Resumen
Créditos: Diario Panorama
Vélez de San Ramón y Sarmiento no se sacaron ventajas y terminaron igualados 0-0 en el partido de ida de los cuartos de final de la Región Centro del Torneo Regional Federal Amateur.
Published
4 años agoon
| Fecha | Hora |
|---|---|
| diciembre 11, 2022 | 7:00 pm |
| Equipo | Resultado |
|---|---|
| Vélez Sarsfield San Ramon | Draw |
| Club Atlético Sarmiento La Banda | Draw |
Créditos: Diario Panorama
Vélez de San Ramón y Sarmiento no se sacaron ventajas y terminaron igualados 0-0 en el partido de ida de los cuartos de final de la Región Centro del Torneo Regional Federal Amateur.
| MARTINEZ , CRISTIAN FERNANDO Arqueros | ||
| AVILA , AUGUSTO MARTIN Defensores | ||
| BRANDAN , IVAN Defensores | ||
| CORDERO , FRANCO JAVIER Defensores | ||
| MARQUEZ , ESTEBAN Defensores | ||
| ROMERO , MARTIN GUSTAVO Defensores | ||
| ANABIA DORADO , BRUNO AGUSTIN Volantes | ||
| DIAZ , BRIAN NAHUEL Volantes | ||
| PINTO , BRIAN Volantes | ||
| PINTO , FACUNDO Volantes | ||
| VELIZ , BRIAN Volantes | ||
| Alejandro Díaz Delanteros | ||
| Iván Garzón Delanteros | ||
| BOBBA , JUAN Arqueros | ||
| SANTILLAN , WALTER RAFAEL Arqueros | ||
| Pablo Costi Defensores | ||
| GALVAN , LUIS Defensores | ||
| Guillermo Guzmán Defensores | ||
| TEVEZ , ALAN Defensores | ||
| VARALDO , CARLOS Defensores | ||
| AVILA , LUCAS Volantes | ||
| D’AMATO , OSCAR EMILIO Volantes | ||
| GOMEZ , NICOLAS AGUSTIN Volantes | ||
| LETTARI , RAUL HECTOR Volantes | ||
| Sergio Javier Salto Volantes | ||
| VALDEZ , MARIO ADRIAN Volantes | ||
| Kevin Zamora Volantes | ||
| CORRAL , FRANCISCO Delanteros | ||
| LEGUIZAMON , LUIS ALBERTO Delanteros | ||
Published
6 horas agoon
junio 13, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 13, 2026 | 8:21 pm |
La final de Stuttgart ya está definida y tendrá un duelo completamente estadounidense. Taylor Fritz y Ben Shelton superaron exigentes semifinales en el BOSS OPEN y se enfrentarán por el título en una definición que promete potencia, espectáculo y una batalla de servicios sobre césped.
La final de Stuttgart enfrentará a dos de los mejores jugadores estadounidenses del momento. Taylor Fritz, vigente campeón del BOSS OPEN, y Ben Shelton, una de las grandes sensaciones del circuito ATP, se medirán por el título del ATP 250 alemán después de superar dos semifinales muy diferentes pero igualmente exigentes.
El duelo por el trofeo no solo definirá al campeón de Stuttgart 2026, sino que también servirá como una referencia importante de cara a Wimbledon, el gran objetivo de la gira sobre césped.
El primer finalista fue Taylor Fritz, quien derrotó al kazajo Alexander Bublik por 6-4 y 6-4 en apenas 68 minutos para alcanzar nuevamente la final del torneo alemán. El estadounidense completó una actuación impecable al servicio, conectando 13 aces y ganando el 78% de los puntos jugados con su primer saque.
La victoria tiene un valor especial porque Fritz llegó a Stuttgart tras una temporada irregular y marcada por lesiones. Sin embargo, sobre césped volvió a mostrar su mejor versión, consolidando una superficie que históricamente favorece su potente servicio y su agresivo revés.
“Tuve que luchar duro durante los dos primeros partidos. Me parece una locura haber llegado ya a la final. Siempre es bonito defender un título”, declaró el estadounidense tras el encuentro.
El actual número 9 del mundo disputará la final número 21 de su carrera y buscará levantar su primer trofeo de 2026. El año pasado conquistó Stuttgart sin ceder un solo set y ahora está a una victoria de repetir la historia.
Además, el estadounidense se convirtió en el primer jugador que logra disputar finales consecutivas en Stuttgart desde que el austríaco Thomas Muster encadenó títulos en 1995 y 1996, cuando el torneo todavía se jugaba sobre tierra batida.
Si la semifinal de Fritz fue controlada, la de Ben Shelton fue todo lo contrario.
El estadounidense protagonizó uno de los mejores partidos del torneo al derrotar al checo Jiri Lehecka por 6-7(4), 7-6(14) y 7-6(6), salvando dos puntos de partido en una verdadera batalla de nervios y potencia.
El encuentro se resolvió después de tres tie-breaks consecutivos y más de tres horas de intensidad máxima. Shelton volvió a demostrar una enorme fortaleza mental para remontar situaciones límite, algo que ya había hecho durante toda la semana.
“A veces el tenis no sale como uno espera. Perdí el primer set en todos los partidos que jugué esta semana. He estado eligiendo el camino más difícil, pero mis rivales han jugado partidos excelentes”, explicó Shelton tras sellar su clasificación.
El estadounidense atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Después de conquistar el ATP 500 de Múnich esta temporada y consolidarse entre los mejores jugadores del ranking, ahora suma otra final importante en una superficie donde cada vez se siente más cómodo.
Su potencia de saque, agresividad desde la devolución y capacidad atlética lo convierten en uno de los rivales más peligrosos del circuito.
La final enfrentará a dos jugadores con estilos similares pero con algunas diferencias importantes.
Taylor Fritz basa gran parte de su juego en la regularidad desde el fondo, la precisión de su primer servicio y la experiencia acumulada en grandes escenarios.
Ben Shelton, por su parte, apuesta por la explosividad, el riesgo permanente y uno de los servicios más veloces del circuito ATP.
Además, ambos llegan con confianza. Fritz busca defender el título conquistado en 2025, mientras que Shelton quiere sumar un nuevo trofeo a una temporada que ya incluye la conquista del ATP 500 de Múnich.
La final aparece extremadamente equilibrada.
Por experiencia, antecedentes en Stuttgart y adaptación a la superficie, Taylor Fritz parte con una ligera ventaja. Sin embargo, la diferencia es mínima y Shelton ya ha demostrado esta temporada que puede vencer a cualquier rival en los grandes escenarios.
Un partido largo podría favorecer al vigente campeón, mientras que una definición cerrada con tie-breaks podría potenciar las opciones de Shelton.
El ATP 250 de Stuttgart es uno de los torneos más importantes del calendario previo a Wimbledon. Desde que cambió la tierra batida por el césped en 2015, se transformó en una referencia para evaluar quiénes llegan mejor preparados a la gira verde.
Por sus pistas rápidas han pasado campeones como Rafael Nadal, Roger Federer, Matteo Berrettini, Frances Tiafoe y el propio Taylor Fritz.
La final reúne a dos generaciones diferentes del tenis estadounidense. Fritz representa la consolidación de un jugador que lleva años instalado entre los mejores del mundo. Shelton simboliza el futuro inmediato del tenis norteamericano, con un crecimiento constante y una personalidad competitiva que ya le permite disputar títulos importantes.
Más allá del campeón, Stuttgart confirma el gran presente del tenis estadounidense, que vuelve a dominar una de las superficies históricamente más favorables para sus jugadores.
La final de Stuttgart promete ser uno de los mejores partidos de la semana en el circuito ATP. Taylor Fritz buscará defender la corona y conquistar su primer título de la temporada, mientras que Ben Shelton intentará confirmar su explosión definitiva como una de las grandes figuras del tenis mundial. Con dos de los mejores sacadores del circuito frente a frente, el césped alemán tendrá una definición a la altura de las expectativas.
De Miñaur y Majchrzak definirán el Libema Open 2026 en una final con historia, ranking, confianza y pronóstico abierto sobre césped.
Published
7 horas agoon
junio 13, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 13, 2026 | 7:26 pm |
Alex de Miñaur y Kamil Majchrzak jugarán la final del Libema Open 2026 en ’s-Hertogenbosch, en un duelo que cruza al gran candidato del torneo con la revelación de la semana. El australiano puede alcanzar el Top 5 del ranking ATP, mientras el polaco buscará su primer título ATP tras eliminar a Felix Auger-Aliassime y Daniil Medvedev.
El Libema Open 2026 ya tiene finalistas y el cierre del ATP 250 de ’s-Hertogenbosch promete una definición con mucho más que un título en juego. Alex de Miñaur y Kamil Majchrzak se enfrentarán en la gran final del torneo neerlandés sobre césped, en un duelo que combina presente, confianza, ranking, historia reciente y una fuerte carga emocional para ambos protagonistas.
De un lado estará De Miñaur, segundo cabeza de serie, campeón del torneo en 2024 y uno de los jugadores más sólidos de la temporada sobre superficies rápidas. Del otro aparecerá Majchrzak, la gran sorpresa de la semana, que llega a su primera final ATP después de una campaña extraordinaria en la que eliminó a Felix Auger-Aliassime, máximo favorito del certamen, y a Daniil Medvedev, ex número uno del mundo.
El partido tendrá un condimento especial: si De Miñaur gana el título, podría aparecer el lunes como número 5 del ranking ATP, lo que significaría su debut en el Top 5 mundial. Para Majchrzak, en cambio, el premio sería todavía más simbólico: levantar su primer trofeo ATP y confirmar la mejor semana de su carrera.
Alex de Miñaur confirmó su gran momento en el Libema Open con una actuación contundente en semifinales. El australiano derrotó a Adrian Mannarino por 6-4 y 6-0 y se clasificó nuevamente a la final del ATP 250 neerlandés.
El resultado puede parecer cómodo, pero el desarrollo inicial tuvo dificultades. De Miñaur cedió su servicio dos veces en los primeros compases del partido y llegó a estar 2-4 abajo en condiciones complicadas. Sin embargo, desde ese momento cambió por completo el rumbo del encuentro: ajustó la devolución, elevó la intensidad, ganó confianza desde el fondo y terminó imponiendo una superioridad total.
El 6-0 del segundo set reflejó el dominio final del australiano. De Miñaur fue de menor a mayor, algo que suele ser una marca de los jugadores que compiten con madurez. No entró en desesperación cuando el partido empezó cuesta arriba y encontró soluciones tácticas para desarmar a un rival incómodo, experto en césped y campeón del torneo en 2019.
El presente de De Miñaur en torneos neerlandeses es uno de los grandes temas de esta final. Desde el inicio de la temporada 2024, el australiano acumula un balance de 20 victorias y apenas 2 derrotas en Países Bajos. Además, mantiene un registro perfecto de 7-0 en ’s-Hertogenbosch.
Ese dato no es menor. De Miñaur fue campeón del Libema Open en 2024 y este año también ganó el ATP 500 de Róterdam. Si conquista el título este domingo, podría convertirse en el segundo jugador en ganar ambos torneos ATP de Países Bajos en una misma temporada, algo que no ocurre desde Richard Krajicek en 1997.
Por eso, esta final no es una más para el australiano. Representa la posibilidad de completar una marca histórica, sostener su dominio en territorio neerlandés y dar un salto importante en el ranking mundial.
El juego de De Miñaur tiene varias virtudes que se potencian sobre césped. No es un sacador puro ni un jugador que dependa exclusivamente de golpes ganadores, pero su velocidad, defensa, devolución y capacidad para convertir la presión en ataque lo hacen muy peligroso.
Ante Majchrzak, las claves serán claras:
Majchrzak viene sacando muy bien durante toda la semana. Si De Miñaur logra meter muchas devoluciones en juego y alargar los puntos, podrá sacar al polaco de su zona de comodidad.
El australiano debe evitar un arranque irregular como el que tuvo ante Mannarino. En una final, regalar quiebres puede cambiar el clima emocional del partido.
De Miñaur suele desgastar a sus rivales con desplazamientos, defensa y ritmo. Si logra imponer esa dinámica, puede llevar el partido a un terreno favorable.
Ya fue campeón en este torneo y sabe qué significa jugar partidos decisivos sobre esta cancha. Ese antecedente puede pesar en los momentos cerrados.
Kamil Majchrzak llega a la final como la historia más impactante del torneo. El polaco, número 76 del ranking ATP al comenzar la semana, viene de firmar una campaña memorable en ’s-Hertogenbosch.
Primero superó a Otto Virtanen en un partido muy trabajado por 6-7(7), 6-4 y 7-6(4). Luego venció con autoridad a James McCabe por 6-0 y 6-3. En cuartos de final dio el primer gran golpe al eliminar a Felix Auger-Aliassime, número 4 del mundo y máximo favorito, por 6-4 y 6-3.
Pero su victoria más resonante llegó en semifinales, donde derrotó a Daniil Medvedev por 7-6(4) y 6-1. Fue un triunfo contundente, de enorme valor deportivo y mental. Majchrzak no solo venció a un ex número uno del mundo: lo hizo sin conceder puntos de quiebre y aprovechando las dudas de un Medvedev desgastado físicamente.
La campaña de Majchrzak tiene un mérito enorme porque no llegó a la final por un cuadro liviano. Para estar en el partido decisivo tuvo que superar a dos nombres de peso: Auger-Aliassime y Medvedev.
Ante el canadiense, mostró precisión, valentía y firmeza con el saque. Ante el ruso, dio otro paso adelante: jugó con orden, sostuvo la concentración y aceleró cuando el partido empezó a inclinarse a su favor. El 6-1 del segundo set contra Medvedev fue una señal de confianza absoluta.
Majchrzak llega a su primera final ATP en el mejor momento emocional de su carrera. Además, aparece en el puesto 53 del ranking en vivo y podría meterse dentro del Top 50 si consigue el título. Para un jugador que venía buscando consolidación, esta semana puede ser un punto de quiebre.
El polaco sabe que no será favorito, pero también sabe que ya venció a rivales de enorme jerarquía esta semana. Para derrotar a De Miñaur deberá sostener varios aspectos de su gran rendimiento.
The #LibemaOpen final is set 🏟️
— ATP Tour (@atptour) June 13, 2026
Who have you got: Majchrzak or de Minaur? pic.twitter.com/7X00LkAMii
Majchrzak no concedió break points ante Medvedev y también fue muy sólido ante Auger-Aliassime. Si logra sostener esa eficacia, puede llevar la final a marcadores cerrados.
Contra De Miñaur no conviene entrar en intercambios largos de manera constante. El australiano se siente cómodo defendiendo y obligando a jugar una pelota más. Majchrzak deberá atacar con decisión.
Será su primera final ATP. La tensión puede jugar un papel importante. Si logra competir con la misma calma que mostró ante Medvedev, tendrá oportunidades reales.
El australiano tuvo un inicio complicado ante Mannarino. Si Majchrzak consigue adelantarse en el marcador, puede abrir una ventana competitiva.
El historial favorece a Alex de Miñaur, que domina 2-0 los enfrentamientos previos ante Kamil Majchrzak. Ese dato refuerza el favoritismo del australiano, aunque la final de ’s-Hertogenbosch llega en un contexto muy particular.
Majchrzak atraviesa probablemente la mejor semana de su carrera, con triunfos ante dos rivales de elite. De Miñaur, por su parte, está en un momento de enorme confianza en Países Bajos y sabe cómo ganar este torneo.
El antecedente directo ayuda a leer el partido, pero no define la final. En césped, la diferencia puede estar en pocos puntos: un tie-break, un quiebre aislado, un game de saque complicado o una devolución profunda en el momento justo.
El pronóstico deportivo marca como favorito a Alex de Miñaur. Hay varios motivos: mejor ranking, mayor experiencia en finales, título previo en ’s-Hertogenbosch, dominio en Países Bajos, historial favorable y una adaptación muy sólida al césped.
Sin embargo, la final no parece un trámite. Kamil Majchrzak llega con una confianza altísima después de eliminar a Auger-Aliassime y Medvedev, dos rivales de jerarquía. El polaco está sacando muy bien, compite con decisión y no parece intimidado por los nombres grandes.
Favorito: Alex de Miñaur.
De Miñaur en dos sets ajustados o en tres sets.
De Miñaur 7-6 y 6-4 o De Miñaur 6-4, 3-6 y 6-3.
La devolución de De Miñaur contra el saque de Majchrzak. Si el australiano logra meterse en los games de servicio del polaco, tendrá muchas chances de imponer su ritmo. Si Majchrzak sostiene la eficacia con el saque y lleva el partido a tie-breaks, puede abrir el escenario de sorpresa.
La final del Libema Open 2026 tiene un contraste muy atractivo. De Miñaur representa la regularidad, la experiencia y la confirmación. Majchrzak representa la inspiración, la sorpresa y la oportunidad.
El australiano llega con una estructura competitiva más sólida. Sabe cómo jugar sobre césped, ya ganó este torneo y tiene la motivación extra de poder alcanzar el Top 5. Su tenis no depende de un solo golpe: puede defender, contraatacar, devolver, desgastar y resolver puntos bajo presión.
Majchrzak, en cambio, llega en estado de gracia. Cuando un jugador atraviesa una semana así, suele competir por encima de su ranking. La confianza puede equilibrar diferencias, sobre todo en césped, donde los partidos se pueden definir por detalles mínimos.
El gran desafío del polaco será sostener su nivel emocional en su primera final ATP. El gran desafío de De Miñaur será no dejar crecer a un rival que ya demostró que puede bajar favoritos.
El Libema Open de ’s-Hertogenbosch es uno de los torneos tradicionales de la gira sobre césped. Como ATP 250, representa una escala clave entre Roland Garros y las grandes citas sobre pasto.
La superficie obliga a una adaptación rápida. Los jugadores pasan del polvo de ladrillo, donde los puntos suelen ser largos y el desplazamiento permite más tiempo de reacción, a una superficie veloz, baja y exigente. En césped, el saque, la devolución y los primeros golpes después del servicio tienen un peso determinante.
Por eso, llegar a una final en ’s-Hertogenbosch tiene valor deportivo y psicológico. Para De Miñaur, significa consolidar su candidatura como uno de los jugadores más confiables de la gira. Para Majchrzak, representa la posibilidad de transformar una semana inesperada en el título más importante de su carrera.
La final del Libema Open entre Alex de Miñaur y Kamil Majchrzak reúne todos los ingredientes de una gran definición sobre césped. Hay un favorito claro, pero también una amenaza real. Hay historia, ranking, presión, oportunidad y una superficie que suele castigar cualquier distracción.
De Miñaur llega con el peso de la lógica: mejor presente, mayor experiencia, historial favorable y una relación especial con Países Bajos. Majchrzak llega con la fuerza de quien no tiene nada que perder y viene de vencer a dos rivales de elite.
Si el australiano logra imponer su ritmo desde la devolución y evitar un inicio irregular, estará muy cerca de levantar nuevamente el título en ’s-Hertogenbosch. Si el polaco sostiene el saque y consigue llevar el partido a momentos de alta tensión, la final puede abrirse mucho más de lo previsto.
El pronóstico favorece a De Miñaur, pero el Libema Open ya dejó claro que Majchrzak no está en la final por casualidad. La última palabra la tendrá el césped neerlandés.
De Miñaur y Majchrzak definirán el Libema Open 2026 en una final con historia, ranking, confianza y pronóstico abierto sobre césped.
Qatar resistió, sufrió y golpeó en la última jugada para empatar 1-1 ante una Suiza que dominó todo, pero falló demasiado.
Published
7 horas agoon
junio 13, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 13, 2026 | 6:44 pm |
Qatar consiguió un empate agónico ante Suiza en el debut del Grupo B del Mundial 2026. El equipo europeo dominó el partido, generó 26 remates y tuvo seis grandes ocasiones, pero no liquidó el resultado y Boualem Khoukhi apareció en el descuento para firmar un 1-1 histórico.
Qatar consiguió uno de los resultados más valiosos de su historia mundialista. En el Estadio de la Bahía de San Francisco, por la primera fecha del Grupo B del Mundial 2026, el equipo dirigido por Julen Lopetegui empató 1-1 ante Suiza en un partido que parecía completamente controlado por el seleccionado europeo, pero que terminó con un golpe inesperado en tiempo añadido.
Suiza fue superior de principio a fin. Tuvo la pelota, manejó los ritmos, atacó por dentro y por fuera, acumuló situaciones claras y terminó el encuentro con 26 remates totales contra apenas 7 de Qatar. Sin embargo, la falta de eficacia, las intervenciones del arquero catarí y la resistencia defensiva del conjunto asiático dejaron abierto un partido que parecía cerrado desde lo futbolístico.
Breel Embolo puso el 1-0 para Suiza desde el punto penal en la primera mitad, luego de una acción sancionada dentro del área por el árbitro hondureño Saíd Martínez. Pero Qatar nunca se salió del plan: bloque bajo, orden defensivo, paciencia y búsqueda de una oportunidad aislada. Esa ocasión llegó en el cierre, cuando Boualem Khoukhi apareció de cabeza en el segundo palo para sellar el 1-1 y darle a Qatar su primer punto en una Copa del Mundo.
El resultado tuvo sabor a victoria para Qatar. No solo por el contexto del partido, sino por lo que representa dentro de su recorrido mundialista. Después de haber disputado el Mundial 2022 como anfitrión sin poder sumar puntos, este empate ante Suiza marca un paso simbólico y deportivo para una selección que llegó a Norteamérica con dudas, pero también con una idea muy clara: competir desde el orden.
Julen Lopetegui diseñó un partido de resistencia. Sabía que Qatar estaba por debajo de Suiza en jerarquía individual, experiencia internacional y capacidad de generación ofensiva. Por eso apostó por un equipo compacto, muy replegado, con líneas juntas y con Akram Afif y Edmilson como principales vías para intentar lastimar de contragolpe.
El plan tuvo momentos de sufrimiento extremo. Suiza dominó el 68% de la posesión, completó 526 pases sobre 578 intentos y tuvo una precisión del 91%. Qatar, en cambio, apenas sostuvo el 32% de la pelota y completó 200 pases sobre 279, con una eficacia del 72%. La diferencia en el control del juego fue enorme, pero el fútbol volvió a demostrar que dominar no siempre alcanza.
El equipo de Murat Yakin tuvo todo para llevarse los tres puntos. La estadística del partido es contundente: Suiza remató 26 veces, 7 de ellas al arco, generó 6 grandes ocasiones, tuvo 10 córners y acumuló un xG de 3.25. Es decir, produjo volumen suficiente como para ganar con comodidad.
Sin embargo, falló en el área rival. Dan Ndoye fue uno de los futbolistas más insistentes, generó peligro y tuvo varias ocasiones, pero no logró convertir. Denis Zakaria también apareció en posiciones de remate, Rubén Vargas fue una amenaza por los costados y Michel Aebischer acompañó desde segunda línea. Granit Xhaka, como de costumbre, fue el eje de circulación y conducción, aunque tampoco pudo quebrar definitivamente la resistencia catarí.
Suiza tuvo 42 toques en el área rival contra apenas 9 de Qatar. También completó 199 pases en el tercio final sobre 230 intentos, una cifra que explica el dominio territorial del equipo europeo. Pero entre la falta de precisión en la definición, las respuestas del arquero catarí y la acumulación de centros sin resolución, el partido se fue transformando en una amenaza para los helvéticos.
El 1-0 llegó en el primer tiempo. Suiza encontró la ventaja desde los once metros, con Breel Embolo como ejecutor. El delantero asumió la responsabilidad y convirtió con autoridad para darle tranquilidad inicial al equipo europeo.
El problema para Suiza fue que ese gol no se transformó en control definitivo del resultado. El dominio siguió, las situaciones también, pero la diferencia nunca se amplió. Y esa ventaja mínima terminó siendo demasiado peligrosa para un partido mundialista.
Embolo respondió en la acción del gol y volvió a demostrar su peso como referencia ofensiva. Pero Suiza necesitaba más contundencia colectiva. Con 18 remates dentro del área, 8 desde afuera y 6 grandes ocasiones, el equipo de Yakin dejó escapar una oportunidad muy importante en el inicio del Grupo B.
Si Qatar llegó con vida al final del partido fue, en gran parte, por la actuación de su arquero. Abunada fue una de las grandes figuras del encuentro. En la primera parte sostuvo a su equipo con varias intervenciones decisivas y evitó que Suiza transformara su dominio en goleada.
El arquero tuvo un partido de contrastes. Fue protagonista positivo por sus atajadas, pero también quedó involucrado en la acción del penal que permitió el gol de Embolo. Aun así, su respuesta mental fue clave: no se cayó, siguió compitiendo y volvió a aparecer cada vez que Suiza atacó.
Las estadísticas reflejan su importancia. Qatar terminó con 5 paradas y con 0.47 goles evitados. En un partido donde Suiza acumuló 1.47 de xG a puerta, el rendimiento del arquero fue determinante para que el equipo de Lopetegui mantuviera la esperanza hasta el final.
Boualem Khoukhi fue el nombre de la noche para Qatar. El defensor y capitán, uno de los jugadores más experimentados del plantel, apareció en el momento justo para cabecear en el segundo palo y vencer la resistencia de Gregor Kobel.
La jugada llegó en tiempo añadido, cuando Suiza ya parecía tener controlado el resultado. Qatar recuperó en campo contrario, Afif participó en la construcción, Al-Amin envió un centro preciso desde la izquierda y Khoukhi atacó el área como un centrodelantero. Su cabezazo, disputado con Muheim, terminó en la red para el 1-1 definitivo.
Incluso quedó la duda en la repetición sobre si el gol fue plenamente de Khoukhi o si Muheim terminó desviando la pelota hacia su propio arco. Más allá de ese detalle, el impacto futbolístico fue el mismo: Qatar igualó sobre la hora y escribió una página histórica.
Qatar atacó poco, pero cuando lo hizo encontró algunos espacios. Akram Afif fue clave en la acción del empate y volvió a ser el jugador más creativo del equipo. Su talento, su pausa y su capacidad para decidir en pocos metros fueron fundamentales para que Qatar pudiera sostener una mínima amenaza ofensiva.
Edmilson también tuvo oportunidades importantes. En el primer tiempo contó con dos situaciones claras frente a Kobel, una de ellas nacida en un error de Manuel Akanji. El arquero suizo respondió con seguridad y evitó que Qatar se pusiera en ventaja antes del gol helvético.
Esas acciones explican una de las claves del partido: Qatar generó poco, pero sus llegadas fueron peligrosas. Terminó con 4 remates al arco sobre 7 intentos totales y un xG a puerta de 1.42, apenas por debajo del 1.47 de Suiza. La diferencia estuvo en la eficacia puntual y en haber aprovechado el momento emocional del cierre.
Del otro lado, Gregor Kobel también tuvo intervenciones importantes. El arquero suizo evitó el gol de Edmilson en el primer tiempo y volvió a mostrarse firme en situaciones de mano a mano. Sus 3 atajadas sostuvieron a Suiza en los momentos en los que Qatar consiguió salir rápido.
Sin embargo, el empate final dejó una sensación amarga. Para un arquero de su jerarquía, recibir un gol en la última jugada siempre pesa, aunque la responsabilidad principal del resultado estuvo en la falta de contundencia ofensiva del equipo.
Suiza no perdió, pero el empate dejó sabor a derrota. Por el desarrollo, por la diferencia estadística y por el contexto del grupo, eran tres puntos que el equipo europeo parecía tener en el bolsillo.
El partido dejó números muy claros sobre la superioridad suiza y la eficacia emocional de Qatar en el momento decisivo.
| Estadística | Qatar | Suiza |
|---|---|---|
| Goles | 1 | 1 |
| Goles esperados xG | 0.76 | 3.25 |
| xG a puerta xGOT | 1.42 | 1.47 |
| Posesión | 32% | 68% |
| Remates totales | 7 | 26 |
| Remates al arco | 4 | 7 |
| Remates fuera | 3 | 10 |
| Remates bloqueados | 0 | 9 |
| Grandes ocasiones | 2 | 6 |
| Córners | 3 | 10 |
| Toques en el área rival | 9 | 42 |
| Pases completados | 200/279 | 526/578 |
| Precisión de pase | 72% | 91% |
| Pases en el tercio final | 24/55 | 199/230 |
| Centros completados | 2/8 | 6/35 |
| Faltas | 12 | 11 |
| Duelos ganados | 36 | 37 |
| Despejes | 32 | 13 |
| Intercepciones | 10 | 7 |
| Atajadas | 5 | 3 |
| Tarjetas amarillas | 2 | 1 |
La lectura es contundente: Suiza fue más equipo durante casi todo el partido, pero Qatar fue más resistente, más paciente y más oportuno en el momento final.
El partido se puede explicar desde dos planes muy distintos. Suiza quiso imponer condiciones con posesión alta, circulación limpia y presencia constante en campo rival. Xhaka y Freuler manejaron el ritmo, los extremos buscaron amplitud y Embolo fijó centrales para generar espacios.
Qatar, en cambio, asumió un rol reactivo. Lopetegui aceptó defender cerca de su área, cerrar carriles interiores y obligar a Suiza a tomar decisiones repetidas en los metros finales. El equipo catarí sufrió mucho, pero no se desordenó por completo. Sus 32 despejes y 10 intercepciones reflejan un partido jugado al límite desde lo defensivo.
La estadística de centros también deja una lectura interesante. Suiza intentó 35 centros y solo completó 6. Qatar, con apenas 8 centros, completó 2, y uno de ellos terminó siendo decisivo. La eficacia en la pelota al área terminó castigando al equipo que más insistió.
Fue el organizador principal. Manejó la pelota, sostuvo la circulación y buscó darle sentido al dominio suizo. Su influencia fue importante, pero no alcanzó para traducir el control en una ventaja más amplia.
Convirtió el penal y volvió a mostrarse como referencia ofensiva. Su gol le dio ventaja a Suiza, aunque el equipo necesitó más peso en la definición colectiva.
Fue uno de los más activos y profundos. Tuvo situaciones claras, atacó espacios y desequilibró, pero le faltó precisión en el último toque.
Aportó presencia física y llegada. Tuvo remates y participación ofensiva, aunque no logró romper la resistencia catarí.
Insistió por banda, buscó centros y remates, pero fue parte de esa falta de eficacia general que terminó condicionando a Suiza.
Tuvo una acción negativa muy temprana que dejó a Edmilson de cara a Kobel. Luego se acomodó, pero ese error mostró que Qatar podía lastimar si encontraba espacios.
Respondió bien en los mano a mano y evitó que Qatar se pusiera en ventaja. En el gol final quedó expuesto por una defensa que no logró cerrar el segundo palo.
Fue una de las figuras del partido. Sostuvo a Qatar con atajadas decisivas, especialmente en la primera mitad. Aunque cometió la infracción del penal, se repuso y mantuvo a su equipo con vida.
El héroe del empate. Su experiencia, lectura del momento y presencia en el área fueron determinantes. A los 36 años, firmó una acción histórica para Qatar.
Participó en la jugada del gol y fue el jugador más lúcido cuando Qatar logró salir del encierro. Su talento sigue siendo el principal recurso ofensivo del equipo.
Tuvo las chances más claras de Qatar antes del empate. No pudo vencer a Kobel, pero sus apariciones demostraron que el plan de contraataque podía generar peligro.
Ingresó o apareció en el momento justo para lanzar el centro del empate. Su envío desde la izquierda fue una de las acciones más importantes del partido.
El empate modifica el escenario inicial del Grupo B, integrado por Canadá, Bosnia y Herzegovina, Qatar y Suiza. Para los suizos, el resultado representa una oportunidad perdida: por jerarquía, antecedentes y desarrollo del partido, eran favoritos para comenzar con una victoria.
Suiza llegaba al Mundial 2026 con expectativas altas. Es su sexta clasificación consecutiva a una Copa del Mundo y venía con una base experimentada, liderada por Xhaka, Akanji, Rodríguez, Freuler y Embolo, más la aparición de jóvenes interesantes como Ndoye, Rieder y Manzambi. El objetivo del equipo de Yakin era superar la barrera de los octavos de final y pelear por meterse entre los ocho mejores.
Qatar, por su parte, transita su segunda participación mundialista. Después de la experiencia como anfitrión en 2022, el equipo asiático llegó con Lopetegui como entrenador y con la necesidad de demostrar una evolución competitiva. El empate ante Suiza le da confianza, aire y un punto que puede ser muy valioso en la pelea por la clasificación.
Este 1-1 no es un resultado más. Para Qatar significa confianza, orgullo y una señal de crecimiento. El equipo fue superado durante largos tramos, pero encontró una manera de competir. No se quebró después del gol de Embolo, no perdió el orden y sostuvo la fe hasta la última pelota.
Además, el empate confirma una de las apuestas de Lopetegui: Qatar puede lastimar en acciones puntuales, especialmente con centros, pelota detenida o ataques rápidos. El propio entrenador había destacado antes del torneo la importancia de ser fuerte en las jugadas a balón parado y de competir desde una estructura más sólida. El gol de Khoukhi encaja perfectamente en esa idea.
Para Suiza, el partido deja una advertencia fuerte. El equipo jugó como favorito, generó como favorito, dominó como favorito, pero no ganó. En una Copa del Mundo, esa falta de contundencia puede costar muy caro.
El dato de 3.25 de xG resume el problema: Suiza generó para marcar más de tres goles, pero solo convirtió uno de penal. Sus 26 remates y 10 córners no fueron suficientes. El equipo de Yakin deberá corregir la definición, la toma de decisiones en el área y la gestión emocional de los minutos finales.
El empate también puede pesar en la tabla. En un grupo con Canadá como local y Bosnia como rival peligroso, dejar puntos ante Qatar obliga a Suiza a no fallar en los próximos partidos.
Qatar sale fortalecido. No porque haya dominado, sino porque demostró carácter. Si logra mejorar su circulación, sostener el orden defensivo y darle más participación a Afif, puede competir mejor de lo esperado en el Grupo B. El punto ante Suiza le permite mirar los próximos partidos con otra confianza.
Suiza, en cambio, tendrá que transformar su buen funcionamiento en resultados. El equipo tiene jerarquía, experiencia y variantes ofensivas, pero necesita eficacia. Xhaka le da equilibrio, Embolo le da referencia, Ndoye le da profundidad y Yakin cuenta con alternativas como Manzambi para cambiar ritmos. Pero sin gol, el margen se achica.
Qatar empató un partido que casi siempre jugó en inferioridad territorial, pero nunca perdió desde lo emocional. Suiza hizo casi todo para ganar, salvo lo más importante: liquidar. La pelota, la posesión y las estadísticas fueron europeas; el golpe final, la fe y el festejo fueron cataríes.
El 1-1 en San Francisco deja una lección clásica de Mundial: ningún dominio está completo hasta que el resultado lo confirma. Suiza lo tuvo, lo manejó y lo desperdició. Qatar resistió, esperó y encontró en Khoukhi una cabeza histórica para sumar su primer punto mundialista.
Qatar resistió, sufrió y golpeó en la última jugada para empatar 1-1 ante una Suiza que dominó todo, pero falló demasiado.
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