvió a ceder terreno y terminó pagando caro.
Además, las lesiones también golpearon al plantel. Juan Galetto y Gonzalo Soto llegaron tocados después del partido ante Güemes, mientras que Ivo Cháves y Lautaro Montoya también habían arrastrado problemas físicos en semanas anteriores. Esa situación obligó al cuerpo técnico a mover piezas en una zona sensible, especialmente por el sector derecho, donde el equipo perdió alternativas naturales.
El ciclo de Azconzábal todavía busca respuestas
Juan Manuel Azconzábal asumió en un contexto difícil. Llegó después de la salida de Teté Quiroz, con poco tiempo de trabajo y una agenda cargada: Chacarita, Copa Argentina, Güemes, Tristán Suárez y luego Vélez. El técnico encontró un plantel golpeado, con lesionados y con una confianza que ya no era la misma del arranque del campeonato.
La clasificación por Copa Argentina ante Gimnasia de Mendoza fue un alivio institucional y deportivo. Sin embargo, en el torneo local el equipo sigue sin encontrar una identidad clara. Gimnasia no logra sostener intensidad, le cuesta defender con firmeza y no tiene volumen de juego suficiente para imponer condiciones.
El desafío del Vasco será reconstruir desde lo anímico y desde lo táctico. Gimnasia necesita volver a ser un equipo compacto, recuperar seguridad defensiva y encontrar variantes ofensivas más allá de la pelota parada o el envío largo. El margen todavía existe, porque la tabla está apretada, pero la tendencia preocupa.
Tristán Suárez, la contracara: fuerte de local y arriba en la tabla
Mientras Gimnasia atraviesa dudas, Tristán Suárez vive un presente firme. El equipo de José María Martínez volvió al triunfo, estiró su invicto como local a 30 partidos y se consolidó como uno de los protagonistas de la Zona B. El triunfo ante el Albo le permitió mantenerse cerca de la cima y alimentar su ilusión de pelear por los puestos importantes.
El Lechero mostró oficio para manejar los momentos del partido. Golpeó primero, soportó el empate y volvió a lastimar en el complemento. Después, defendió la ventaja con orden y no le permitió a Gimnasia generar peligro sostenido en el tramo final.
Lo que viene para Gimnasia y Tiro
La derrota llega en un momento especialmente delicado. Gimnasia y Tiro deberá cambiar rápido el chip porque tiene por delante el duelo ante Vélez por la Copa Argentina, un partido de enorme exigencia y vidriera nacional. Luego, deberá volver a poner el foco en la Primera Nacional, donde necesita cortar la mala racha cuanto antes.
El equipo quedó en una zona incómoda: todavía no está lejos de los puestos de clasificación, pero tampoco puede descuidarse de la parte baja. Esa dualidad obliga a reaccionar con urgencia. La campaña todavía tiene recorrido, pero el presente marca una señal de alerta.
Gimnasia ya no puede vivir del buen arranque ni de la alegría copera. Necesita volver a competir con solidez en el torneo, recuperar confianza y encontrar resultados que le permitan salir de este momento de incertidumbre.
Central Norte tocó fondo: perdió con Ciudad de Bolívar, quedó en descenso y Bastía renunció
Cumpleaños
abril 27, 2026
Edad
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Central Norte volvió a sufrir un golpe durísimo en la Primera Nacional: perdió 1-0 ante Ciudad de Bolívar en el estadio Padre Martearena, quedó comprometido en zona de descenso directo y, tras el partido, Adrián “Polaco” Bastía presentó su renuncia como entrenador. El ciclo se cerró con apenas dos triunfos en diez partidos y una campaña que nunca encontró rumbo.
Central Norte perdió con Ciudad de Bolívar y la crisis terminó con la renuncia de Bastía
Central Norte atraviesa uno de los momentos más delicados de su temporada en la Primera Nacional. El Cuervo volvió a tropezar en Salta, perdió 1-0 ante Ciudad de Bolívar por la fecha 11 de la Zona A y, como consecuencia directa de una campaña que venía acumulando golpes, Adrián Bastía dejó de ser el entrenador del equipo.
La derrota en el estadio Padre Ernesto Martearena no fue una caída más. Fue el punto final de un ciclo que nunca logró consolidarse, que tuvo algunos pequeños signos de recuperación, pero que terminó hundido por la falta de resultados, la escasa eficacia ofensiva y una preocupante fragilidad futbolística en los partidos decisivos.
El resultado dejó al Azabache en zona de descenso directo, anteúltimo en la tabla con apenas nueve puntos. La imagen del equipo volvió a ser insuficiente: empujó, buscó, insistió, pero careció de claridad para quebrar a un rival ordenado, práctico y mucho más efectivo en los momentos determinantes.
Un partido bravo que Central Norte no pudo resolver
El encuentro se presentó desde el inicio como una prueba de carácter para Central Norte. El equipo venía golpeado por la derrota ante Almirante Brown y necesitaba dar una respuesta inmediata ante su gente. El contexto era exigente: malestar de los hinchas, presión por la tabla y un rival que llegaba como uno de los equipos más incómodos de la Zona A.
Ciudad de Bolívar, recientemente ascendido a la categoría, arribó a Salta con una campaña sólida y con la condición de invicto. No era un adversario sencillo: venía de vencer a Deportivo Madryn y se había instalado en zona de clasificación, mostrando una estructura competitiva, ordenada y difícil de vulnerar.
Central Norte, en cambio, estaba obligado a ganar. Pero esa obligación no se tradujo en juego. El partido comenzó con mucha fricción en la mitad de la cancha, escasas situaciones claras y un desarrollo cerrado. Al Cuervo le costó construir desde el medio, no encontró sociedades ofensivas y volvió a padecer uno de sus grandes problemas de la temporada: la falta de profundidad.
El gol de Bolívar que cambió la historia
La diferencia llegó en una de las primeras aproximaciones profundas de la visita. Agustín Paredes envió un centro desde la derecha, la pelota se desvió en Jonathan Maciel y le quedó servida a Maximiliano Gutiérrez, que definió para poner el 1-0.
El golpe fue fuerte para Central Norte. No solo por el resultado, sino por el momento del partido y por el peso emocional que arrastraba el equipo. Otra vez, el Azabache quedó obligado a remar desde atrás. Otra vez, tuvo que perseguir un partido incómodo. Y otra vez, no encontró las herramientas futbolísticas necesarias para cambiar la historia.
A partir del gol, Ciudad de Bolívar hizo su negocio. Se ordenó, cerró espacios, redujo caminos interiores y apostó a sostener la ventaja. Central Norte adelantó sus líneas, intentó jugar más cerca del área rival, pero chocó contra sus propias limitaciones.
Mucho empuje, poca claridad
En el complemento, Central Norte asumió el protagonismo territorial. El equipo de Bastía cargó el área, buscó por las bandas y trató de instalarse en campo rival. Sin embargo, la reacción tuvo más empuje que fútbol.
El Cuervo mostró actitud, pero no encontró precisión. Le faltó pausa para elegir mejor, movilidad para desordenar a la defensa rival y contundencia para transformar sus aproximaciones en situaciones netas de gol.
Ciudad de Bolívar, por su parte, defendió con firmeza y tuvo en Agustín Rufinetti a una de sus piezas más importantes. El arquero visitante respondió cada vez que Central Norte logró inquietar y se transformó en una de las claves para sostener el cero.
El tramo final fue una síntesis del presente azabache: voluntad, nervios, centros, intentos aislados y una sensación de impotencia cada vez más marcada. El empate nunca llegó y el pitazo final desató una nueva crisis.
Bastía renunció tras la derrota
Después del partido, Adrián Bastía presentó su salida como entrenador de Central Norte. La decisión se dio inmediatamente después de la derrota ante Ciudad de Bolívar y en medio de una racha que ya no ofrecía margen.
La dirigencia confirmó la salida del técnico en un contexto de fuerte incertidumbre. El presidente Leandro Etchezar fue contundente al expresar: “No tenemos más técnico”. Además, explicó que la salida se produjo como parte de un acuerdo ya conversado con el entrenador, vinculado a la imposibilidad de encontrarle la vuelta al equipo.
La renuncia de Bastía no sorprendió por el momento deportivo, pero sí profundizó la sensación de urgencia institucional. Central Norte quedó sin entrenador, en zona roja y con la obligación de reaccionar de manera inmediata para evitar que la campaña se complique todavía más.
La mala campaña de Bastía al frente de Central Norte
El ciclo de Adrián Bastía dejó números muy pobres. En total, dirigió diez partidos, con dos triunfos, tres empates y cinco derrotas. El equipo sumó apenas nueve puntos y terminó ubicado en el anteúltimo puesto de la Zona A.
Más allá de los números, el problema principal fue futbolístico. Central Norte nunca logró consolidar una identidad clara. Por momentos intentó hacerse fuerte desde el orden defensivo, pero le costó muchísimo generar juego. En otros pasajes buscó adelantar líneas, aunque sin la coordinación necesaria para lastimar.
La falta de gol fue una marca del ciclo. Desde el arranque del campeonato, al equipo le costó convertir, producir situaciones claras y sostener una idea ofensiva. Incluso el propio Bastía había reconocido antes del partido con Ciudad de Bolívar que al equipo le estaba costando hacer goles y que los números marcaban esa dificultad.
El entrenador también había admitido su preocupación tras la derrota frente a Almirante Brown. “Hay que tratar de hacer un equilibrio y no lo estamos logrando”, había señalado. Esa frase terminó siendo una descripción perfecta de su ciclo: Central Norte nunca encontró equilibrio, ni regularidad, ni respuestas sostenidas.
Un ciclo que tuvo un respiro, pero no despegó
La etapa de Bastía tuvo un breve momento de alivio. Central Norte logró su primer triunfo de la temporada ante All Boys, con gol de Julián López, y luego consiguió una victoria muy valiosa en el clásico salteño frente a Gimnasia y Tiro. Ese triunfo pareció abrir una puerta distinta: el equipo ganó confianza, mostró solidez defensiva y empezó a salir del fondo.
Sin embargo, la levantada no tuvo continuidad. Después del clásico, llegaron nuevas señales de alarma. El Cuervo cayó ante Estudiantes de Buenos Aires, empató con Mitre en un partido que tenía controlado, perdió sobre el final ante Almirante Brown y volvió a caer en casa frente a Ciudad de Bolívar.
Esa secuencia fue letal: tres derrotas en las últimas cuatro presentaciones y apenas un empate. La caída ante Bolívar terminó de acelerar una salida que ya parecía inevitable.
Una derrota que duele por la tabla y por el contexto
La derrota ante Ciudad de Bolívar duele por varios motivos. Primero, porque fue como local. Segundo, porque Central Norte llegaba obligado a sumar de a tres. Tercero, porque el rival era una referencia de lo que el Cuervo no pudo construir: orden, eficacia, solidez y confianza.
El equipo salteño quedó en una situación extremadamente delicada. Con nueve puntos, en el anteúltimo lugar de la Zona A y en zona de descenso directo, el margen de error se redujo al mínimo.
La campaña ya no permite excusas. Central Norte necesita resultados urgentes, pero también necesita recuperar funcionamiento, convicción y fortaleza anímica. El equipo no solo pierde partidos: también pierde seguridad, confianza y conexión con su gente.
Norman Juárez asumirá de manera interina
Tras la salida de Bastía, el plantel quedará momentáneamente bajo la conducción de Norman Juárez, ex defensor del club, quien asumirá de forma interina mientras la dirigencia define al nuevo entrenador.
La comisión directiva, encabezada por Leandro Etchezar, ya comenzó la búsqueda del reemplazante. El objetivo es resolver la situación rápidamente, teniendo en cuenta que el próximo compromiso será frente a Defensores de Belgrano, en condición de visitante.
El desafío para el cuerpo técnico interino será complejo: levantar anímicamente a un plantel golpeado, ordenar al equipo en pocos días y preparar una visita difícil ante uno de los rivales fuertes de la zona.
Central Norte quedó frente a una realidad incómoda y urgente. La derrota ante Ciudad de Bolívar fue el final de un ciclo que nunca logró afirmarse y que terminó golpeado por los resultados, la falta de gol y la caída libre en la tabla.
La salida de Adrián Bastía abre una nueva etapa, pero también expone el tamaño del problema. El Cuervo necesita un golpe de timón inmediato. Ya no alcanza con insinuar mejoras ni con sostener discursos de recuperación: la tabla aprieta, la zona de descenso está encima y la próxima decisión dirigencial puede marcar buena parte del futuro de la temporada.