Resumen
Goles: 5′ pt. Fabián Rivero, 28′ st. Matías Iglesias y 44′ st. Agustín Martínez

Published
3 años agoon
| Fecha | Hora |
|---|---|
| diciembre 16, 2022 | 9:30 pm |
| Equipo | Resultado |
|---|---|
| Talleres de Perico | Win |
| Asociación Atlética La Mona 44 | Loss |
Goles: 5′ pt. Fabián Rivero, 28′ st. Matías Iglesias y 44′ st. Agustín Martínez

| Doctor Plinio Zabala |
|---|
| Perico, Municipio de Perico, Departamento El Carmen, Jujuy, Argentina |
Luciano Ambrogi va por su primer título Challenger en Tucumán ante el colombiano Johan Rodríguez, en una final inédita y con presencia argentina.
Published
50 mins agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 8:14 am |
Luciano Ambrogi jugará este domingo la final del AAT Challenger IEB+ edición Tucumán ante el colombiano Johan Rodríguez. El rosarino de 22 años buscará su primer título Challenger tras vencer a Guido Justo en semifinales. La definición será a las 11:00 en el Tucumán Lawn Tennis Club, con entrada libre y gratuita y transmisión por Fox Sports 3.
El AAT Challenger IEB+ edición Tucumán tendrá este domingo una final con fuerte atractivo para el tenis argentino. Luciano Ambrogi, rosarino de 22 años, disputará la primera final Challenger de su carrera frente al colombiano Johan Rodríguez, una de las grandes revelaciones del torneo.
El partido decisivo se jugará este domingo desde las 11:00 en la cancha central del Tucumán Lawn Tennis Club, con entrada libre y gratuita y transmisión en vivo de Fox Sports 3.
Para Ambrogi, la semana tucumana ya representa un salto importante en su carrera profesional. El argentino llegó como octavo preclasificado y se instaló en la definición luego de vencer en semifinales a su compatriota Guido Justo por 4-6, 7-5 y 6-2, en un partido que exigió reacción, fortaleza mental y una mejora progresiva en su servicio.
La semifinal ante Guido Justo no comenzó sencilla para Luciano Ambrogi. El rosarino cedió el primer set por 6-4 y quedó obligado a corregir rápido para mantenerse con vida en el torneo. A partir del segundo parcial, logró ajustar su saque, tomar mejores decisiones desde el fondo y sostener una intensidad que terminó quebrando la resistencia de su rival.
Después del triunfo, Ambrogi valoró especialmente el aspecto mental de su victoria: “Fui mejorando el saque a medida que avanzó el partido. En cuanto a la mentalidad, estoy muy contento con el trabajo que vengo haciendo junto a todo mi equipo. Me da orgullo poder sacar estos partidos que antes se me complicaban”.
La imagen del final también fue potente: el rosarino se abrazó con su entrenador, Federico Moreno, en una escena que reflejó el camino recorrido. Ambrogi reconoció que hubo momentos difíciles en el vínculo deportivo, con semanas donde los resultados no aparecían y el ambiente se volvía tenso. Sin embargo, también marcó un cambio personal dentro de la cancha: menos irritabilidad, más control emocional y una mejor conexión con su equipo.
Ese detalle no es menor. En el circuito Challenger, donde la diferencia entre avanzar o quedar eliminado muchas veces se define por pocos puntos, la madurez competitiva suele ser tan importante como la calidad técnica. Y en Tucumán, Ambrogi parece haber dado un paso clave en ese sentido.
Del otro lado de la red estará Johan Rodríguez, colombiano oriundo de Melgar, quien también disputará su primera final en el circuito Challenger. Rodríguez llegó desde la clasificación y se ganó su lugar en la definición tras vencer al argentino Nicolás Kicker por 6-3 y 6-4 en semifinales.
El colombiano mostró un tenis agresivo, con tiros de bajo margen pero alta efectividad. Su propuesta fue ofensiva, intensa y con poca concesión para Kicker, que no logró encontrar suficientes respuestas ante la potencia y decisión de su rival.
La historia de Rodríguez también le agrega un componente humano fuerte a la final. Este año decidió sumarse a la Universidad de Oklahoma Sooners para jugar tenis universitario en Estados Unidos, una alternativa que le permitió sostener su carrera deportiva frente a las dificultades económicas que limitaban su continuidad en el circuito profesional.
El colombiano contó que su familia hizo enormes sacrificios para acompañarlo en su camino: “Muchas veces mis papás dejaron de comer para llevarme a un torneo y por darme de comer a mí”. También destacó el rol de su padre, Alexander Rodríguez, quien además es su entrenador: “Mi papá ha hecho hasta lo imposible”.
El polvo de ladrillo tucumano vuelve a colocar a un argentino en la final de un torneo internacional. En las dos ediciones anteriores, el campeón también fue nacional: en 2024, Andrea Collarini venció a Hernán Casanova; en 2025, Alex Barrena derrotó a Santiago Rodríguez Taverna.
La diferencia en esta tercera edición es que Ambrogi buscará el título frente a un rival extranjero. Ese dato le da un condimento especial al partido: el argentino intentará sostener la tradición local en Tucumán, mientras que Johan Rodríguez buscará cortar la racha albiceleste y coronar una semana histórica para su carrera.
La jornada previa a la final individual también dejó una alegría para el tenis argentino en dobles. Santiago Rodríguez Taverna y Hernán Casanova se consagraron campeones del AAT Challenger IEB+ edición Tucumán tras vencer en la final a Mateo Del Pino y Ryan Dickerson por 3-6, 6-3 y 10-7.
El título confirma la buena semana de la dupla argentina y suma otro logro nacional en un certamen que volvió a mostrar la profundidad del tenis argentino en el nivel Challenger.
El torneo tucumano también forma parte del circuito de competencias profesionales internacionales en Argentina que otorgan puntos para la Beca Galperin al Mérito, una iniciativa destinada a premiar a fin de año a los tenistas argentinos de hasta 22 años que más puntos ATP sumen en el país.
Según el ranking actual, Carlos Zárate y Juan Estevez lideran con 37 puntos, seguidos por Lucio Ratti con 30, Máximo Zeitune con 19, Segundo Goity con 4 y Benjamín Chelía con 3. En Tucumán participaron varios de estos nombres, lo que refuerza la importancia del torneo como plataforma de desarrollo para las nuevas generaciones.
La final entre Luciano Ambrogi y Johan Rodríguez no solo define un título Challenger: también enfrenta dos recorridos marcados por la búsqueda de consolidación. Para Ambrogi, representa la oportunidad de ganar por primera vez en esta categoría, confirmar su crecimiento y dar un salto importante en confianza y ranking. Para Rodríguez, es la chance de transformar una historia de sacrificio familiar y esfuerzo económico en el mayor logro deportivo de su carrera.
Desde lo tenístico, será un duelo de estilos intensos. Ambrogi llega con una mejora evidente en el saque y con una fortaleza emocional que le permitió remontar una semifinal compleja. Rodríguez, en cambio, viene de imponer condiciones con un tenis ofensivo, directo y de alta energía. La clave puede estar en quién logre administrar mejor los momentos de tensión, especialmente en una final inédita para ambos.
Tucumán volverá a vivir una final con aroma grande. Con entrada libre y gratuita, transmisión nacional y un argentino buscando extender la racha local de campeones, el AAT Challenger IEB+ edición Tucumán se prepara para una definición cargada de expectativa. Luciano Ambrogi quiere levantar su primer trofeo Challenger; Johan Rodríguez quiere escribir la página más importante de su carrera. Este domingo, desde las 11:00, el polvo de ladrillo tucumano tendrá la última palabra.
Luciano Ambrogi va por su primer título Challenger en Tucumán ante el colombiano Johan Rodríguez, en una final inédita y con presencia argentina.
Brasil sufrió, ajustó en el segundo tiempo y empató 1-1 ante un Marruecos que dejó una gran imagen en el debut mundialista.
Published
2 horas agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 7:33 am |
Brasil y Marruecos igualaron 1 a 1 en el Estadio Nueva York Nueva Jersey, por la primera fecha del Grupo C del Mundial 2026. El equipo africano fue superior en el primer tiempo, pero la Verdeamarela reaccionó en el complemento y rescató un punto gracias a una aparición individual de Vinícius Jr.
Brasil y Marruecos empataron 1 a 1 en un partido intenso, cambiante y con dos desarrollos muy marcados en el Estadio Nueva York Nueva Jersey, por la primera fecha del Grupo C del Mundial 2026. El encuentro prometía mucho desde la previa: de un lado, el máximo campeón de la historia de la Copa del Mundo; del otro, una selección africana en pleno crecimiento, con antecedentes recientes de peso y una generación que ya no aparece como sorpresa, sino como una realidad competitiva.
El resultado terminó dejando sensaciones repartidas. Marruecos fue más en el primer tiempo, presionó alto, manejó mejor los ritmos y lastimó con transiciones veloces. Brasil, en cambio, tuvo la pelota en varios tramos, pero le costó generar juego asociado, sufrió cada retroceso y dependió demasiado de la jerarquía individual de sus figuras.
Ismael Saibari abrió el marcador para el conjunto africano a los 21 minutos, luego de una gran asistencia de Brahim Díaz. Vinícius Jr. igualó para Brasil a los 32, con una acción individual de enorme calidad que volvió a demostrar por qué es el principal argumento ofensivo del equipo de Carlo Ancelotti.
En el segundo tiempo, Brasil ajustó las tuercas, corrigió nombres y postura, y logró que el partido fuera mucho más parejo. Sin embargo, ninguno de los dos equipos terminó rompiendo el equilibrio. Marruecos no pudo sostener la frescura de la primera etapa y Brasil, aunque mejoró, nunca terminó de imponer la autoridad que se espera de un pentacampeón mundial.
Marruecos salió al partido con una idea clara: presionar, acelerar y atacar los espacios que dejaba Brasil en la transición defensiva. Desde la primera acción, el equipo africano mostró una postura agresiva, con envíos directos hacia los costados y presión inmediata sobre la salida brasileña.
Aunque Brasil tuvo más posesión en algunos pasajes, el dominio real del juego fue de Marruecos. El equipo dirigido por Mohamed Ouahbi encontró superioridad en el mediocampo y explotó la movilidad de Brahim Díaz, Achraf Hakimi, Bilal El Khannouss y Azzedine Ounahi.
La primera señal de peligro llegó con un remate de Neil El Aynaoui que fue bloqueado por Bruno Guimarães. Luego, Hakimi probó con un disparo desviado. Eran avisos de un equipo que no se conformaba con esperar, sino que quería plantarse de igual a igual ante Brasil.
La Verdeamarela respondió con una acción individual de Vinícius Jr., pero su centro no pudo ser conectado por Igor Thiago, el delantero elegido por Ancelotti para iniciar el encuentro. Esa jugada fue una muestra de lo que sería buena parte del primer tiempo para Brasil: más intención que elaboración, más dependencia de sus talentos que construcción colectiva.
A los 21 minutos llegó el 1-0 para Marruecos. Brahim Díaz recibió con libertad, leyó el espacio entre los centrales brasileños y filtró un pase preciso para Ismael Saibari, que definió por arriba de Alisson.
El gol fue justo por el desarrollo del partido. Marruecos había sido más claro, más agresivo y más profundo. Su dominio no se explicaba solo por la presión, sino también por la inteligencia para encontrar los espacios a espaldas del mediocampo brasileño.
Brasil quedó expuesto. Casemiro y Bruno Guimarães no lograban contener las transiciones, Roger Ibañez y Marquinhos sufrían cuando Marruecos atacaba con velocidad, y Lucas Paquetá no conseguía convertirse en el nexo entre la mitad de la cancha y los delanteros.
Cuando el partido parecía inclinarse cada vez más hacia Marruecos, apareció Vinícius Jr. A los 32 minutos, el delantero del Real Madrid combinó con Bruno Guimarães, recibió la devolución, enganchó y sacó un remate cruzado perfecto para establecer el 1-1.
El gol fue una obra individual dentro de un contexto colectivo complejo. Brasil no venía jugando bien, pero tiene futbolistas capaces de cambiar un partido en una acción aislada. Vinícius fue, por lejos, el jugador más determinante de la Verdeamarela.
Después del empate, Brasil tuvo un par de aproximaciones más antes del descanso: una tijera de Lucas Paquetá y un cabezazo de Marquinhos. Sin embargo, esas situaciones no modificaron la lectura general del primer tiempo. Marruecos había sido superior, pero no logró traducir su dominio en una diferencia mayor.
Ese fue, precisamente, uno de los grandes puntos del partido: el equipo africano jugó mejor durante varios tramos, pero no capitalizó su momento. Contra una selección como Brasil, perdonar suele tener costo.
Carlo Ancelotti tomó decisiones importantes en el entretiempo. Sacó a Roger Ibañez y Casemiro, ambos amonestados, y mandó a la cancha a Danilo y Fabinho. El cambio no fue solo de nombres: Brasil salió al segundo tiempo con otra actitud, mayor convicción y una postura más ofensiva.
La Verdeamarela mantuvo la pelota, pero esta vez la utilizó con más decisión. Raphinha, que había tenido una primera etapa muy apagada, comenzó a conectarse mejor con el juego y exigió a Bono. Brasil empezó a jugar más cerca del área marroquí y logró que el partido dejara de ser tan favorable para los africanos.
Marruecos, en cambio, empezó a retroceder. El equipo que en el primer tiempo filtraba pases, atacaba con velocidad y presionaba alto, pasó a defender más cerca de su arco y a buscar salidas largas para sus atacantes. La frescura inicial comenzó a desaparecer.
En el complemento, Raphinha tuvo más participación. Incluso contó con una ocasión para dar vuelta el partido luego de una combinación con Vinícius, aunque su remate salió mordido y no complicó demasiado a Bono.
Brasil mejoró, pero no terminó de resolver su principal problema: la generación de juego. Paquetá no logró asumir el control creativo, el equipo no tuvo fluidez constante y las situaciones más peligrosas siguieron naciendo de las apariciones individuales.
Vinícius fue el rostro de esa búsqueda. Cada vez que encaró por izquierda, Marruecos tuvo que retroceder o ajustar coberturas. Su gol y sus arranques sostuvieron a una Brasil que, por momentos, pareció más un equipo en construcción que una selección dominante.
El empate también dejó una lectura importante para Marruecos. El equipo africano demostró que puede competir ante cualquier rival. Le quitó comodidad a Brasil, ganó varios duelos en la mitad de la cancha y mostró personalidad para jugarle de frente a una potencia histórica.
Brahim Díaz fue clave en el primer tiempo. Cada vez que se soltó hacia el centro, generó incertidumbre en la defensa brasileña. Hakimi fue una amenaza constante por derecha. El Aynaoui aportó equilibrio, despliegue y llegada. Saibari, además del gol, mostró oportunismo y lectura para atacar el espacio.
El problema estuvo en la definición. Marruecos dominó, generó ventajas y tuvo momentos de superioridad, pero no logró construir una diferencia suficiente. Esa falta de contundencia terminó explicando buena parte del 1-1.
En el tramo final, el equipo de Ouahbi tuvo una oportunidad clara que obligó a Alisson a lucirse con una doble atajada decisiva. Esa intervención evitó lo que pudo haber sido un triunfo histórico para Marruecos en el debut del Grupo C.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Partido | Brasil 1-1 Marruecos |
| Competencia | Mundial 2026 |
| Fecha | Primera jornada del Grupo C |
| Estadio | Nueva York Nueva Jersey |
| Gol de Marruecos | Ismael Saibari, a los 21 minutos |
| Asistencia del 1-0 | Brahim Díaz |
| Gol de Brasil | Vinícius Jr., a los 32 minutos |
| DT de Brasil | Carlo Ancelotti |
| DT de Marruecos | Mohamed Ouahbi |
| Figura destacada | Neil El Aynaoui |
| Jugador clave de Brasil | Vinícius Jr. |
| Próximo partido de Brasil | vs Haití, viernes 19 de junio, en Philadelphia |
| Próximo partido de Marruecos | vs Escocia, viernes 19 de junio, en Boston |
El archivo no incluye una planilla estadística completa con posesión, remates totales, tiros al arco o precisión de pases. Sin embargo, el desarrollo del encuentro marca una tendencia clara: Marruecos fue superior en el primer tiempo, Brasil equilibró el trámite en el segundo y los arqueros tuvieron intervenciones importantes para sostener el empate.
El conjunto africano fue el equipo más claro durante la primera etapa. Controló los espacios, encontró buenas conexiones por derecha y lastimó con velocidad. Sin embargo, falló en el último toque y no pudo aumentar la diferencia cuando el partido le era favorable.
La Verdeamarela tuvo problemas para conectar mediocampo y ataque. Lucas Paquetá no logró imponerse como conductor, Casemiro quedó expuesto y el equipo dependió demasiado de Vinícius Jr. para generar peligro.
Los ingresos de Danilo y Fabinho ayudaron a estabilizar a Brasil. El equipo ganó orden, redujo riesgos defensivos y logró instalarse más tiempo en campo rival durante el complemento.
Brasil rescató un punto por la jerarquía de Vini. Su gol fue una acción de crack: combinación, enganche y remate cruzado. Además, mantuvo ocupada a la defensa marroquí cada vez que recibió por izquierda.
Los arqueros fueron importantes. Bono respondió cuando Brasil lo exigió y Alisson tuvo una intervención decisiva en el cierre, con una doble atajada que evitó la derrota brasileña.
Fue el futbolista más constante del partido. Ganó presencia en el mediocampo, ayudó a que Marruecos dominara la primera etapa y participó en transiciones que complicaron mucho a Brasil. En el cierre, también fue protagonista de una de las acciones más claras para los africanos.
Si Brasil no perdió, fue por Vinícius. El delantero del Real Madrid convirtió el gol del empate y fue el jugador brasileño más desequilibrante. En un equipo que tuvo dificultades colectivas, Vini sostuvo la amenaza ofensiva.
Fue determinante en el mejor momento de Marruecos. Su pase para el gol de Saibari fue una muestra de visión, calidad y precisión. Cuando encontró libertad entre líneas, Brasil sufrió.
Brasil y Marruecos integran el Grupo C del Mundial 2026 junto a Haití y Escocia. El empate deja abierta la zona y aumenta el valor de la segunda fecha.
Para Brasil, el resultado obliga a no relajarse ante Haití. La Verdeamarela sigue siendo favorita para avanzar, pero el debut dejó señales de alerta: problemas defensivos en transición, falta de elaboración y dependencia de las individualidades.
Para Marruecos, el empate tiene una doble lectura. Por un lado, sumar ante Brasil es valioso. Por otro, la sensación es que pudo ganar. El equipo africano demostró que tiene argumentos para pelear la clasificación y que su crecimiento no fue casualidad.
Haití vs Escocia
Sábado 13 de junio
Sede: Boston
Escocia vs Marruecos
Viernes 19 de junio
Horario: 19:00 Argentina/Uruguay
Sede: Boston
Brasil vs Haití
Viernes 19 de junio
Horario: 21:30 Argentina/Uruguay
Sede: Philadelphia
Marruecos vs Haití
Miércoles 24 de junio
Horario: 19:00 Argentina/Uruguay
Sede: Atlanta
Brasil vs Escocia
Miércoles 24 de junio
Horario: 19:00 Argentina/Uruguay
Sede: Miami
Brasil llegó al Mundial 2026 con la obligación de siempre: competir por el título. Su historia no admite objetivos menores. Es el máximo campeón de la Copa del Mundo, con cinco títulos, y cada torneo lo enfrenta con la presión de buscar la sexta estrella.
Sin embargo, esta versión de la Verdeamarela llega con más dudas que otras generaciones. La etapa de Carlo Ancelotti busca darle equilibrio a un equipo con enorme talento ofensivo, pero con interrogantes en algunas zonas del campo.
El debut ante Marruecos confirmó varias de esas dudas. Brasil tiene individualidades de primer nivel, pero todavía debe construir una estructura más confiable. Cuando el rival lo presionó y atacó rápido, el equipo quedó incómodo. Cuando necesitó elaborar, le faltó claridad.
Vinícius Jr. aparece como el gran faro. Raphinha, Neymar, Endrick, Matheus Cunha y otros nombres ofensivos le dan variantes, pero la Selección necesita que el funcionamiento acompañe más a sus figuras.
Marruecos dejó de ser una revelación para convertirse en una selección seria, competitiva y con ambiciones reales. Su histórica semifinal en Qatar 2022 marcó un antes y un después para el fútbol africano, y este equipo busca confirmar que aquel torneo no fue una excepción.
El equipo de Mohamed Ouahbi combina intensidad, velocidad, técnica y una base de futbolistas que compiten en ligas importantes. Hakimi es la gran figura, Brahim Díaz aporta creatividad, Bono da seguridad en el arco y El Aynaoui se consolida como una pieza clave del mediocampo.
El empate ante Brasil refuerza esa imagen. Marruecos no se achicó. Jugó mejor durante buena parte del primer tiempo, puso en aprietos a una potencia histórica y se retiró con la sensación de haber estado cerca de un triunfo de enorme impacto.
El 1-1 entre Brasil y Marruecos fue un partido de señales. Para Brasil, la señal positiva fue la capacidad de reacción. El equipo no se cayó después del gol de Saibari, encontró el empate con Vinícius y mejoró tras los cambios de Ancelotti. La señal negativa fue la falta de control durante el primer tiempo y la fragilidad en los retrocesos.
Para Marruecos, la señal positiva fue el rendimiento. El equipo africano jugó con personalidad, dominó al pentacampeón durante varios pasajes y confirmó que tiene argumentos futbolísticos para pelear la clasificación. La señal negativa fue la eficacia. En un Mundial, los grandes momentos deben transformarse en goles, y Marruecos dejó vivo a Brasil.
El empate puede terminar siendo valioso para ambos, pero también deja tareas pendientes. Brasil debe encontrar funcionamiento colectivo. Marruecos debe mejorar la definición. En un grupo que también tiene a Escocia y Haití, cada punto puede pesar mucho.
Brasil y Marruecos empataron 1-1 en un debut mundialista que mostró el presente de ambos: una Verdeamarela con jerarquía, pero todavía en búsqueda de su mejor versión, y un Marruecos competitivo, intenso y capaz de discutirle el partido a cualquiera.
El equipo africano fue superior en la primera etapa, pero no lo liquidó. Brasil ajustó en el complemento, creció con los cambios y encontró en Vinícius Jr. la respuesta que necesitaba para evitar un golpe de entrada.
El Mundial 2026 recién empieza, pero el Grupo C ya dejó una certeza: Brasil no tendrá margen para jugar con piloto automático y Marruecos está listo para volver a ser protagonista.
Brasil sufrió, ajustó en el segundo tiempo y empató 1-1 ante un Marruecos que dejó una gran imagen en el debut mundialista.
Published
2 horas agoon
junio 14, 2026
| Fecha | Hora |
|---|---|
| junio 14, 2026 | 7:12 am |
Franco Colapinto volvió a exprimir al máximo un Alpine que esta vez no estuvo a la altura de las últimas fechas y terminó 13° en la clasificación del Gran Premio de Barcelona-Cataluña. En una jornada marcada por la falta de grip, el sobrecalentamiento de los neumáticos y un balance muy inestable del A526, el argentino quedó fuera de la Q3, aunque logró terminar por delante de Pierre Gasly y mantuvo abierta una pequeña esperanza de avanzar en carrera con estrategia y constancia.
Franco Colapinto saldrá 13° en el Gran Premio de Barcelona-Cataluña después de una clasificación en la que llevó al límite a un Alpine que nunca encontró respuestas durante el fin de semana. El argentino hizo todo lo que tuvo a mano para meterse en la Q3, pero el A526 volvió a mostrar sus peores síntomas: poco agarre, fuerte deslizamiento en curvas de media y alta velocidad, sobrecalentamiento de los neumáticos y una ventana de funcionamiento muy estrecha. El resultado final lo dejó a 423 milésimas del décimo puesto, ocupado por Nico Hülkenberg, y confirmó que esta vez el equipo de Enstone no pudo repetir el nivel que había mostrado en Miami y Canadá.
La imagen que mejor resume la frustración del piloto argentino llegó al final de la sesión. Después de cerrar su vuelta decisiva de Q2, Colapinto golpeó el volante de su auto, consciente de que no había mucho más para sacar. No fue una clasificación perdida por un error puntual ni por una vuelta mal armada: fue la consecuencia de un fin de semana en el que Alpine jamás le encontró la vuelta al auto en el calor de Montmeló.
Barcelona ya venía dando señales preocupantes desde los ensayos del viernes. Alpine trabajó fuerte durante la noche para cambiar el rumbo del auto, probó una puesta a punto completamente distinta para el tercer entrenamiento y luego volvió a modificar el A526 antes de la clasificación. Sin embargo, nada funcionó. El coche siguió deslizándose demasiado y sin ofrecerle a Colapinto la confianza necesaria para atacar con decisión, especialmente en una pista donde el equilibrio aerodinámico y el cuidado de las gomas son decisivos.
El dato de fondo es todavía más importante: el equipo francés venía de dos fines de semana muy competitivos en América del Norte, con Colapinto séptimo en Miami y sexto en Canadá, donde incluso había firmado el mejor resultado de su carrera en la Fórmula 1. Barcelona, en cambio, devolvió a Alpine a una versión mucho más vulnerable, especialmente frente a rivales directos como Audi y Racing Bulls.
La primera parte de la clasificación fue relativamente prolija para Alpine. Tanto Colapinto como Gasly lograron avanzar a la Q2 sin problemas grandes. Franco marcó 1m16s590 y superó al francés por apenas nueve milésimas, un indicio de la enorme paridad interna que mostró el equipo en Montmeló, aunque siempre lejos de los puestos de privilegio.
Ese paso a Q2 sostuvo la ilusión de pelear hasta el final por uno de los boletos al top 10. Pero ya en ese momento el panorama era exigente: el Alpine estaba lejos de tener la solidez de Miami y Canadá, y dependía de una vuelta casi perfecta para aspirar a más.
En la segunda tanda llegó la confirmación de que el límite del auto estaba demasiado cerca. Los dos Alpine hicieron el primer intento con neumáticos blandos usados, guardando los nuevos para el cierre. En la vuelta decisiva, Colapinto volvió a ser más rápido que Gasly, con 1m16s191 contra 1m16s261 del francés. Esa diferencia de 70 milésimas volvió a poner al argentino por delante de su compañero, pero no alcanzó para discutir seriamente el pase a la Q3. Franco quedó 13° y a 423 milésimas de Hülkenberg, que se quedó con el décimo y último lugar disponible.
La distancia no parece abrumadora a simple vista, pero deja una lectura clara: Alpine estuvo fuera de la pelea real por la Q3. Había autos y equipos enteros funcionando mejor en las condiciones de la pista catalana.
Después de bajarse del auto, Colapinto fue muy claro al explicar lo que sintió arriba del Alpine. Su resumen fue durísimo: habló de un auto que no hace lo que quiere, que va de costado en la curva 2, patea en la 3, no tracciona en la 4 y destroza las gomas traseras en apenas unas pocas curvas. También remarcó que en el último sector empujar era casi imposible con el balance que tenía el coche.
La segunda parte de su análisis fue todavía más fuerte. Dijo que el auto cambió varias veces entre el viernes, la tercera práctica y la clasificación, y que ninguna de esas direcciones funcionó. Habló de un equipo “bastante perdido” y de una sensación muy frustrante cuando el piloto se la juega al límite y el coche no responde. Incluso reconoció que casi termina contra la pared en tres oportunidades en su vuelta final.
Ese nivel de honestidad también sirve para entender que el 13° puesto no fue un resultado engañoso: Colapinto sintió durante todo el fin de semana que el coche estaba mal balanceado y sin una base confiable para atacar.
El documento deja en claro por qué Barcelona fue tan complicada para Alpine. El A526 sufrió en un combo muy específico: mucho calor, pista extremadamente caliente, altísima degradación de neumáticos y curvas de media y alta velocidad donde el coche quedó sin agarre. Esa mezcla hizo que tanto Colapinto como Gasly deslizaran mucho durante toda la vuelta.
Y no parece un detalle menor que el equipo estuviera esperando una actualización, especialmente un nuevo alerón delantero, que finalmente no llegó. La lectura que deja el archivo es que quizá en Enstone ya intuían que Barcelona iba a ser una cita delicada para el paquete aerodinámico actual.
Otro elemento central del análisis es que Alpine no cayó solo por problemas propios, sino también porque rivales directos respondieron mejor a las características del circuito. En Barcelona, tanto Audi como Racing Bulls estuvieron claramente por delante de los autos franceses. Eso modifica por completo el paisaje competitivo de la zona media, porque el equipo de Enstone había aparecido como quinta fuerza muy sólida en Miami y Canadá.
Montmeló mostró otra imagen: Alpine fue superado, se quedó sin margen en clasificación y ahora dependerá más de las oportunidades de carrera que de su velocidad pura.
La nota de Barcelona gana valor cuando se la ubica en el contexto reciente. Colapinto venía de su mejor racha desde que se subió a Alpine. En Miami fue séptimo, en Canadá terminó sexto y en ambas citas alcanzó la Q3, además de consolidarse como la referencia interna del equipo por delante de Gasly. También había mostrado un crecimiento evidente desde la llegada del gran paquete de actualizaciones estrenado en Estados Unidos.
Por eso Barcelona pesa tanto: no solo corta la progresión en términos de posiciones, sino que además deja expuesto que el Alpine todavía depende mucho del tipo de pista y del comportamiento del neumático. El avance era real, pero no definitivo. Montmeló recordó que el equipo todavía está lejos de tener una base sólida para cualquier escenario.
El 13° puesto de Colapinto en Barcelona no debe analizarse como una mala clasificación aislada, sino como una fotografía precisa del momento de Alpine en un circuito muy exigente para su paquete actual. El argentino volvió a terminar por delante de Gasly, lo cual refuerza una tendencia positiva en su rendimiento individual, pero esta vez eso no alcanzó para pelear por la Q3 porque el auto estuvo fuera de ventana todo el fin de semana.
La lectura deportiva más fuerte es esta: Colapinto está manejando mejor, está más asentado y sigue respondiendo incluso en jornadas complicadas, pero Alpine necesita recuperar competitividad en pistas de alta energía y curvas rápidas si quiere sostenerse como quinto equipo. Barcelona dejó un aviso importante de cara a las próximas fechas europeas.
Colapinto largará desde la séptima fila junto a Gasly, con una premisa clara: aprovechar cualquier oportunidad. El propio archivo remarca que Alpine deberá apostar a una estrategia agresiva y posiblemente dividir caminos entre sus dos autos para cubrir distintas eventualidades. En un circuito de tanta degradación, una buena lectura táctica puede modificar bastante el resultado final.
De todos modos, también aparece el gran interrogante. El viernes, según reconoció el propio Colapinto, el ritmo de carrera había sido muy malo, al punto de sentirse muy lejos de la referencia. Esa confesión baja un poco el optimismo y obliga a pensar que la carrera dependerá tanto del desgaste ajeno como de una eventual mejora del auto en tanda larga.
Barcelona-Cataluña dejó una señal incómoda para Alpine y una nueva prueba de carácter para Franco Colapinto. El argentino hizo su parte: volvió a quedar delante de Gasly, llevó el auto hasta donde pudo y expuso con claridad las limitaciones del A526. Pero esta vez no hubo milagro nocturno, ni salto de sábado, ni resto para colarse entre los diez mejores.
La sensación final es doble. Por un lado, Colapinto sigue sosteniendo un nivel individual en alza. Por el otro, Alpine volvió a tropezar con un tipo de circuito que lo deja demasiado expuesto. Si la carrera ofrece caos, degradación extrema o una estrategia acertada, el argentino puede acercarse a los puntos. Pero la clasificación ya dejó una conclusión fuerte: en Barcelona, el problema no fue Franco. El problema fue el auto.
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