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Increíble pero real: Ituzaingó tuvo tres técnicos en apenas 11 fechas y atraviesa una crisis total en la Primera B
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4 horas agoon
Ituzaingó atraviesa uno de los momentos más delicados de su temporada en la Primera B: en solo 11 fechas cambió tres veces de entrenador, no ganó ningún partido y quedó hundido en el fondo de la tabla. De Diego Herrero a Guillermo Szeszurak, y del breve segundo ciclo del Búfalo al regreso de Matías De Cicco, la historia de un club que busca desesperadamente recuperar el rumbo.
Increíble pero real: Ituzaingó tuvo tres técnicos en apenas 11 fechas y atraviesa una crisis total en la Primera B
El presente de Ituzaingó en la Primera B 2026 sorprende por donde se lo mire. No solo por su flojísimo arranque futbolístico, sino también por una inestabilidad que quedó reflejada en un dato impactante: en apenas 11 fechas del campeonato, el Verde ya tuvo tres entrenadores distintos. Lo que debía ser el año de consolidación tras el ascenso terminó transformándose en una sucesión de decisiones urgentes, malos resultados y un equipo que todavía no logró encontrar identidad ni respuestas.
La historia, que parece exagerada pero es completamente real, comenzó con Diego Herrero, siguió con el arribo de Guillermo Szeszurak y desembocó en el regreso de Matías De Cicco, el técnico que había llevado al club a dos ascensos y que vuelve con la misión de intentar rescatar a un equipo que se hundió demasiado rápido.
Le damos la bienvenida a Diego Herrero como nuevo entrenador de Ituzaingó.
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) November 30, 2025
Trabajó desde Primera D a Primera Nacional, con experiencias en Centro Español (fue campeón), Villa Dálmine y Liniers, donde tuvo su último antecedente.
¡Que sea con el mejor de los éxitos! 💪🏽 pic.twitter.com/5ipHwezJU9
Diego Herrero, el primer ciclo que no logró despegar
El primer capítulo de esta historia tuvo como protagonista a Diego Herrero, quien había asumido para comandar a Ituzaingó en su regreso a la Primera B. Sin embargo, el proceso duró muy poco. El arranque fue muy malo y la derrota 3-0 ante San Martín de Burzaco terminó de precipitar su salida. La dirigencia comunicó oficialmente que no seguiría al frente del plantel luego de apenas cinco partidos, con un balance muy negativo: cuatro derrotas y un empate, incluyendo también la eliminación en Copa Argentina.
¿Qué valoración le da Diego Herrero al análisis de datos y al aspecto mental en su equipo? pic.twitter.com/b2SLSW3Bm5
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) December 12, 2025
Los números de Herrero marcaron el primer golpe fuerte de la temporada. En ese breve paso, Ituzaingó cayó 4-0 con Estudiantes de La Plata por Copa Argentina, perdió 1-0 con Deportivo Armenio, fue derrotado 3-1 por Villa San Carlos, empató 1-1 frente a Brown de Adrogué y luego volvió a caer con una imagen muy pobre por 3-0 ante San Martín de Burzaco. Es decir, el Verde arrancó el año sin victorias, con muchas dudas futbolísticas y ya obligado a tomar una decisión drástica antes de que el campeonato avanzara demasiado.
Diego Herrero sobre Estudiantes de La Plata, el rival de Copa Argentina pic.twitter.com/1hOS9jiI8d
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) December 12, 2025
La sensación que dejó ese primer ciclo fue la de un equipo que nunca llegó a afirmarse en la categoría. Ituzaingó venía de conseguir un ascenso importante, pero el salto a la Primera B expuso de inmediato dificultades de adaptación, fragilidad defensiva y una falta de peso ofensivo que con el correr de las semanas se fue agravando. Herrero fue el primero en pagar el costo de ese mal arranque.
✍🏽 Comunicado oficial: Diego Herrero no continuará como Director Técnico del Club Atlético Ituzaingó.
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) March 5, 2026
Le agradecemos a Diego y a su cuerpo técnico por el compromiso y le deseamos éxitos en su futuro.#SomosItuzaingó 🟢⚪ pic.twitter.com/4TYcNdBs2J
Guillermo Szeszurak, una apuesta fuerte que tampoco funcionó
Tras la salida de Herrero, la dirigencia apostó por un nombre de experiencia en el Ascenso argentino: Guillermo Szeszurak. El Búfalo fue presentado oficialmente el 5 de marzo y arrancó así su segundo ciclo en el club, con la expectativa de enderezar el rumbo de un plantel golpeado. En su llegada, incluso dejó en claro que el objetivo inmediato era cambiar la cabeza del equipo, sumar puntos y sostener la categoría.
Guillermo Szeszurak es el nuevo Director Técnico de Ituzaingó.
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) March 5, 2026
El Búfalo consiguió 5 ascensos como entrenador: dos en Dep. Riestra y uno en Argentino (Q), Excursionistas y Laferrere. Su último equipo fue Alte. Brown y este será su segundo ciclo en el León (2010).
¡Bienvenido! pic.twitter.com/Y9o8rGu2om
Pero la realidad terminó siendo igual de dura. Su ciclo apenas duró un mes y medio. En total dirigió siete partidos, con un saldo de tres empates y cuatro derrotas, sin conseguir victorias y sin poder sacar a Ituzaingó del último puesto. Su salida se produjo luego de la goleada sufrida ante Dock Sud, en un encuentro que dejó al equipo todavía más comprometido en la tabla y sin señales de recuperación.
El recorrido de Szeszurak al frente del Verde fue una radiografía perfecta del mal momento del club. Arrancó con dos empates sin goles frente a Sportivo Italiano y Talleres de Remedios de Escalada, resultados que al menos parecían ofrecer cierta mejoría defensiva. Sin embargo, luego llegaron las derrotas con Deportivo Camioneros, Argentino de Merlo y Deportivo Merlo, dos de ellas en clásicos que golpearon fuerte desde lo emocional. Después apareció un empate 0-0 con Arsenal, líder del campeonato, que parecía abrir una puerta de esperanza, pero finalmente todo volvió a derrumbarse con el 0-3 frente a Dock Sud.
De común acuerdo con la Comisión Directiva del Club Atlético Ituzaingó, Guillermo Szeszurak dejó de ser el DT del primer equipo.
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) April 20, 2026
Le agradecemos al Búfalo y a su cuerpo técnico por el trabajo y le deseamos éxitos en sus próximos desafíos profesionales. pic.twitter.com/VmthKPXoW2
Los clásicos perdidos y el golpe que terminó de hundir el ciclo
Dentro del breve paso de Szeszurak hubo dos partidos que marcaron mucho el termómetro del momento: los clásicos. Primero, Ituzaingó cayó 1-0 con Argentino de Merlo en un partido cerrado, trabado y condicionado por la eficacia rival. Después, en una jornada todavía más traumática, el Verde perdió 3-2 ante Deportivo Merlo luego de estar 2-0 arriba. Aquella derrota fue especialmente dolorosa porque el equipo dejó escapar una ventaja importante y terminó recibiendo un golpe emocional fortísimo en el cierre, con el gol del Charro en tiempo de descuento.
Ese encuentro frente a Deportivo Merlo expuso varios de los problemas estructurales del equipo: incapacidad para sostener resultados, fallas defensivas en momentos clave y una fragilidad anímica evidente cuando el rival consigue reaccionar. Ituzaingó pasó de tener el partido controlado a sufrir una remontada que lo dejó otra vez con las manos vacías y cada vez más hundido.
Luego llegó el empate con Arsenal, valioso por el contexto y por la jerarquía del rival, pero insuficiente para cambiar la historia. El punto ante el Viaducto mostró a un equipo combativo, más ordenado y capaz de competir contra uno de los candidatos. Sin embargo, la ilusión duró poco: el viaje a Dock Sud terminó en una goleada 3-0, con expulsión incluida de Matías Campusano y un cierre devastador en los últimos minutos. Ese partido fue el punto final del segundo ciclo del Búfalo.
Una campaña alarmante: último, sin triunfos y con números muy pobres
La crisis de Ituzaingó no se explica solamente por los cambios de entrenador, aunque esos movimientos son una señal evidente del desconcierto general. También está respaldada por una campaña extremadamente floja. Al momento del regreso de Matías De Cicco, el equipo acumulaba 11 partidos sin ganar, estaba último con 4 puntos, había perdido siete encuentros e igualado los restantes. Además, mostraba números muy delicados en ataque y defensa: apenas cinco goles convertidos y 17 recibidos.
Esa estadística resume con crudeza la situación. Ituzaingó no solo cambió tres veces de conducción técnica, sino que tampoco encontró una estructura que le permitiera competir con regularidad. El equipo sufrió para defender, generó poco en ofensiva y convivió durante todo este arranque con la presión de no poder ganar. A medida que los partidos pasaron, la urgencia se volvió mayor y la tabla empezó a convertirse en una amenaza concreta.
El regreso de Matías De Cicco, el técnico de los ascensos
En medio de este panorama complejo apareció una decisión con fuerte carga simbólica: la vuelta de Matías De Cicco. El entrenador de 47 años fue anunciado como nuevo técnico del Verde tras la salida de Szeszurak y tendrá así su tercer ciclo en el club. No se trata de un nombre más: De Cicco es el DT que condujo a Ituzaingó a dos ascensos a la Primera B, en 2021 y 2025, razón por la cual su regreso fue interpretado como un intento de volver a las fuentes, recuperar confianza y reencontrar una identidad perdida.
Matías De Cicco es el nuevo Director Técnico del Club Atlético Ituzaingó.
— Club Atlético Ituzaingó (@ItuzaingoPrensa) April 21, 2026
Este miércoles comenzará su tercera etapa al frente del primer equipo tras su exitosa labor en sus dos ciclos anteriores.
¡Bienvenido de nuevo a tu casa, Matías! pic.twitter.com/hsZd82s0SK
Su retorno, además, se da apenas cinco meses después de haber presentado la renuncia tras el último ascenso. Es decir, se trata de una vuelta muy rápida, nacida de la urgencia y de la necesidad de apostar por alguien que conoce profundamente al club, al entorno y a la categoría. Previamente, De Cicco venía de un breve paso por Deportivo Laferrere, donde dirigió seis partidos con un saldo de dos victorias, un empate y tres derrotas.
El desafío que asume ahora es enorme. Ya no se trata de construir un proceso desde cero o de pelear por subir de categoría, sino de rescatar a un equipo golpeado, devolverle competitividad y empezar a sumar de inmediato para salir del fondo. Su debut fue programado para el duelo como local ante Excursionistas, un partido que aparece como una primera gran prueba para medir si el tercer ciclo puede ser el inicio de una recuperación real.
Tres técnicos en 11 fechas: la foto de una crisis profunda
Lo de Ituzaingó en este arranque de 2026 no deja de ser llamativo. En un torneo corto, competitivo y exigente como la Primera B, los cambios de entrenador suelen ser una consecuencia de los malos resultados. Pero que eso ocurra tres veces en apenas 11 fechas refleja un nivel de inestabilidad muy difícil de sostener. El club pasó de la apuesta inicial por Diego Herrero, a la experiencia del Búfalo Szeszurak, para terminar recurriendo otra vez a Matías De Cicco, el entrenador que mejores recuerdos recientes dejó en la institución.
Esa secuencia habla también de un equipo que no logró absorber el impacto del ascenso. La ilusión de volver a la categoría se transformó rápidamente en preocupación. Los clásicos perdidos, la falta de triunfos, la fragilidad defensiva y la imposibilidad de encontrar una idea clara de juego fueron armando un escenario cada vez más delicado. Los entrenadores cambiaron, pero el problema siguió siendo el mismo: Ituzaingó nunca consiguió despegar.
Lo que viene para Ituzaingó
Con De Cicco nuevamente al mando, el Verde intentará torcer una historia que empezó muy torcida. La misión está clara: cortar la racha sin victorias, sumar puntos, escapar del último puesto y reconstruir anímicamente a un plantel que recibió golpe tras golpe en este inicio de campeonato. El margen de error es cada vez menor y el regreso del DT de los ascensos aparece como la última gran carta de la dirigencia para cambiar el rumbo.
Por historia reciente, Matías De Cicco cuenta con crédito. Pero en el fútbol, y sobre todo en un contexto de urgencia como el actual, los antecedentes sirven de poco si no vienen acompañados de resultados. Ituzaingó necesita respuestas rápidas. Y las necesita ya. Porque lo increíble ya ocurrió: en solo 11 fechas tuvo tres técnicos. Ahora, lo único que importa es si todavía está a tiempo de salvar una temporada que comenzó en crisis y que amenaza con complicarse todavía más.
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Gimnasia arrasó a Acassuso en el segundo tiempo y se metió en octavos de la Copa Argentina
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3 horas agoon
abril 22, 2026
Gimnasia y Esgrima La Plata mostró toda su jerarquía en el complemento, aplastó 3-0 a Acassuso en el estadio Ciudad de Caseros y selló su clasificación a los octavos de final de la Copa Argentina. Con una ráfaga demoledora en la segunda mitad, el Lobo confirmó su candidatura y dio un paso firme en el certamen más federal del país.
Gimnasia y Esgrima La Plata sacó a relucir toda su categoría en el momento justo. Después de un primer tiempo trabado, disputado y con pocas emociones, el equipo platense cambió de ritmo en el complemento, golpeó con contundencia y terminó goleando 3-0 a Acassuso para meterse entre los 16 mejores de la Copa Argentina. En el estadio Ciudad de Caseros, el Lobo construyó una victoria sólida, convincente y con una muestra clara de superioridad en la segunda mitad.
El conjunto mens sana llegaba al encuentro con la responsabilidad de imponer la diferencia de categoría ante un rival que venía de protagonizar uno de los grandes golpes del certamen al dejar en el camino a Newell’s. Del otro lado estaba Acassuso, ilusionado con seguir haciendo historia. Sin embargo, cuando Gimnasia aceleró, no hubo equivalencias. El equipo platense hizo pesar su oficio, sus nombres y su jerarquía para liquidar la historia con autoridad.
Desde el inicio quedó en evidencia cuál era la intención del Lobo. Apenas a los 30 segundos, Ignacio Fernández estuvo muy cerca de abrir el marcador con un zurdazo que pasó rozando el ángulo superior derecho. Esa acción fue un anticipo de lo que pretendía el elenco platense: tener la iniciativa, adueñarse de la pelota y jugar cerca del arco rival. Con mayor dinámica para mover el balón y mucha gente en campo contrario, Gimnasia trató de imponer condiciones desde el arranque.
Aun así, el desarrollo del primer tiempo no fue sencillo para el Lobo. Acassuso, ordenado y combativo, logró sostenerse con firmeza durante varios pasajes. La dupla central del Quemero contuvo con esfuerzo a los atacantes triperos y el partido fue entrando en un terreno incómodo, con muchas infracciones y poca continuidad. Gimnasia tuvo otra llegada clara con un cabezazo de Franco Torres por encima del travesaño, mientras que el conjunto de San Isidro apenas inquietó con un intento de pelota parada de Patricio Pérez que controló sin problemas Nelson Insfrán.
Con el correr de los minutos, el duelo perdió fluidez. Hubo discusiones, interrupciones y pocas aproximaciones limpias. Incluso el Lobo llegó a convertir, pero la acción fue anulada por offside. El 0-0 con el que se fueron al descanso reflejaba un desarrollo trabado, donde Gimnasia había sido más ambicioso, aunque todavía no lograba transformar ese dominio territorial en una diferencia concreta sobre el marcador.
Pero todo cambió en el segundo tiempo. Y cambió de manera rotunda.
En el arranque del complemento, Gimnasia salió decidido a resolver el partido. En apenas unos minutos, generó una secuencia de situaciones que anticipó el golpe. Hubo un tiro en el palo, un puntinazo de Bautista Barros Schelotto que pasó cerca del poste izquierdo y un disparo de Franco Torres que rozó el primer palo. El Lobo había elevado notablemente la intensidad, movía la pelota con velocidad y empezaba a desarticular a una defensa de Acassuso que ya no encontraba respuestas.
La apertura del marcador llegó a los 53 minutos y fue una síntesis perfecta del mejor momento de Gimnasia. La jugada comenzó con una circulación rápida de izquierda a derecha, una muestra del buen manejo colectivo del equipo. Ignacio Fernández filtró un pase preciso para Franco Torres, que definió con un puntinazo sobre el parante izquierdo y puso el 1-0. Fue el premio lógico para un equipo que había salido del vestuario con otra marcha.
Lejos de conformarse, el conjunto platense fue por más y encontró rápidamente el segundo. A los 56 minutos, tras un tiro de esquina desde la izquierda, Renzo Giampaoli ganó de cabeza, el arquero Gabriel Atamañuk alcanzó a tapar en primera instancia y, en el rebote, el propio defensor empujó la pelota al fondo del arco. En apenas tres minutos, el Lobo pasó de la paciencia a la furia ofensiva y dejó el encuentro prácticamente sentenciado.
Ese doble golpe fue demasiado para Acassuso. El equipo de San Isidro no solo sintió el impacto en el resultado, sino también en lo anímico. Para colmo, Lázaro Romero, que había ingresado en el entretiempo, debió salir lesionado a los 61 minutos. A partir de allí, Gimnasia manejó el partido con serenidad, dominó la posesión y administró la ventaja con la tranquilidad de quien sabe que tiene el control absoluto del juego.
El Lobo fue maduro para entender cada momento. Cuando tuvo que atacar, lo hizo con profundidad. Cuando debía enfriar el trámite, manejó la pelota con calma. Y cuando Acassuso intentó reaccionar, la respuesta fue firme. El Quemero trató de construir avances sin desesperarse, pero careció de claridad en los últimos metros. Sus intentos terminaron en centros sin destino o en remates lejanos que nunca comprometieron de verdad a Insfrán.
La frutilla del postre llegó a los 86 minutos. Luego de un error en la salida de David De Estéfano, Nicolás Barros Schelotto recuperó la pelota y sacó un remate potente que dejó sin chances al arquero. Ese 3-0 terminó de redondear una noche que, para Gimnasia, tuvo todos los ingredientes deseados: superioridad, contundencia, tranquilidad y clasificación.
Más allá del resultado, lo más destacado para Gimnasia fue la manera. Porque el equipo entendió cómo jugar un partido de Copa, supo soportar un primer tiempo enredado y explotó en el segundo con una contundencia demoledora. En ese tramo mostró su mejor versión: dinámica, agresiva, vertical y eficaz. Ignacio Fernández volvió a ser una pieza determinante desde su lectura y calidad, Franco Torres fue decisivo en el área, y Giampaoli aportó presencia en las dos áreas para encaminar una clasificación merecida.
También se trata de un triunfo importante desde lo simbólico. Gimnasia llegaba con antecedentes favorables en la Copa Argentina, un torneo donde supo ser subcampeón en 2018 y en el que históricamente suele competir con seriedad. En 32avos ya había goleado 4-1 a Deportivo Camioneros, y ahora volvió a marcar tres goles para confirmar que atraviesa un momento de crecimiento en el certamen. El Lobo pisa fuerte y se ilusiona con seguir avanzando.
La clasificación a octavos ratifica que Gimnasia está para pelear. Cuando logra imponer su ritmo, aparecen sus variantes ofensivas, su experiencia y la calidad individual de futbolistas capaces de resolver este tipo de encuentros. La Copa Argentina no suele perdonar distracciones, pero el equipo platense dejó en claro que tiene argumentos para aspirar a mucho más. Ante Acassuso, el Lobo rugió de verdad en el segundo tiempo y transformó un partido apretado en una goleada inapelable.
Resultado final
Gimnasia y Esgrima La Plata 3-0 Acassuso.
Goles: Franco Torres (53’), Renzo Giampaoli (56’) y Nicolás Barros Schelotto (86’).
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Central Córdoba de Rosario, un grande de la Primera C que atraviesa un duro presente en 2026
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3 horas agoon
abril 22, 2026
Central Córdoba de Rosario, un club histórico del ascenso argentino y de enorme peso en la Primera C, atraviesa un momento delicado en la temporada 2026. El Charrúa acumula siete partidos sin victorias, perdió terreno en la Zona B y apostó por la llegada de Arnaldo “Cacho” Sialle para intentar cambiar el rumbo de un equipo que no logra traducir en resultados lo que insinúa dentro de la cancha.
Central Córdoba de Rosario, un grande de la Primera C que hoy lucha contra su propio presente
Hablar de Central Córdoba de Rosario es hablar de uno de los clubes más tradicionales y representativos de las categorías de ascenso del fútbol argentino. El Charrúa no solo carga con una rica historia en Rosario y en el interior del país, sino también con una identidad futbolera muy marcada, una camiseta con peso y una hinchada que siempre exige protagonismo. Sin embargo, en esta temporada 2026 de la Primera C, la realidad indica otra cosa: el Matador de Tablada está lejos de los puestos de vanguardia y atraviesa una etapa de incertidumbre, resultados flojos y muchas dudas futbolísticas.
El presente del conjunto rosarino preocupa. Después de haber comenzado el año con expectativas renovadas y con la intención de pelear por el ascenso, el equipo se fue desinflando fecha tras fecha. La falta de victorias, los empates que dejaron sabor amargo, las derrotas ajustadas y la escasa eficacia ofensiva terminaron construyendo un escenario complejo que derivó en una decisión fuerte: la salida de la dupla técnica conformada por Daniel Teglia y Diego Acoglanis, y la posterior llegada de Arnaldo “Cacho” Sialle como nuevo entrenador.
Un arranque que prometía, pero que se fue apagando
Central Córdoba había iniciado la temporada con la ilusión de transformarse en uno de los protagonistas de la categoría. No era una expectativa desmedida ni caprichosa. El club venía de un proceso que había dejado señales positivas, con una campaña anterior que incluyó una actuación destacada en la Copa Argentina, donde eliminó a equipos importantes como Sarmiento de Junín y Gimnasia de La Plata, alcanzando los octavos de final y consolidándose como una de las revelaciones del ascenso.
Además, el armado del plantel para 2026 había alimentado la ilusión. La dirigencia movió piezas, llegaron refuerzos, regresaron futbolistas de peso como Matías Giroldi, y el objetivo parecía claro: pelear arriba, ser competitivo y sostener el perfil de club grande que Central Córdoba tiene dentro de la categoría. Incluso, desde el propio plantel y el cuerpo técnico se repetía una idea común: el ascenso era la meta.
Sin embargo, con el correr de las fechas, la realidad fue golpeando fuerte. El equipo mostró pasajes aceptables, momentos de orden y actitud, pero nunca consiguió consolidar una identidad lo suficientemente firme como para encadenar resultados positivos. A eso se le sumaron lesiones, cambios constantes, dificultades para repetir una formación y una notoria falta de contundencia en los metros finales. Todo eso terminó por erosionar la confianza.
Siete partidos sin ganar y una campaña que se complicó
Uno de los datos que mejor explica el momento del Charrúa es su racha negativa. Central Córdoba llegó a acumular siete partidos consecutivos sin victorias, una estadística demasiado pesada para un equipo que pretendía ser protagonista. Esa secuencia lo llevó a ubicarse en el puesto 11 de la Zona B, con 11 unidades sobre 24 posibles, quedando momentáneamente fuera de la zona de clasificación al Reducido.
La caída más reciente, por 1-0 ante Centro Español, terminó de marcar el delicado momento del conjunto rosarino. Fue una derrota dolorosa, no solo por jugarse en el Gabino Sosa, sino también porque el trámite había sido parejo y hasta dejó la sensación de que Central Córdoba merecía algo más. Joaquín Messi, uno de los mediocampistas del equipo, resumió bastante bien lo que le viene ocurriendo al Charrúa: el equipo genera, compite, intenta, pero no logra capitalizar sus oportunidades, y termina pagando caro detalles como una pelota parada en el cierre del partido.
Ese problema se repite desde hace varias fechas. Ya frente a Luján, en el empate sin goles, Brian Otero había remarcado que al equipo le faltaba “tener más juego, ser más agresivos, llegar más y generar más situaciones de peligro”. La autocrítica se volvió una constante. Los futbolistas reconocen que el equipo no logra sostener un dominio claro, que necesita mejorar en la toma de decisiones y que en una categoría tan cerrada como la Primera C, desperdiciar situaciones se paga muy caro.
El fin de un ciclo que había dejado cosas importantes
La salida de la dupla Teglia-Acoglanis fue una de las decisiones más fuertes del semestre. Los entrenadores habían llegado en abril de 2024 y atravesaron tres ciclos consecutivos en el club. Más allá del mal arranque en este torneo, su paso por Central Córdoba no puede leerse solo desde el desenlace. Los números generales de su ciclo muestran una campaña muy respetable: 64 partidos dirigidos, con 32 victorias, 18 empates y 14 derrotas, alcanzando una eficacia superior al 59 por ciento.
Bajo su conducción, el Charrúa volvió a tener protagonismo, logró competir bien y consiguió uno de sus hitos recientes más destacados con aquella notable participación en Copa Argentina. Pero en el fútbol del ascenso, el presente pesa demasiado. En las primeras siete fechas de este campeonato, el equipo sumó apenas un triunfo, cuatro empates y dos derrotas, un rendimiento que quedó lejos de lo esperado por la dirigencia, los hinchas y el propio cuerpo técnico.
La decisión de cortar el ciclo estuvo directamente vinculada a ese inicio irregular. Central Córdoba necesitaba una reacción inmediata, un golpe de efecto y un nuevo liderazgo que pudiera recuperar anímicamente al plantel.
La llegada de Arnaldo Sialle, la apuesta para cambiar la historia
En ese contexto apareció el nombre de Arnaldo “Cacho” Sialle, un entrenador de experiencia, conocedor del ascenso y con pasado en la institución como futbolista entre 1993 y 1994. Su arribo fue oficializado por el club tras la derrota frente a Centro Español, luego de que el equipo fuera conducido interinamente por Alejandro Rubinich.
La elección de Sialle tiene varios condimentos. Por un lado, se trata de un técnico con recorrido y espalda para manejar momentos delicados. Por otro, existe un vínculo emocional con el club que puede ser importante en un contexto donde la identidad y el sentido de pertenencia juegan un papel clave. El propio entrenador se mostró emocionado al asumir, reconoció que siempre siguió a Central Córdoba y destacó su felicidad por tener esta oportunidad en un club que siente cercano.
Sialle llega con la misión de reordenar un equipo que perdió confianza, corregir falencias puntuales y devolverle competitividad a un plantel que, según sus propios jugadores, está unido y fuerte desde lo grupal. El nuevo DT debutará con la difícil tarea de frenar la caída y volver a poner al Charrúa en carrera.
Las claves del mal momento de Central Córdoba
Más allá del cambio de entrenador, el presente de Central Córdoba responde a una combinación de factores que explican por qué un club grande de la categoría hoy la está pasando mal.
1. Falta de eficacia ofensiva
El equipo genera, pero no concreta. Es un problema que aparece en varias declaraciones de los protagonistas. Se crean situaciones, se llega, se compite, pero la pelota no entra. En una divisional como la Primera C, donde los partidos suelen ser cerrados y de escaso margen, la diferencia entre sumar y quedarse con las manos vacías suele estar en la contundencia.
2. Dificultades para sostener el rendimiento
Otro punto repetido es la imposibilidad de sostener durante los 90 minutos una misma intensidad o una idea clara de juego. En algunos partidos Central Córdoba tuvo buenos primeros tiempos y se cayó luego. En otros, le costó reaccionar desde el inicio y recién mejoró en el complemento. Esa irregularidad interna dentro de cada encuentro le quitó estabilidad.
3. Lesiones y cambios permanentes
La imposibilidad de repetir formación también golpeó fuerte. Entre lesiones, sanciones y cuestiones tácticas, el cuerpo técnico saliente nunca pudo sostener una base durante varias fechas consecutivas. Esa situación afectó el funcionamiento colectivo y retrasó el ensamblaje de varios futbolistas nuevos.
4. La presión de ser un club grande
Central Córdoba no es un club más en la Primera C. La camiseta pesa, la historia pesa y la exigencia también. Varios protagonistas remarcaron que jugar en una institución histórica implica una responsabilidad extra. Para un plantel con muchos futbolistas que recién se adaptan a la categoría o al contexto del club, esa mochila puede influir.
5. Un torneo muy parejo
El propio plantel insistió en una idea real: la Primera C 2026 es un campeonato muy equilibrado, donde no hay grandes diferencias entre los equipos. Eso obliga a ser preciso, eficaz y regular. Y Central Córdoba, hasta ahora, no logró sostener ninguna de esas tres condiciones de forma continua.
Un plantel que intenta sostenerse desde lo anímico
En medio de los malos resultados, hay un aspecto que aparece como respaldo para imaginar una recuperación: el grupo parece mantenerse unido. Tanto Joaquín Messi como Brian Otero, Stéfano Pizzio, Facundo Galli y otros futbolistas coincidieron en distintos momentos en resaltar la fortaleza interna del plantel, el buen ambiente de trabajo y la convicción de que el equipo puede salir adelante.
Eso no es un dato menor. En los equipos golpeados, la fractura emocional suele agravar todos los problemas futbolísticos. En cambio, Central Córdoba parece conservar una base de compromiso, algo que puede ser decisivo para iniciar una remontada. Los jugadores reconocen errores, hablan de autocrítica y no esconden el mal momento, pero al mismo tiempo sostienen que el grupo responde, entrena bien y no baja los brazos.
Central Córdoba, un histórico que no puede resignarse
Por historia, por estructura, por arraigo popular y por peso específico, Central Córdoba de Rosario no puede conformarse con transitar la mitad de tabla de la Primera C. Es un club que siempre está obligado a mirar hacia arriba. Por eso el momento actual impacta tanto. No se trata solo de una mala racha, sino de una crisis deportiva que contrasta con la grandeza simbólica de la institución.
El desafío ahora será transformar esa urgencia en reacción. La llegada de Sialle marca el inicio de una nueva etapa, pero también deja en claro que el margen de error se redujo. El equipo necesita volver a ganar, reencontrarse con la confianza y empezar a sumar con regularidad para no quedar demasiado lejos de la pelea.
Todavía hay torneo por delante y espacio para recuperarse. Pero el tiempo no sobra. Para un club grande como el Charrúa, cada fecha sin respuesta aumenta la presión y profundiza la sensación de que el objetivo del ascenso empieza a alejarse.
Lo que viene para el Charrúa
El próximo compromiso será una prueba importante para medir el impacto inmediato del cambio de entrenador. Más allá del rival de turno, Central Córdoba deberá mostrar una respuesta futbolística y anímica. Necesita cortar la racha, recuperar solidez y volver a hacer del Gabino Sosa una fortaleza.
La temporada todavía ofrece margen para una remontada, pero la recuperación debe empezar ya. Central Córdoba sigue siendo un grande de la categoría, pero hoy ese peso histórico no alcanza por sí solo. Necesita resultados, carácter y una identidad clara para salir de este presente oscuro.
Futbol
Ciudad Bolívar, el recién ascendido que no conoce la derrota en la Primera Nacional
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4 horas agoon
abril 22, 2026
Ciudad Bolívar vive un arranque histórico en la Primera Nacional: todavía no perdió en su estreno en la categoría, pero su gran cantidad de empates le impide despegar en la tabla. Antes de visitar a Central Norte en el Padre Martearena, repasamos el presente, los secretos futbolísticos y las claves del equipo de Diego Funes.
Ciudad Bolívar se transformó en una de las curiosidades más llamativas del arranque de la Primera Nacional 2026. Recién ascendido desde el Torneo Federal A, el conjunto bonaerense logró sostener el envión anímico del ascenso y construyó un inicio de torneo muy particular: todavía no perdió, pero al mismo tiempo empató demasiado, una combinación que lo mantiene competitivo aunque sin terminar de meterse de lleno en la pelea grande.
Para Central Norte, que se prepara para enfrentarlo en Salta, el análisis de este rival resulta fundamental. Porque no se trata solo de un equipo invicto: es un conjunto que encontró una identidad clara, que se siente cómodo en partidos cerrados, que defiende con mucha disciplina y que suele llevar los encuentros a márgenes mínimos de error. Pero también carga con una limitación evidente: le cuesta muchísimo traducir su orden en victorias.
En ese equilibrio entre virtud y déficit está la esencia de este Ciudad Bolívar. Un equipo duro, incómodo, estructurado, de esos que no se caen fácilmente, aunque muchas veces tampoco terminan de imponerse.
Un debut histórico en la categoría y una adaptación rápida
La temporada 2026 marca un antes y un después para Ciudad Bolívar. Después de lograr el ascenso a la Primera Nacional tras vencer por penales a Atlético Rafaela en una final cerrada y dramática, el club comenzó a escribir la página más importante de su historia reciente. Aquel salto desde el Federal A le abrió la puerta a una categoría mucho más exigente, larga, física y competitiva.
Lejos de desarmarse, Bolívar ratificó la continuidad de Diego Funes, el entrenador del ascenso, y empezó un proceso de fuerte renovación del plantel. Hubo 11 bajas luego de la campaña campeona y más tarde llegaron 12 refuerzos, en una clara señal de que el club entendió que para competir en la segunda categoría hacía falta reconfigurar casi por completo la estructura del equipo.
Pese a ese recambio, la adaptación futbolística fue más rápida de lo esperado. En el debut absoluto en la Primera Nacional, Ciudad Bolívar rescató un empate 1-1 ante Godoy Cruz en Mendoza, un resultado que ya marcó el tono del equipo: saber sufrir, mantenerse en partido y competir aun frente a escenarios complejos. Guillermo Sánchez anotó el primer gol del club en la categoría.
Desde entonces, el equipo fue construyendo una campaña invicta que despierta respeto, aunque también deja una pregunta abierta: ¿hasta dónde puede llegar si no logra convertir más empates en triunfos?
El invicto de Ciudad Bolívar: una campaña tan llamativa como irregular
Lo más fuerte del arranque de Ciudad Bolívar es, sin dudas, su condición de invicto. Hasta el momento reflejado en el material compartido, el equipo de Diego Funes no conoció la derrota en su debut en la Primera Nacional y fue sumando puntos con una regularidad particular.
Sin embargo, la campaña no se explica desde una acumulación de victorias, sino desde una impresionante cantidad de empates. En sus primeras presentaciones igualó ante Godoy Cruz, All Boys, Mitre, Almirante Brown, Agropecuario y Defensores de Belgrano, construyendo una secuencia que lo mantuvo competitivo, aunque sin terminar de despegar en la tabla.
La primera victoria recién llegó en la fecha 8, cuando venció 2-0 a Racing de Córdoba como visitante, en una actuación que mostró otra versión del equipo: más efectiva, más directa, más contundente. Después volvió a empatar sin goles con Defensores y luego derrotó 1-0 a Deportivo Madryn con un gol sobre el final. Así, logró combinar dos triunfos con una larga serie de igualdades para quedar con 13 puntos, a cuatro de los líderes de la zona según el archivo aportado.
Ese recorrido permite una lectura muy clara: Ciudad Bolívar no pierde porque es confiable defensivamente, pero empata mucho porque le cuesta romper la paridad, sostener ventajas o asumir riesgos ofensivos durante largos pasajes de los partidos.
Los secretos del rival de Central Norte: por qué es tan difícil de vencer
1. Una defensa cada vez más sólida
Si hay un rasgo que explica el presente de Ciudad Bolívar es su crecimiento defensivo. El equipo llegó a encadenar cinco partidos consecutivos sin recibir goles, una racha que revela trabajo táctico, concentración y una estructura compacta. Además, en varios encuentros de esa serie tuvo a Agustín Rufinetti como una de las grandes figuras bajo los tres palos.
Bolívar no suele desordenarse. Es un equipo que protege bien su área, que acepta jugar partidos de baja producción ofensiva si eso le garantiza no quedar expuesto, y que sabe resistir cuando el rival adelanta líneas. Esa capacidad para sostener el cero lo convierte en un rival incómodo para cualquiera.
2. Orden táctico y sentido práctico
El equipo de Diego Funes no da la sensación de sobrarle nada, pero sí transmite una idea clara: jugar con orden, administrar los tiempos y no regalar espacios. En muchos partidos, aun cuando no domina, compite bien porque mantiene la estructura, no se parte y obliga al adversario a elaborar mucho para generarle peligro.
Eso se vio, por ejemplo, en el empate ante All Boys jugando gran parte del partido con un hombre menos por la expulsión de Nahuel Yeri. Aun en inferioridad numérica, Bolívar sostuvo el orden y se llevó un punto valioso.
3. La pelota parada como recurso clave
Otro aspecto repetido en varios de sus partidos es la importancia de la pelota parada. Tanto en el análisis del triunfo ante Madryn como en otros encuentros, aparece como una vía recurrente para generar peligro. En partidos cerrados y con pocas llegadas elaboradas, Bolívar suele encontrar en los centros y en las acciones detenidas una plataforma para lastimar.
Para Central Norte, este detalle no es menor: evitar faltas laterales, cuidar las marcas en el área y estar atento a los segundos balones puede resultar determinante.
4. Un equipo paciente, que no se desespera
Muchos equipos recién ascendidos sienten la ansiedad por ganar rápido o por demostrar de inmediato que están a la altura. Ciudad Bolívar, en cambio, parece haber elegido otro camino: la paciencia. Incluso cuando acumuló empates, no se desordenó ni rompió su libreto. Siguió compitiendo de la misma manera hasta que llegaron los triunfos ante Racing de Córdoba y Deportivo Madryn.
Esa tranquilidad competitiva también es una fortaleza.
La otra cara: por qué empata tanto Ciudad Bolívar
El gran problema del rival de Central Norte está en el otro lado del campo. Si bien tiene nombres que pueden resolver, como Guillermo Sánchez, Brian Duarte, Khalil Caraballo, Arnaldo González o Facundo Mucignac, al equipo le cuesta tener continuidad ofensiva. En varios encuentros generó aproximaciones, pero sin eficacia para romper el cero.
La secuencia de empates consecutivos no fue casualidad. Hubo partidos discretos, cerrados, con pocas situaciones claras y escasa contundencia en los metros finales. Incluso cuando tuvo el control territorial por momentos, le faltó profundidad. Eso ocurrió, por ejemplo, ante Almirante Brown y Agropecuario, dos duelos en los que la sensación fue la de un equipo correcto, pero sin capacidad para dar el golpe definitivo.
También se observa que muchas veces Bolívar necesita de contextos muy específicos para anotar: errores rivales, transiciones rápidas o jugadas de pelota parada. Cuando debe asumir el protagonismo sostenido del partido, le cuesta más.
En ese sentido, el dato más fuerte de su campaña es casi paradójico: el invicto suena imponente, pero la cantidad de empates reduce su impacto en la tabla. No perder es un mérito; no ganar seguido, una limitación.
Los nombres a seguir en Ciudad Bolívar
Agustín Rufinetti
El arquero aparece como una pieza fundamental del equipo. Su rendimiento fue clave en varios partidos, especialmente en aquellos donde Bolívar debió sostener el cero en momentos de sufrimiento. Llega como una de las garantías del conjunto visitante.
Guillermo Sánchez
Es uno de los nombres más determinantes del equipo. Marcó en el debut ante Godoy Cruz, convirtió ante Mitre y volvió a aparecer en el triunfo sobre Deportivo Madryn. Tiene peso en el área, oportunismo y lectura para aprovechar espacios.
Brian Duarte
Fue autor de uno de los goles en la victoria ante Racing de Córdoba y aparece como un futbolista con capacidad para romper partidos. También tuvo protagonismo en varias acciones ofensivas del equipo.
Facundo Mucignac
Otro nombre a tener en cuenta por su participación en ataque. Marcó frente a Racing de Córdoba y asistió con un centro preciso en la jugada del gol sobre la hora contra Madryn. Puede ser un revulsivo importante.
Arnaldo González y Khalil Caraballo
Dos futbolistas que aparecen con frecuencia en la gestación ofensiva. González aporta experiencia y pelota parada; Caraballo, movilidad y conexiones en los últimos metros.
Qué partido puede esperar Central Norte en el Padre Martearena
Todo indica que Central Norte tendrá enfrente un partido incómodo, de esos donde no sobra espacio y cada detalle pesa. Ciudad Bolívar probablemente intente repetir el libreto que le viene dando resultado: orden defensivo, bloque compacto, mucha concentración, aprovechar errores y esperar su momento.
Para el equipo salteño, la clave pasará por no caer en la trampa del partido chato que le conviene al visitante. Si Central Norte logra imponer ritmo, mover rápido la pelota y obligar a Bolívar a correr hacia atrás, puede encontrar grietas en un rival que no suele sentirse tan cómodo cuando debe salir de su estructura.
También será central el manejo emocional. Bolívar ya demostró que sabe resistir y llevar los partidos hasta el final. De hecho, su triunfo ante Deportivo Madryn llegó recién a los 88 minutos, lo que demuestra que no se desconecta nunca del encuentro.
Un rival que merece respeto, pero que también muestra límites
Ciudad Bolívar llega a Salta con una carta de presentación respetable: es un recién ascendido, está invicto y atraviesa un momento de confianza. Pero también arriba con una señal que invita a la lectura crítica: le cuesta muchísimo ganar. Esa dualidad lo convierte en un adversario serio, aunque no invencible.
Para Central Norte, el desafío será romper la solidez de un equipo que hace del orden su principal arma. Para Bolívar, la visita al Padre Martearena será una nueva prueba para confirmar si su invicto es solo una curiosidad estadística o si realmente está en condiciones de consolidarse como una de las revelaciones del torneo.
Lo concreto es que el “Celeste” ya dejó una marca en su estreno en la Primera Nacional: no pierde, compite, defiende bien y obliga a todos a trabajar. Pero mientras siga empatando más de lo que gana, su gran virtud también será su mayor deuda.
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