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Con carácter, paciencia y el empuje de su gente, Salta Basket derrotó a San Isidro por 63-57 en el tercer partido de la serie de octavos de final de la Liga Argentina. Los Infernales se hicieron fuertes en el Delmi, descontaron en la llave y estiraron la definición a un cuarto encuentro, que volverá a jugarse en Salta.
Salta Basket ganó una batalla clave ante San Isidro, descontó en la serie y sueña con llevarla al quinto juego
Salta Basket se negó a bajar los brazos. En una noche cargada de tensión, nervios y esperanza, el equipo salteño derrotó a San Isidro por 63 a 57 en el tercer juego de la serie de octavos de final de la Liga Argentina, logró seguir con vida en los playoffs y se ganó el derecho de disputar un cuarto partido en el Estadio Delmi, otra vez frente a su gente.
Los Infernales llegaban apremiados por la situación. Tras perder los dos primeros encuentros en San Francisco, el margen de error se había terminado. Solo servía ganar. Y eso fue exactamente lo que hicieron los dirigidos por Ricardo De Cecco, en un duelo áspero, de bajo goleo y mucha carga táctica, donde supieron sostener la paciencia, resistir la presión y golpear en los momentos decisivos.
El resultado final, 63-57, no solo significó el descuento en la serie, sino también una inyección anímica enorme para un plantel que sigue compitiendo sin uno de sus líderes, Tomás Botta, lesionado en la llave anterior ante Estudiantes de Tucumán. Sin poder recurrir a un reemplazo por la imposibilidad reglamentaria, Salta volvió a demostrar que está dispuesto a pelear hasta el último aliento.
Un arranque parejo y la aparición de Abratte
El partido comenzó con el tono que se esperaba para una noche de eliminación: intensidad alta, mucha concentración y posesiones disputadas con enorme seriedad. Ninguno regaló nada. Cada ofensiva costó, cada lanzamiento fue incómodo y cada error se sintió como un golpe. En ese contexto, Salta Basket logró cerrar mejor el primer cuarto y se quedó con el parcial por 19 a 13, aprovechando aquellas ofensivas que el rival no pudo concretar.
Uno de los nombres propios de la noche fue Bruno Abratte. El base cordobés volvió a asumir un rol central en la conducción y fue determinante desde el inicio. Movedizo, agresivo y con personalidad, se despachó con cuatro triples en la primera mitad, además de ordenar al equipo y repartir juego para sus compañeros en los momentos más delicados. Su producción fue clave para que Los Infernales pudieran sostenerse al frente en un partido que nunca dio respiro.
Del lado de San Isidro, el goleo en la primera mitad estuvo más repartido. Mare y Ortiz aparecieron como los mejores anotadores del conjunto cordobés, en un equipo que, pese a verse abajo en el marcador, nunca se salió del libreto y mantuvo la calma, fiel a una estructura que le permitió llegar como uno de los mejores equipos de la temporada.
Salta aguantó la presión y jugó con madurez
Uno de los aspectos más valiosos del triunfo salteño fue la madurez con la que atravesó el partido. Más allá de la urgencia del contexto, el equipo no se desesperó. No renunció a su libreto, no se salió de partido y supo esperar el momento. Esa paciencia fue tan importante como la intensidad defensiva.
San Isidro, por su parte, hizo lo que se esperaba de un rival de jerarquía. Aun perdiendo, nunca dejó de competir. Supo esperar, insistió sobre los rebotes ofensivos y mantuvo la sensación de que podía cambiar la historia en cualquier tramo del juego. Pero esta vez, a diferencia de lo sucedido en San Francisco, la resolución favoreció a Salta.
El desarrollo fue parejo hasta el cierre. Nadie logró sacar una diferencia decisiva durante buena parte de la noche, lo que le dio al encuentro una tensión constante. Cada defensa, cada rebote y cada balón dividido se transformaron en pequeñas finales. En ese escenario, el Delmi también jugó su partido. Como a lo largo de toda la temporada, el público volvió a acompañar y se hizo sentir como ese sexto hombre al que el equipo recurre en las noches grandes.
La jugada que hizo explotar el Delmi
El momento que cambió definitivamente el clima del partido llegó en el tramo final. Un robo defensivo de Chance Hunter abrió la puerta a una de las jugadas más impactantes de la noche: el norteamericano corrió la cancha, atacó el aro, volcó la pelota y además sacó la falta, desatando el estallido del estadio. Fue una acción de alto voltaje emocional, de esas que empujan a todo un equipo y contagian a una cancha entera.
A partir de esa explosión, Salta Basket aprovechó mejor las siguientes posesiones, castigó algunos errores de Sani y se fortaleció desde el envión emocional. En el medio apareció otra vez Abratte, la gran figura del encuentro, para convertir un doble de enorme valor y llevar la ventaja a siete puntos (62-55) cuando faltaba apenas un minuto para el final. Ese pasaje terminó inclinando la balanza de manera definitiva.
San Isidro siguió ganando rebotes ofensivos e insistió hasta el cierre, pero le faltó claridad para recortar la diferencia. La resistencia salteña fue firme. Y cuando sonó la chicharra final, el Delmi explotó en una verdadera fiesta infernal: el equipo había conseguido lo que necesitaba. Ganó, descontó y seguirá dando pelea.
Una victoria que vale mucho más que un punto
El triunfo de Salta Basket no puede analizarse solo como un descuento estadístico en la serie. Vale mucho más. Vale como muestra de carácter, como respuesta a un contexto adverso y como prueba de que este equipo todavía tiene combustible competitivo para seguir soñando.
La serie había arrancado mal para Los Infernales en Córdoba. Primero cayó 86-66 en el arranque de la llave, en un encuentro donde San Isidro mostró toda su solidez colectiva. Luego, en el segundo punto, volvió a perder, aunque esta vez por un ajustado 80-75, en un duelo mucho más parejo donde incluso llegó a poner en aprietos al equipo de Sebastián Porta. Ese cierre competitivo ya había dejado señales positivas. Lo que faltaba era traducirlas en una victoria. Y eso fue lo que ocurrió este martes en Salta.
Además, este resultado cobra todavía más valor si se tiene en cuenta que el equipo salteño disputa la serie sin Botta, uno de sus líderes naturales. La lesión sufrida en el quinto juego ante Estudiantes obligó a Abratte y al resto de la rotación a asumir responsabilidades extras. Y en este tercer partido, la respuesta estuvo a la altura.
Salta Basket y su vínculo con las noches épicas
Si algo viene mostrando este plantel a lo largo de la temporada es una fuerte conexión con los contextos límite. Ya había ocurrido en la serie previa frente a Estudiantes de Tucumán, cuando Salta Basket se impuso 75-74 en tiempo suplementario en el quinto juego para meterse en esta instancia. También allí el equipo apeló al carácter, al apoyo de su gente y a la convicción para sacar adelante una noche muy cerrada.
Ahora vuelve a pasar algo parecido. Contra un rival de enorme jerarquía, finalista de la edición pasada de la Liga Argentina y segundo en la fase regular de la Conferencia Norte, Los Infernales lograron sostenerse de pie. No resolvieron la serie, claro, pero sí evitaron la eliminación y se ganaron otra oportunidad para seguir soñando.
Cómo sigue la serie entre Salta Basket y San Isidro
Con esta victoria, la llave quedó abierta y se disputará un cuarto partido el próximo jueves desde las 21.30, nuevamente en el Estadio Delmi. Salta Basket buscará volver a imponerse para empatar la serie y llevar todo a un quinto y decisivo encuentro. San Isidro, en cambio, intentará recuperarse y cerrar la clasificación a cuartos de final.
La expectativa crece porque, más allá del resultado de este tercer punto, quedó claro que se trata de una serie durísima, con dos equipos que ya se conocen mucho y que han sabido lastimarse mutuamente a lo largo de la temporada. En la fase regular, por ejemplo, ambos se habían repartido triunfos como locales: San Isidro ganó en el Antonio Manno y Salta Basket se impuso en el Delmi. Ahora, esa fortaleza en casa vuelve a ser el principal sostén de la ilusión salteña.
📐 El triángulo perfecto de Sani
— La Liga Argentina (@LigaARGbasquet) April 22, 2026
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El Delmi, otra vez protagonista
No se puede explicar esta victoria sin hablar del marco. El público salteño volvió a responder y empujó al equipo durante toda la noche. En una serie de estas características, donde cada posesión pesa y la cabeza juega tanto como el físico, el entorno termina siendo determinante. Y el Delmi volvió a ser ese escenario donde Salta Basket se siente fuerte, respaldado y capaz de desafiar cualquier pronóstico.
La temporada ya entregó varias noches especiales en ese estadio, pero esta tuvo un valor particular: era ganar o quedar afuera. Y el equipo respondió. Ahora tendrá otra oportunidad en su casa, con la serie todavía viva y con la chance concreta de empatarla.
Abratte, Hunter y el corazón infernal
En un partido de escaso goleo, las figuras se vuelven todavía más visibles. Bruno Abratte fue el jugador más desequilibrante de Salta Basket, no solo por sus cuatro triples en la primera mitad, sino por la personalidad con la que asumió la conducción del equipo en un contexto de máxima exigencia. Fue, sin dudas, la gran figura de la noche.
Chance Hunter, por su parte, aportó una jugada decisiva que quedará entre las imágenes más recordadas del encuentro: el robo, la corrida, la volcada y el doble con falta que encendió al Delmi. Pero más allá de esa acción, su presencia volvió a ser importante desde lo físico, lo emocional y lo competitivo.
Y alrededor de ellos, el resto del equipo entendió el partido que había que jugar. Desde la defensa, desde la paciencia, desde la concentración. Salta Basket no necesitó sobrarle nada para ganar. Le alcanzó con ser más sólido en el cierre y con sostener el corazón encendido.
Los Infernales siguen batallando
La imagen que dejó el final del partido fue la de un equipo vivo. Un plantel que, pese a la adversidad, sigue encontrando respuestas. Una gente que no deja de creer. Y una serie que, cuando parecía encaminada, volvió a encenderse.
Salta Basket ganó 63-57, descontó ante San Isidro y seguirá peleando. El jueves habrá otro capítulo en el Delmi. Y Los Infernales ya demostraron que todavía tienen mucho por decir.


San Martín S.J.