Resumen
Published
3 años agoon
| Fecha | Hora |
|---|---|
| noviembre 25, 2023 | 5:00 pm |
| Equipo | Primera Etapa | Segunda Etapa | Goles | Resultado |
|---|---|---|---|---|
| Club Atlético Concepción | — | — | 1 | Draw |
| Club Sportivo 24 de Junio de Buena Vista | — | — | 1 | Draw |
| Ingeniero José María Paz |
|---|
| Banda del Río Salí, Departamento Cruz Alta, Tucumán, T4178, Argentina |
Kamil Majchrzak venció a Alex de Miñaur en la final de ’s-Hertogenbosch y ganó su primer título ATP tras una historia de resiliencia.
Published
11 mins agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 9:00 pm |
Kamil Majchrzak se consagró campeón del ATP 250 de ’s-Hertogenbosch al vencer a Alex de Miñaur por 6-3, 2-6 y 7-6(5), en una final dramática sobre césped. El polaco, que casi dejó el tenis tras una suspensión de 13 meses, ganó a los 30 años su primer título ATP y completó una de las historias de recuperación más emocionantes del circuito.
Kamil Majchrzak escribió una de esas historias que explican por qué el tenis puede ser tan cruel como emocionante. El polaco se consagró campeón del ATP 250 de ’s-Hertogenbosch tras derrotar al australiano Alex de Miñaur por 6-3, 2-6 y 7-6(5), en una final intensa, cambiante y cargada de significado deportivo y humano.
No fue un título más. Fue el primer trofeo ATP de su carrera, llegó a los 30 años, sobre césped y después de un recorrido marcado por la suspensión, las dudas, el regreso desde abajo y una reconstrucción tenística que parecía lejana. Majchrzak, número 78 del ranking mundial al inicio de la semana, cerró el mejor torneo de su vida con una victoria de enorme valor ante De Miñaur, séptimo del mundo y claro favorito al título.
El triunfo en ’s-Hertogenbosch confirma una recuperación profunda. Majchrzak había atravesado uno de los momentos más duros de su carrera luego de dar positivo en un control antidopaje en 2022. Fue suspendido durante 13 meses después de presentar restos de esteroides anabólicos en una prueba, aunque posteriormente se señaló que el caso estuvo vinculado a un lote contaminado de bebidas nutricionales a base de hierbas, situación que el jugador sostuvo como involuntaria.
Ese golpe lo dejó fuera de la actividad profesional desde octubre de 2022 hasta enero de 2024. En ese período, según contó el propio tenista, llegó a no saber si volvería a jugar. Pero volvió. Y no solo volvió: empezó desde torneos menores, ganó confianza, levantó títulos Challenger, recuperó lugar en el ranking y ahora llegó al momento más alto de su carrera.
La final del Libema Open tuvo todos los ingredientes de una definición grande. Majchrzak enfrentaba a Alex de Miñaur, campeón del torneo en 2024, segundo preclasificado y uno de los jugadores más consistentes de la temporada. El australiano partía como favorito por ranking, experiencia, antecedentes en Países Bajos y presente competitivo.
Sin embargo, el polaco salió a jugar sin complejos. En el primer set encontró rápidamente una ruptura de servicio decisiva y tomó el control del marcador. Su saque funcionó con precisión, evitó darle chances de quiebre a De Miñaur y cerró el parcial por 6-3 con autoridad.
El segundo set mostró la reacción esperada del favorito. De Miñaur elevó la intensidad, encontró profundidad en la devolución y consiguió dos quiebres para imponerse por 6-2. En ese tramo apareció la jerarquía del australiano, que parecía encaminar la final hacia una remontada lógica.
Pero Majchrzak no se quebró mentalmente. El tercer set fue una batalla de nervios, oportunidades y presión. Ambos tuvieron chances para adelantarse. De Miñaur no pudo aprovechar sus oportunidades cuando el polaco sacó 2-3, luego cedió su servicio, pero logró recuperarlo para mantener viva la final.
Todo se definió en el tie-break. Allí, Majchrzak tomó la iniciativa desde el comienzo, obligó a De Miñaur a correr siempre desde atrás y sostuvo la ventaja en los puntos decisivos. Con el 7-5 en el desempate, selló el triunfo más importante de su carrera y levantó su primer título ATP.
El partido ante De Miñaur fue una prueba completa para Majchrzak. No solo debía jugar bien: debía sostener emocionalmente una final ATP ante un Top 10, sobre una superficie rápida y contra un rival que ya sabía lo que era ganar en ’s-Hertogenbosch.
El primer set mostró al polaco en su mejor versión: agresivo, preciso y seguro con el saque. El segundo expuso el riesgo de enfrentar a un jugador de elite como De Miñaur, capaz de cambiar el ritmo del partido con intensidad física y presión constante. El tercero, finalmente, confirmó la madurez competitiva de Majchrzak.
La clave estuvo en no caer después del 2-6 del segundo set. Muchos jugadores, en su primera final ATP, podrían haber sentido el golpe emocional. Majchrzak, en cambio, volvió a ordenarse, compitió punto por punto y llegó al tie-break con la convicción de que podía ganar.
Ese temple fue decisivo. El polaco no solo venció a De Miñaur: también derrotó el peso de su propia historia.
El título en ’s-Hertogenbosch tiene una dimensión especial por lo que Majchrzak vivió en los últimos años. En 2022 dio positivo en un control antidopaje y recibió una suspensión de 13 meses. Aunque el caso estuvo relacionado con un producto contaminado, el impacto deportivo y emocional fue enorme.
Durante ese período, Majchrzak estuvo fuera del circuito profesional entre octubre de 2022 y enero de 2024. La pausa no fue solo competitiva: también puso en crisis su identidad como jugador. Él mismo contó que toda su vida había girado en torno al tenis y que, de golpe, no sabía si volvería a competir.
Esa frase resume el trasfondo de este título. Majchrzak no regresó simplemente después de una lesión o una mala racha. Regresó después de un proceso traumático, de dudas profundas y de una reconstrucción que exigió paciencia, apoyo familiar y fortaleza mental.
El propio jugador reconoció que el trauma todavía lo acompaña, pero también que está logrando superarlo. Por eso, su emoción después de ganar el título no fue una reacción más: fue la descarga de años de incertidumbre, trabajo silencioso y resistencia.
La reconstrucción de Majchrzak no empezó en grandes estadios. Después de la suspensión, el polaco volvió desde abajo. Su regreso tuvo una de sus primeras señales positivas en el M15 de Monastir, en Túnez, donde volvió a levantar un trofeo.
A partir de ahí, fue recuperando ritmo competitivo. Recibió convocatoria para Copa Davis, ganó cinco títulos Challenger y volvió a ubicarse entre los 100 mejores del ranking mundial. Ese camino fue clave para entender su semana en ’s-Hertogenbosch.
El título en el Libema Open no apareció de la nada. Fue la consecuencia de un proceso. Majchrzak llegó al césped neerlandés con confianza, con rodaje y con una base competitiva que le permitió aprovechar cada oportunidad. La semana anterior ya había mostrado señales positivas en el Challenger de Birmingham, donde alcanzó semifinales sobre césped.
En ’s-Hertogenbosch, todo explotó. El polaco encontró la mejor versión de su tenis en el momento justo y terminó venciendo a rivales de altísimo nivel.
La campaña de Kamil Majchrzak en ’s-Hertogenbosch fue brillante por la calidad de los rivales y por el modo en que fue creciendo durante el torneo.
Majchrzak comenzó su recorrido con un partido durísimo ante el finlandés Otto Virtanen. Ganó por 6-7(7), 6-4 y 7-6(4), en un duelo que lo obligó a competir desde el inicio con máxima concentración.
Luego superó al australiano James McCabe por 6-0 y 6-3. Ese resultado empezó a mostrar que su nivel en césped podía ser peligroso para cualquier rival.
En cuartos dio uno de los grandes impactos del torneo al eliminar al canadiense Felix Auger-Aliassime, número 4 del mundo y máximo favorito, por 6-4 y 6-3. Fue, hasta ese momento, una de las mejores victorias de su carrera.
En semifinales volvió a sorprender al derrotar a Daniil Medvedev por 7-6(4) y 6-1. El ruso venía de una jornada exigente, pero el mérito del polaco fue total: estuvo firme con el saque, no concedió puntos de quiebre y aprovechó las dudas de su rival.
En la final, venció a Alex de Miñaur por 6-3, 2-6 y 7-6(5), en un partido dramático que terminó de coronar la mejor semana de su vida deportiva.
Una de las razones por las que este título tiene tanto valor es el nivel de rivales que Majchrzak dejó en el camino. En la misma semana venció a Felix Auger-Aliassime, Daniil Medvedev y Alex de Miñaur.
No se trató de un cuadro favorable ni de una consagración circunstancial. Majchrzak tuvo que ganarse el título ante jugadores con ranking, experiencia y peso internacional. Auger-Aliassime llegaba como máximo favorito. Medvedev es ex número uno del mundo y campeón de Grand Slam. De Miñaur era el defensor del título, Top 10 y uno de los mejores jugadores del año en torneos neerlandeses.
Esa secuencia le da al título una dimensión mayor. Majchrzak no solo ganó un ATP 250: se consagró venciendo a rivales que lo obligaron a elevar su tenis al máximo.
El título también tendrá impacto directo en el ranking ATP. Majchrzak, que comenzó el torneo como número 78 del mundo, se aseguró escalar hasta el puesto 47, la mejor ubicación histórica de su carrera.
El salto al Top 50 tiene un valor enorme. En términos deportivos, le permite mejorar ingresos a cuadros principales, evitar fases previas en varios torneos y planificar el calendario con más margen. En términos emocionales, confirma que su regreso no es solo una historia inspiradora, sino también una reconstrucción competitiva real.
A los 30 años, Majchrzak alcanza un nuevo techo. Y lo hace en una etapa en la que muchos jugadores ya están consolidados o en descenso. En su caso, el título puede abrir una segunda vida dentro del circuito ATP.
Majchrzak se convirtió en el tercer representante de Polonia en ganar un título ATP a nivel masculino, después de Wojciech Fibak y Hubert Hurkacz. Ese dato también le da relevancia nacional a su consagración.
El tenis polaco ha tenido en los últimos años figuras de gran impacto, especialmente con Hurkacz en el circuito masculino e Iga Swiatek en el femenino. El título de Majchrzak amplía esa presencia y suma una historia distinta: la de un jugador que tuvo que reconstruirse desde un lugar muy difícil.
Para Polonia, su consagración en ’s-Hertogenbosch no solo suma un campeón ATP más. También entrega un relato de perseverancia, apoyo familiar y regreso competitivo.
Majchrzak construyó gran parte de su título desde el saque. En la final no tuvo un camino lineal, pero sí logró sostenerse en los momentos decisivos, especialmente en el primer set y en el tie-break final.
El segundo set fue dominado por el australiano, pero Majchrzak no permitió que esa tendencia definiera emocionalmente el partido. Recuperó calma y volvió a competir en el tercer parcial.
El desempate fue el momento más importante del torneo. Allí, el polaco tomó ventaja, jugó con decisión y obligó a De Miñaur a perseguir el marcador.
La historia reciente de Majchrzak parece haber fortalecido su capacidad de soportar presión. En ’s-Hertogenbosch, cada partido grande lo encontró preparado para competir.
Alex de Miñaur llegó a la final como favorito. Era campeón defensor, venía con un rendimiento extraordinario en Países Bajos y tenía la posibilidad de alcanzar el Top 5 del ranking mundial. Sin embargo, Majchrzak le impidió completar una semana histórica.
El australiano reaccionó bien en el segundo set, donde mostró la diferencia de jerarquía esperada y ganó 6-2. También tuvo oportunidades en el tercer parcial, especialmente cuando el polaco sacaba 2-3. Pero no pudo aprovecharlas, dejó escapar momentos clave y terminó cayendo en el tie-break.
La derrota no borra su gran relación con el Libema Open ni su excelente presente en el circuito. De Miñaur sigue siendo uno de los jugadores más sólidos del año y un nombre muy peligroso para la gira sobre césped. Pero esta vez se encontró con un rival inspirado y emocionalmente preparado para una final de alto voltaje.
El Libema Open de ’s-Hertogenbosch es uno de los torneos tradicionales de la gira sobre césped. Como ATP 250, ocupa un lugar clave en el calendario porque se disputa en plena transición entre Roland Garros y Wimbledon.
El cambio de superficie exige una adaptación rápida. En césped, los puntos suelen ser más cortos, el saque gana protagonismo, la devolución se vuelve decisiva y los movimientos deben ser más precisos. No hay demasiado margen para corregir durante la gira, porque la temporada sobre pasto es breve.
Por eso, ganar en ’s-Hertogenbosch tiene un valor especial. No solo entrega un título ATP: también ofrece confianza de cara a Wimbledon, el torneo que Majchrzak señala como uno de sus preferidos. Para un jugador que disfruta las canchas rápidas y tiene afinidad con el césped, este título puede convertirse en un impulso fundamental.
La consagración de Kamil Majchrzak en ’s-Hertogenbosch es mucho más que una sorpresa deportiva. Es una historia de reconstrucción. En términos estrictamente tenísticos, ganó un ATP 250 venciendo a rivales de elite y mostrando una enorme capacidad competitiva en césped. En términos humanos, completó un regreso que parecía improbable después de una etapa que casi lo aleja definitivamente del tenis.
El mérito principal está en la fortaleza mental. Majchrzak atravesó situaciones que pudieron haber cortado su carrera, pero volvió a competir desde abajo. Ganó partidos menores, recuperó ranking, reconstruyó confianza y llegó a Países Bajos preparado para aprovechar su oportunidad.
Su título también tiene valor por el momento en que llega. A los 30 años, en una etapa en la que muchos jugadores empiezan a mirar más lo que dejaron atrás que lo que pueden construir hacia adelante, Majchrzak alcanzó el punto más alto de su carrera. Esa es la gran enseñanza de su semana: no todos los caminos son lineales, y a veces el regreso puede ser más fuerte que el ascenso inicial.
El título en el Libema Open puede cambiar la temporada de Majchrzak. El salto al Top 50 lo posiciona mejor para futuros torneos, le da mayor estabilidad en el calendario y le permite llegar a Wimbledon con confianza renovada.
El desafío será sostener este nivel. Una semana brillante puede cambiar la percepción, pero consolidarse exige repetir rendimiento, manejar expectativas y seguir sumando en distintas superficies. Majchrzak ya demostró que puede competir con jugadores de primer nivel. Ahora deberá convertir esa confianza en regularidad.
Si mantiene la eficacia con el saque, la agresividad controlada y la fortaleza emocional que mostró en ’s-Hertogenbosch, puede transformarse en un rival muy incómodo en la gira sobre césped y en torneos de canchas rápidas.
Kamil Majchrzak no solo ganó el Libema Open. Ganó una final contra el favorito, derrotó a nombres de peso durante la semana y, sobre todo, le dio sentido a una recuperación que parecía cuesta arriba.
Su historia tiene todos los elementos de una gran crónica deportiva: caída, incertidumbre, reconstrucción, apoyo familiar, regreso desde torneos menores y consagración en el circuito grande. La imagen del polaco al borde de las lágrimas después del título resume mucho más que una victoria tenística. Resume años de esfuerzo, miedo, paciencia y convicción.
En ’s-Hertogenbosch, Majchrzak encontró el premio que buscó durante toda su carrera. A los 30 años, en una final dramática y sobre una superficie que siente propia, levantó su primer título ATP. Y lo hizo dejando una frase implícita en cada punto: a veces, para volver más fuerte, primero hay que resistir.
Kamil Majchrzak venció a Alex de Miñaur en la final de ’s-Hertogenbosch y ganó su primer título ATP tras una historia de resiliencia.
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7 horas agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 1:57 pm |
Cuando todo indicaba que Alpine se iría de Barcelona-Cataluña con las manos vacías, el equipo de Enstone encontró puntos donde parecía no haber nada. Con una mezcla de estrategia, lectura de carrera, oportunismo y una cuota enorme de fortuna, Pierre Gasly terminó séptimo y Franco Colapinto fue octavo en un Gran Premio que transformó un fin de semana desastroso en una cosecha de diez puntos impensados.
Alpine firmó en el Gran Premio de Barcelona-Cataluña una de esas actuaciones que solo se explican con una frase clásica del automovilismo: las carreras hay que correrlas. El equipo francés llegó al domingo sin ritmo, sin confianza y sin argumentos sólidos para pensar en la zona de puntos. Sin embargo, terminó celebrando un resultado que rozó lo increíble: Pierre Gasly finalizó séptimo y Franco Colapinto fue octavo, una cosecha de diez puntos que parecía directamente imposible después de lo visto en clasificación.
La historia del fin de semana había sido muy distinta hasta ese momento. El propio Colapinto definió el viernes como “el peor de la temporada”, mientras Alpine probaba cambios extremos de puesta a punto, modificaba por completo el auto del argentino e incluso recurría al chasis de reserva para Gasly en busca de respuestas. Nada funcionaba. El A526 patinaba, no tenía grip, sufría en curvas rápidas y degradaba demasiado en un asfalto abrasivo y caliente como el de Montmeló.
Pero el domingo cambió todo. Y no porque Alpine hubiera encontrado de golpe el rendimiento perdido, sino porque leyó bien la carrera, aprovechó cada giro estratégico y supo capitalizar abandonos, detenciones y neutralizaciones. En síntesis: Alpine no fue rápido en Barcelona, pero sí fue eficaz cuando el caos abrió una ventana.
Lo más fuerte del resultado es que llegó después de una clasificación muy pobre para el estándar reciente del equipo. Colapinto había quedado 13° y Gasly 14°, compartiendo la séptima fila. El panorama era muy oscuro, especialmente después de dos fines de semana muy competitivos en Miami y Canadá, donde Alpine había mostrado un salto real y Colapinto se había instalado en Q3 y en la pelea fuerte de la zona media. Barcelona representó un golpe de realidad.
En clasificación, Franco ya había dejado un diagnóstico durísimo del auto: habló de falta de tracción, exceso de deslizamiento, balance muy malo y un coche que “no hace lo que quiero”. También contó que casi termina contra el muro tres veces en su vuelta final. Gasly, por su parte, tampoco encontraba soluciones. Y el equipo, según el propio argentino, estaba “bastante perdido”.
Por eso el 7° y 8° final adquiere un valor todavía más alto. No fue un domingo que confirmara superioridad, sino uno que exhibió capacidad de reacción colectiva. Y en una temporada larga, con un reglamento nuevo y una zona media tan ajustada, ese tipo de jornadas puede cambiar mucho más que una simple tabla de resultados.
Alpine llegó al domingo sabiendo que solo una carrera movida podía devolverle opciones. Por eso eligió separar caminos desde la grilla. Colapinto largó con neumáticos blandos y Gasly con duros, una decisión pensada para cubrir distintos escenarios y tratar de capturar cualquier oportunidad que ofreciera la competencia.
Aunque en la previa esa diferencia parecía importante, el desarrollo mostró que los compuestos blandos y medios duraban casi lo mismo. Franco paró en la vuelta 13 y Pierre apenas dos giros después. A los dos les colocaron neumáticos duros y la idea fue la misma: sostenerse en carrera, esperar movimientos delante y no perder el tren de los eventuales puntos.
El arranque ya trajo noticias favorables para ambos Alpine. El retraso de Gabriel Bortoleto le permitió a Gasly y Colapinto ganar una posición cada uno. También hubo una caída de Isack Hadjar en el clasificador, aunque el documento deja claro que el verdadero rival en ese tramo era el Audi del brasileño y no tanto el Red Bull del francés.
Esos pequeños avances no resolvían nada todavía, pero sí mantenían viva la carrera. Y eso era exactamente lo que Alpine necesitaba: llegar con vida a la parte media del GP, donde las decisiones de boxes, la gestión de neumáticos y cualquier imprevisto podían alterar el panorama.
Uno de los momentos más delicados del domingo llegó en la vuelta 20. En pleno stint con neumáticos duros, Alpine le ordenó a Franco Colapinto dejar pasar a Pierre Gasly. La decisión generó enojo en el argentino, pero rápidamente quedó claro por qué el equipo había actuado así: el francés empezó a girar con mucho más ritmo y en apenas un par de vueltas le sacó dos segundos.
Ese episodio deja una lectura importante. Alpine no solo reaccionó desde la estrategia macro, sino también en la gestión interna de sus dos autos. El equipo entendió que Gasly tenía mejor ritmo en ese momento y priorizó maximizar sus probabilidades de entrar en la zona de puntos. Fue una decisión lógica, aunque incómoda para Colapinto, y terminó siendo parte central del resultado final.
Cuando todavía parecía que ni con estrategia alcanzaría para entrar al top 10, apareció el primer gran giro del Gran Premio. Nico Hülkenberg entró a boxes a cambiar neumáticos y no volvió a salir por un problema en su Audi. Ese abandono empujó a los Alpine al 10° y 11° puesto, con Gasly delante. De golpe, la carrera cambió de tono: ya no se trataba solo de resistir, sino de defender puntos reales.
La segunda gran jugada llegó con la detención de Colapinto en la vuelta 35. Después, en las vueltas 36 y 39, pararon Liam Lawson y Arvid Lindblad, los dos Racing Bulls. Allí sí funcionó a la perfección la apuesta de Alpine: el undercut dejó a los dos pilotos franceses por delante del equipo de Faenza. Y el argentino apareció entonces en el 10° lugar, ya metido en zona de puntos.
Ese fue probablemente el instante simbólico del “milagro”. Porque hasta allí, todo lo que Alpine venía rescatando era parcial. Pero en ese momento, un fin de semana que parecía absolutamente perdido se transformó en una carrera con doble puntuación posible.
Cuando Colapinto todavía soñaba con terminar por delante de Gasly, apareció una nueva variable: Pierre tenía que volver a pasar por boxes porque sus neumáticos no llegarían al final. Y justo entonces se desplegó el auto de seguridad virtual por el problema de Fernando Alonso en la curva 9. Ese momento le permitió a Gasly detenerse, cambiar gomas y volver a pista sin perder su posición respecto del argentino.
Parecía que la historia ya estaba escrita: noveno y décimo para Alpine, un resultado ya fantástico. Pero todavía faltaba el golpe final. En la vuelta 62 abandonaron Kimi Antonelli, que marchaba segundo, y Charles Leclerc, que iba sexto. Esa doble deserción hizo avanzar dos posiciones a los Alpine, que terminaron séptimo y octavo. Lo que ya era una enorme rescate se convirtió en una jornada directamente extraordinaria.
Hay un dato fundamental para entender la dimensión de este resultado: el A526 no fue competitivo en Barcelona. El documento lo remarca varias veces. El auto sufrió muchísimo con el asfalto caliente y abrasivo de Montmeló, volvió a mostrar debilidades aerodinámicas en curvas de media y alta velocidad y padeció especialmente la degradación. Además, Alpine no pudo estrenar el alerón delantero nuevo que esperaba utilizar en esta primera visita del año a España.
Es decir: no hubo salvación por ritmo, sino por ejecución. Y eso también tiene mérito deportivo. Cuando el coche no acompaña, los equipos medianos suelen desaparecer del radar. Alpine hizo lo contrario: se mantuvo en carrera, apostó con inteligencia, leyó los tiempos y sacó el máximo posible.
Aun con todas las dificultades vividas en Montmeló, el resultado final dejó a Alpine en una posición todavía muy sólida en la pelea del campeonato. El equipo de Enstone se mantuvo como el mejor del resto detrás de los cuatro grandes y amplió su ventaja a 22 puntos sobre Racing Bulls, el sexto. Además, se convirtió en el único equipo, además de los cuatro de punta, que sumó puntos en todos los fines de semana de la temporada hasta ese momento.
Ese dato es fortísimo porque resume la evolución de la escudería en 2026. En Miami y Canadá, Alpine se había ganado ese lugar por rendimiento puro. En Barcelona, en cambio, lo sostuvo desde otro costado: la maximización total de oportunidades. Y en un campeonato donde la regularidad pesa tanto como la velocidad, esa capacidad puede valer oro.
La idea de “milagro” no es exagerada en este caso. Alpine no encontró el rumbo en ningún momento del fin de semana. Cambió puestas a punto, tocó los autos de manera extrema, hasta reemplazó el chasis de Gasly y aun así seguía perdido. Colapinto fue clarísimo al describir el caos del sábado. Y la clasificación, con los dos autos fuera de Q3 y compartiendo la séptima fila, parecía cerrar cualquier discusión seria sobre sumar puntos.
Sin embargo, el domingo el equipo hizo casi todo bien. No tuvo el mejor coche, pero sí una buena lectura táctica. Se animó a dividir estrategias, ejecutó bien los pit stops, tomó una orden interna correcta aunque incómoda y estuvo listo para aprovechar abandonos y neutralizaciones. En un deporte donde muchas veces las oportunidades duran segundos, Alpine estuvo siempre atento.
La gran conclusión es que Gasly, Colapinto y Alpine construyeron un resultado que excede la simple suerte. Sí, hubo fortuna. Pero también hubo preparación para recibirla.
Antes de Barcelona, Alpine venía de dos fines de semana muy fuertes. En Miami, Colapinto había sido séptimo y había consolidado el salto de rendimiento del equipo tras el estreno del nuevo paquete. En Canadá, el argentino dio otro paso adelante con un sexto puesto, el mejor resultado de su carrera hasta entonces. Esos resultados habían instalado a la escudería como la quinta fuerza del campeonato.
Barcelona amenazaba con romper esa tendencia. De hecho, en rendimiento real, la rompió. Pero el resultado del domingo impidió que la caída se reflejara en la tabla. Y esa es otra gran noticia para Alpine: aun en uno de sus peores fines de semana del año, pudo sumar fuerte.
Barcelona no dejó tranquilidad técnica para Alpine, pero sí una enseñanza competitiva importante. El equipo deberá trabajar mucho en Enstone para entender por qué el A526 sufrió tanto en un circuito de curvas rápidas y alto desgaste, especialmente antes de la próxima visita a Austria, otra pista donde se esperan altas temperaturas. Además, el nuevo alerón delantero que no llegó a Montmeló debería aparecer allí, y puede ser parte de la solución.
Desde lo deportivo, el desafío será doble. Por un lado, recuperar el nivel mostrado en Miami y Canadá. Por otro, conservar esta capacidad de rescate cuando el rendimiento no alcance. Si Alpine logra unir ambas cosas, su posición como quinta fuerza puede consolidarse todavía más.
Alpine salió de Barcelona-Cataluña con mucho más de lo que merecía por velocidad pura. Pero en la Fórmula 1 eso también cuenta. Y mucho. Gasly y Colapinto no recibieron un regalo: estuvieron ahí para aprovechar cada grieta que abrió la carrera. El equipo, que había vivido uno de sus fines de semana más oscuros de 2026, encontró la manera de convertir el caos en un botín enorme.
Eso es, justamente, lo que distingue a los equipos que crecen. No solo suman cuando dominan a sus rivales directos; también sobreviven cuando el auto no aparece. En Barcelona, Alpine no ganó por rendimiento. Ganó por lectura, por oportunismo y por no rendirse nunca. Y a veces, en la zona media, los campeonatos también se empiezan a definir así.
El Albo cayó 1-0 ante Quilmes como visitante, cortó una racha de cuatro partidos invicto y deberá recuperarse ante Deportivo Maipú.
Published
11 horas agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 10:41 am |
Gimnasia y Tiro de Salta perdió 1-0 ante Quilmes en el Estadio Centenario por la fecha 18 de la Zona B de la Primera Nacional. El equipo de Juan Manuel Azconzábal dejó atrás una racha de cuatro partidos sin derrotas, sufrió la expulsión de Manuel Guanini y no logró meterse en los puestos de Reducido.
Gimnasia y Tiro de Salta sufrió una derrota dolorosa en su visita al Estadio Centenario. Por la fecha 18 de la Zona B de la Primera Nacional 2026, el equipo dirigido por Juan Manuel Azconzábal perdió 1-0 ante Quilmes y dejó pasar una buena oportunidad para acercarse a los puestos de Reducido.
El único gol del partido lo convirtió Agustín Lavezzi, de penal, sobre el cierre del primer tiempo. El delantero del Cervecero tomó la responsabilidad desde los doce pasos y definió con un remate cruzado para vencer a Federico Cosentino, que había sido una de las figuras del Albo durante la primera etapa.
La caída cortó una seguidilla de cuatro partidos sin derrotas para Gimnasia y Tiro, que venía de una levantada importante con triunfos y empates que habían renovado la ilusión de pelear por un lugar entre los ocho mejores de la Zona B. Sin embargo, en Quilmes el equipo salteño no encontró claridad ofensiva, sufrió demasiado en defensa y terminó condicionado por la expulsión de Manuel Guanini en el segundo tiempo.
El inicio del encuentro mostró a dos equipos con mucha cautela. Gimnasia y Tiro buscó sostener el orden, presionar en sectores medios y evitar que Quilmes pudiera progresar con comodidad. El Cervecero, por su parte, intentó manejar la pelota, abrir la cancha y encontrar espacios a espaldas de los volantes visitantes.
Durante los primeros minutos, el trámite fue disputado. Ninguno de los dos logró imponer una superioridad clara, aunque Quilmes empezó a crecer con el paso del tiempo. El equipo de Leandro Gracián encontró mayor profundidad por los costados y comenzó a llevar el partido hacia el arco de Federico Cosentino.
Gimnasia tuvo una de sus pocas aproximaciones claras con una escapada de Juan Ignacio Capano por izquierda. El futbolista del Albo ganó en velocidad, encontró espacio para avanzar y terminó la acción con un remate que no llevó la potencia necesaria para complicar a Gonzalo Marinelli.
Esa jugada fue, en buena medida, una excepción dentro del desarrollo ofensivo del conjunto salteño. A Gimnasia y Tiro le costó conectar a Nicolás Rinaldi con Lautaro Gordillo, no pudo sostener asociaciones en campo rival y quedó demasiado lejos del área rival durante buena parte del encuentro.
Antes del gol, Quilmes ya había dado señales de peligro. Agustín Lavezzi tuvo una situación clara dentro del área, enganchó y sacó un remate que Federico Cosentino desvió por encima del travesaño. Más tarde, Ian Rasso probó con un disparo potente que también obligó al arquero del Albo a responder.
Cosentino fue determinante para evitar que el resultado se abriera antes. El arquero de Gimnasia y Tiro mostró seguridad, achicó bien los espacios y respondió cada vez que el Cervecero logró romper líneas.
El dominio territorial de Quilmes empezó a ser cada vez más evidente. El local manejó mejor la pelota, encontró sociedades en tres cuartos y acumuló llegadas. Gimnasia, en cambio, se fue replegando y perdió peso ofensivo.
La acción decisiva llegó cerca del final del primer tiempo. Agustín Lavezzi ingresó al área y Juan Galetto cometió infracción, según la interpretación del árbitro Javier Delbarba. El juez sancionó penal para Quilmes y el propio Lavezzi se hizo cargo de la ejecución.
El delantero definió con un remate rasante, cruzado y preciso para establecer el 1-0. El gol llegó en un momento clave: justo antes del descanso y después de varios minutos en los que Quilmes había acumulado méritos para ponerse en ventaja.
Para Gimnasia y Tiro fue un golpe duro. El equipo de Azconzábal había logrado sostener el cero gracias a Cosentino, pero no pudo llegar al entretiempo igualado. Ese tanto modificó el escenario del partido y obligó al Albo a cambiar el plan para el complemento.
En la segunda etapa, Gimnasia y Tiro adelantó sus líneas e intentó jugar más cerca del arco de Marinelli. Azconzábal movió el banco y buscó variantes para darle más recorrido y profundidad al equipo. El ingreso de Marcos Tallura por Nicolás Rinaldi fue una de las modificaciones pensadas para reacomodar al equipo y buscar mayor amplitud.
El problema fue que el Albo nunca logró construir ataques sostenidos. El equipo salteño tuvo más intención que claridad. Le costó progresar por dentro, no pudo romper por afuera y casi no generó situaciones reales de gol.
Quilmes, con la ventaja, administró mejor los tiempos. No necesitó asumir riesgos excesivos y apostó a aprovechar los espacios que dejaba Gimnasia en su búsqueda del empate. El Cervecero tuvo posibilidades para ampliar la diferencia, aunque no logró liquidar el partido.
Cuando Gimnasia y Tiro intentaba instalarse algunos metros más adelante, llegó otro golpe importante: Manuel Guanini fue expulsado por doble amarilla a los 79 minutos. La roja dejó al equipo salteño con diez jugadores y redujo todavía más sus posibilidades de reacción.
Con un hombre menos, el Albo quedó obligado a ir por el empate con más corazón que juego. Sin embargo, Quilmes defendió con orden, cerró espacios y prácticamente no sufrió en el tramo final.
La expulsión terminó siendo una síntesis de la frustración de Gimnasia y Tiro: un equipo que venía en levantada, pero que en el Centenario se encontró incómodo, impreciso y sin respuestas ofensivas suficientes.
Los números del partido muestran con claridad por qué Quilmes terminó quedándose con los tres puntos. El Cervecero tuvo el 59% de la posesión contra el 41% de Gimnasia y Tiro. Además, remató 12 veces contra apenas 4 del equipo salteño.
La diferencia también se vio en los tiros al arco: Quilmes registró 6 remates a puerta, mientras que Gimnasia solo tuvo 2. En córners, la brecha fue todavía más contundente: 8 para el local y ninguno para el Albo.
Ese dato explica mucho del desarrollo. Gimnasia y Tiro no logró llevar el partido al área rival, no forzó tiros de esquina y no consiguió sostener una presencia ofensiva real. Quilmes, sin ser arrollador, fue superior en volumen, profundidad y generación de peligro.
| Estadística | Quilmes | Gimnasia y Tiro |
|---|---|---|
| Resultado | 1 | 0 |
| Posesión | 59% | 41% |
| Remates totales | 12 | 4 |
| Remates a puerta | 6 | 2 |
| Remates fuera | 6 | 2 |
| Córneres | 8 | 0 |
| Tarjetas amarillas | 2 | 4 |
| Tarjetas rojas | 0 | 1 |
| Gol | Agustín Lavezzi, de penal | — |
| Figura destacada | Agustín Lavezzi / Gonzalo Marinelli | Federico Cosentino |
| Situación final | Entró transitoriamente al Reducido | Cortó cuatro partidos sin perder |
Para Quilmes, el triunfo tuvo un valor enorme. El equipo de Leandro Gracián venía de igualar 0-0 ante San Martín de Tucumán y necesitaba volver a ganar para confirmar su recuperación. Con el 1-0 ante Gimnasia y Tiro, el Cervecero llegó a 21 puntos y quedó momentáneamente dentro de los puestos de Reducido.
El local no necesitó una actuación brillante, pero sí mostró eficacia, orden y mayor presencia ofensiva. Lavezzi fue determinante en la jugada del penal, Cosentino evitó una diferencia mayor y la defensa quilmeña sostuvo la ventaja sin demasiados sobresaltos.
Quilmes encontró en este triunfo una señal de crecimiento. Después de semanas en las que estuvo cerca de la zona baja, logró encadenar resultados que le permitieron cambiar el ánimo y mirar nuevamente hacia arriba.
Para Gimnasia y Tiro, la derrota llega en un momento sensible. El equipo salteño venía de ganarle 1-0 a Midland en el Gigante del Norte, había alcanzado los 20 puntos y estaba muy cerca de la zona de clasificación al Reducido. La visita a Quilmes era una prueba ideal para confirmar que la recuperación era algo más que una buena racha.
Pero el Albo no pudo sostener el nivel. La falta de profundidad volvió a ser un problema. El equipo defendió durante varios pasajes, dependió de las intervenciones de Cosentino y tuvo muy poca presencia en el área rival.
La caída no borra la mejora de las fechas anteriores, pero sí marca un llamado de atención. Gimnasia y Tiro necesita recuperar capacidad ofensiva si quiere pelear por el Reducido. En una Zona B pareja, donde las diferencias son mínimas, los puntos perdidos ante rivales directos pueden pesar mucho en el tramo final.
Una de las claves del partido estuvo en la mitad de la cancha. Quilmes logró cortar los circuitos de Gimnasia y Tiro y obligó al Albo a jugar lejos de Lautaro Gordillo. Nicolás Rinaldi no pudo manejar la pelota con comodidad y el equipo salteño quedó sin conexión entre mediocampo y ataque.
El Cervecero, en cambio, fue más práctico. No tuvo un dominio abrumador, pero sí más criterio para avanzar. Cuando encontró espacios por los costados, lastimó. Cuando aceleró con Lavezzi, generó peligro. Y cuando tuvo que defender el resultado, se cerró bien.
Gimnasia intentó reacomodarse en el segundo tiempo, pero nunca encontró una vía clara. La ausencia de córners y los apenas cuatro remates totales marcan una noche de escasa producción ofensiva.
En una derrota, no siempre es sencillo encontrar puntos altos. Sin embargo, Federico Cosentino fue uno de los futbolistas más importantes de Gimnasia y Tiro. El arquero respondió en el primer tiempo ante remates complicados y evitó que Quilmes se fuera al descanso con una diferencia mayor.
Cosentino volvió a mostrar reflejos, seguridad y personalidad. Si el Albo llegó con vida hasta el final, fue en gran parte por sus intervenciones. El gol llegó de penal, en una ejecución difícil de contener.
Su actuación deja una lectura clara: Gimnasia y Tiro necesitó demasiado de su arquero, algo que suele ser síntoma de un equipo que sufrió más de la cuenta.
La derrota dejó a Gimnasia y Tiro con 20 puntos y fuera de la zona de Reducido. El equipo salteño venía escalando posiciones, pero el traspié en Quilmes le impidió dar el salto que buscaba.
Quilmes, en cambio, alcanzó los 21 puntos y quedó octavo de manera transitoria. Es decir, el partido tenía valor directo en la pelea por entrar entre los ocho mejores. El Cervecero aprovechó su localía y el Albo dejó pasar una oportunidad importante.
La Zona B sigue siendo muy pareja. Un triunfo puede acercar a un equipo al Reducido y una derrota puede volver a ponerlo en una zona incómoda. Por eso, Gimnasia y Tiro deberá recuperar rápido la confianza.
El próximo desafío de Gimnasia y Tiro será como visitante ante Deportivo Maipú. Será otra prueba importante para medir la capacidad de reacción del equipo de Azconzábal.
El Albo necesita volver a sumar, pero sobre todo necesita recuperar claridad ofensiva. La racha positiva anterior había mostrado carácter, orden y eficacia en momentos puntuales. Ante Quilmes, esas virtudes no aparecieron con la misma fuerza.
La misión será no transformar esta derrota en un nuevo bajón. En una categoría tan exigente como la Primera Nacional, la recuperación inmediata es clave. Gimnasia y Tiro todavía está cerca del Reducido, pero necesita sostener regularidad para no volver a mirar hacia abajo.
Quilmes, fortalecido por el triunfo, deberá visitar a Colegiales en un partido pendiente de la cuarta fecha. El Cervecero llega con confianza y con la posibilidad de consolidarse dentro de los puestos de clasificación.
El equipo de Gracián encontró un resultado que puede servir como impulso. Después de un torneo irregular, el triunfo ante Gimnasia y Tiro le permite reacomodarse y volver a creer.
Gimnasia y Tiro perdió 1-0 ante Quilmes y dejó una sensación clara: compitió, pero no alcanzó. El equipo salteño no pudo sostener su racha positiva, generó poco en ataque y terminó pagando caro un penal sobre el cierre del primer tiempo.
Quilmes fue más profundo, remató más, ganó el duelo estadístico y aprovechó su momento. Gimnasia dependió demasiado de Cosentino, sufrió la expulsión de Guanini y no tuvo herramientas suficientes para cambiar la historia.
El Albo todavía está en carrera, pero la derrota marca una advertencia. Para pelear por el Reducido, no alcanza con reaccionar de local: también hay que sumar en escenarios difíciles, sostener concentración y encontrar más peso ofensivo.
La próxima fecha será una nueva oportunidad para demostrar si este tropiezo fue solo una pausa en la levantada o el inicio de otra preocupación.
El Albo cayó 1-0 ante Quilmes como visitante, cortó una racha de cuatro partidos invicto y deberá recuperarse ante Deportivo Maipú.
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