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Después del histórico triunfo por penales ante Gimnasia de Mendoza, Juan Manuel Azconzábal dejó sus primeras reflexiones como entrenador de Gimnasia y Tiro en una noche que ya quedó guardada en la memoria del pueblo albo. El DT destacó el valor institucional de la clasificación, remarcó el esfuerzo del plantel y puso en palabras una victoria que rompió una barrera histórica para el club.
Gimnasia y Tiro de Salta vivió una tarde inolvidable en la Copa Argentina. El equipo de Juan Manuel Azconzábal empató 0-0 con Gimnasia y Esgrima de Mendoza en el estadio Eduardo Gallardón y luego se impuso 4-3 en la definición por penales para avanzar por primera vez en su historia a los 16avos de final del certamen. Fue una clasificación histórica para el club, porque además cortó una sequía de 13 años sin que un representante salteño superara la instancia inicial del cuadro principal, algo que no ocurría desde Juventud Antoniana en 2013.
Tras ese golpe enorme, Azconzábal habló y dejó una definición que marcó el tono de la jornada: “Esta clasificación es una alegría para toda la institución”. La frase, levantada por Solo Ascenso en la publicación posterior al partido, resumió con precisión el valor de la victoria para un Gimnasia y Tiro que llegaba en un momento delicado y encontró en la Copa una respuesta anímica y deportiva de peso.
Azconzábal puso el foco en el club por encima de todo
En sus primeras palabras tras el partido, el entrenador no se quedó solo en la lógica del resultado ni en el mérito individual de la serie. El mensaje principal fue institucional. Al señalar que la clasificación era una alegría para “toda la institución”, Azconzábal dejó en claro que el triunfo excedió a un simple partido: representó un alivio colectivo para el plantel, el cuerpo técnico, la dirigencia y los hinchas del Albo, que venían golpeados por una racha adversa y por la presión que arrastraba el club en esta competencia.
Esa lectura tiene mucho sentido si se observa el contexto. Gimnasia y Tiro había llegado a este cruce tras perder 2-0 con Chacarita en el debut del propio Azconzábal, acumulaba cinco encuentros sin ganar en la Primera Nacional y estaba obligado a responder en un duelo eliminatorio frente a un rival de categoría superior. Además, antes del partido pesaba sobre el club una marca muy incómoda: si volvía a quedar eliminado en 32avos, se convertía en el primer equipo en enlazar ocho caídas consecutivas en esa fase. En lugar de hundirse en ese récord negativo, el Albo cambió la historia.
“El esfuerzo se cristalizó pasando de ronda”, otra idea fuerza del DT
Además del concepto sobre la alegría institucional, también trascendió otra frase atribuida a Azconzábal en entrevistas posteriores al encuentro: “El esfuerzo se cristalizó pasando de ronda”. Esa línea apareció destacada en publicaciones de cobertura del ascenso que se hicieron eco de sus declaraciones tras la clasificación y refuerza una idea central: para el entrenador, el pase de ronda fue la materialización concreta del trabajo realizado en días de enorme exigencia y poco margen de preparación.
No es un detalle menor. Azconzábal asumió hace pocos días, en medio de un cambio de ciclo abrupto tras la salida de Fernando Quiroz. Su desembarco se dio con el equipo fuera de su mejor versión, con una agenda apretada y con apenas un puñado de entrenamientos antes de afrontar partidos decisivos. Desde esa perspectiva, el triunfo ante Gimnasia de Mendoza adquiere todavía más valor: fue el segundo partido del nuevo proceso y el primero con una respuesta contundente del grupo.
Una victoria que llegó cuando Gimnasia y Tiro más la necesitaba
La clasificación histórica no puede entenderse sin repasar el momento del equipo. Hasta hace pocas semanas, Gimnasia y Tiro era uno de los conjuntos más sólidos del inicio de la Primera Nacional 2026. Había arrancado con tres victorias consecutivas, fue puntero y tuvo a Lautaro Gordillo como gran referencia ofensiva. Pero después llegaron el empate con Temperley, la derrota con Nueva Chicago, la caída en el clásico con Central Norte, la igualdad ante San Martín de San Juan y finalmente el tropiezo frente a Chacarita. Ese tramo, además de cortar el impulso inicial, provocó la salida de Quiroz y la llegada del Vasco.
Por eso, las palabras de Azconzábal también funcionan como una señal de reconstrucción. La clasificación no borra automáticamente los problemas del equipo, pero sí cambia el clima. El entrenador tomó una situación frágil y, en cuestión de días, consiguió que el plantel compitiera con orden, sostuviera un partido duro y sacara adelante una tanda de penales bajo máxima presión. De ahí que su interpretación del triunfo esté tan cargada de valor grupal e institucional.
Cómo fue el partido que derivó en la conferencia de Azconzábal
El encuentro ante Gimnasia de Mendoza fue cerrado, incómodo y muy trabajado. En los 90 minutos, el conjunto mendocino manejó más la pelota durante largos pasajes, sobre todo en el primer tiempo, y generó algunas de las situaciones más claras. Brian Andrada apareció como uno de los hombres más peligrosos, Matías Recalde tuvo un remate que se fue alto y Diego Mondino obligó a una gran respuesta de Joaquín Papaleo. El Albo, por su parte, aguantó, se replegó cuando hizo falta y esperó su momento.
En el complemento, Gimnasia y Tiro mejoró. Fabricio Rojas ganó protagonismo, el equipo emparejó la tenencia y logró llevar el partido hacia una zona más favorable, menos limpia y más disputada. No abundaron las situaciones, pero sí se vio una versión más firme del Albo, capaz de sostener el cero y de llegar entero a la definición. Allí apareció la figura gigantesca de Papaleo, que atajó tres penales y se convirtió en el gran héroe de la clasificación.
Papaleo, el héroe que sostuvo la noche del Albo
Aunque la conferencia de Azconzábal tuvo un perfil más institucional que individual, el partido dejó un protagonista imposible de omitir: Joaquín Papaleo. El arquero fue determinante durante el tiempo reglamentario y decisivo en la tanda, donde tapó tres ejecuciones y sostuvo al equipo en los momentos más calientes. Distintos medios que cubrieron el encuentro coincidieron en señalarlo como la gran figura de la tarde en Los Andes.
En una tarde cargada de tensión, con muchos penales fallados y márgenes mínimos, Papaleo fue el futbolista que le dio a Gimnasia y Tiro esa cuota de seguridad y personalidad que muchas veces define las historias coperas. El propio sentido de las palabras de Azconzábal parece ir en esa dirección: más allá de las figuras, el técnico eligió remarcar que el logro pertenece a toda la estructura del club. Pero eso no impide reconocer que, dentro del campo, el arquero fue el pilar de la hazaña.
La primera gran señal del ciclo Azconzábal
Esta clasificación también deja una conclusión fuerte: Azconzábal ya consiguió su primer impacto grande en Gimnasia y Tiro. El entrenador llegó con el objetivo de reencauzar a un plantel que había perdido estabilidad y, en su segundo partido, obtuvo un resultado histórico. No fue desde un funcionamiento brillante, pero sí desde una convicción clara: competir, resistir, sostenerse y aprovechar la oportunidad cuando aparezca.
Su mensaje posterior, lejos de caer en la euforia vacía, pareció ir en esa línea. Hablar de alegría institucional y de un esfuerzo que se cristalizó es, en el fondo, poner el foco en la construcción colectiva antes que en el golpe aislado. Ese tipo de lectura suele ser relevante en procesos que recién empiezan, porque intenta transformar un triunfo fuerte en punto de partida y no en hecho aislado. Esta es una inferencia razonable a partir del tono de sus declaraciones y del contexto del club.
Un triunfo que cambia la historia de Gimnasia y Tiro en la Copa
Hasta este miércoles, el mejor techo de Gimnasia y Tiro en la Copa Argentina había sido siempre el mismo: los 32avos de final. El club había quedado eliminado en esa instancia en múltiples ediciones, ante rivales como Racing, Boca, Defensa y Justicia, Patronato, Argentinos Juniors y Aldosivi. Esta vez fue distinto. Esta vez el Albo no quedó al borde, no jugó bien y perdió igual, no se quedó con las manos vacías. Esta vez avanzó.
Y ahí las palabras de Azconzábal encuentran todavía más peso. Porque no está hablando de una clasificación más. Está hablando de un paso histórico, de una mochila que se soltó y de un club que finalmente pudo atravesar una barrera que le venía siendo esquiva. En ese sentido, la conferencia posterior no fue una simple rutina de prensa: funcionó como el primer discurso de celebración de una jornada histórica para el pueblo albo.
Lo que viene para el Albo tras la hazaña
Con esta victoria, Gimnasia y Tiro avanzó a 16avos de final, donde enfrentará a Vélez Sarsfield, que ya había dejado en el camino a Deportivo Armenio. El cuadro oficial de la Copa Argentina confirma ese cruce para la próxima ronda.
A la vez, el equipo deberá volver a enfocarse rápidamente en la Primera Nacional, donde todavía necesita levantar. Pero ahora lo hará desde otro lugar anímico. La clasificación no resuelve todo, aunque sí instala una certeza: el plantel puede competir en partidos pesados y tiene herramientas para sobreponerse a momentos de presión. Ese es, probablemente, el principal capital que Azconzábal intentará explotar en las próximas semanas.
Una noche que quedó resumida en una frase
En medio del festejo, la lluvia, los abrazos y el desahogo, Azconzábal eligió una frase simple y precisa: “Esta clasificación es una alegría para toda la institución”. Ahí está, quizás, la mejor síntesis de lo que pasó en el Gallardón. No fue solo una tanda de penales ganada. No fue únicamente una sorpresa ante un rival de la Liga Profesional. Fue un triunfo que le devolvió aire a Gimnasia y Tiro, que volvió a poner a Salta en escena y que le regaló al club una de esas tardes que no se olvidan.


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